Restan unas pocas horas para el duelo entre Argentina e Inglaterra por la semifinal del Mundial. No es un simple partido. Es “El partido”, y así se vive en estas latitudes. Mientras tanto, a miles de kilómetros de acá, el sentimiento no se apaga. Hoy Día Córdoba dialogó con dos argentinos radicados en Londres para conocer cómo se vive la antesala del encuentro que definirá al segundo finalista de la Copa del Mundo. A pesar de estar en el corazón del país rival, las vivencias mezclan la pasión con la típica frialdad de los locales.
Gastón Primo, un científico oriundo de la ciudad de Córdoba, reside allí desde el año 2016. Dedicado a la investigación, explica que el clima en la vía pública difiere bastante de la euforia nacional. “El fútbol se vive de una manera muy distinta en ese sentido, no son de exteriorizarlo tanto”, relata. Según su mirada, no se observan tantas banderas ni carteles por las calles, aunque el ambiente se enciende mucho más en redes sociales y medios de comunicación y advierte que, en el trato directo, los británicos suelen ser bastante “altaneros” hablar de la semifinal.
El choque cultural y la confianza ciega
Esa actitud desafiante contrasta con las costumbres de nuestro país. Paula Francescutti, una joven de 30 años nacida en Junín, está instalada allí desde 2020 y trabaja como coordinadora de operaciones en una empresa de turismo de lujo. Consultada sobre las clásicas costumbres para la suerte, marca una diferencia abismal: “Acá no tienen el concepto de las cábalas que tenemos nosotros, lo único que hacen es cantar todo el tiempo ‘It’s coming home’; están convencidísimos de que alguna vez se les va a dar”.
Sin embargo, detrás de esa confianza y del fanatismo de la prensa por jugadores como Jude Bellingham o Harry Kane, se esconde un profundo respeto por la Selección y por la figura de Lionel Messi. “En lo futbolístico nos respetan muchísimo. Yo siento que nos tienen un poco de miedo”, asegura Paula, recordando que durante la pasada Copa del Mundo sus propios compañeros de oficina festejaban la derrota de la Albiceleste simplemente porque temían cruzarse con el equipo de Scaloni en instancias decisivas.
Chicanas, Malvinas y las manos atadas
El peso de la historia es ineludible en un cruce de esta magnitud, aunque se manifiesta de maneras particulares. Gastón señala que las generaciones más jóvenes evitan mezclar el conflicto bélico con la pelota, pero advierte que suelen circular bromas pesadas. “Me han llegado memes sobre la guerra de Malvinas, por ejemplo, uno en donde está un jugador argentino, un jugador inglés y Margaret Thatcher como la referí”, describe el cordobés. A pesar de lo delicado de estas imágenes, el entrevistado aclara que, según su propia vivencia diaria, los locales se mantienen dentro de un marco de respeto y sin agresiones hacia él sobre este tema.
En el ámbito laboral de Paula, las referencias al pasado también dicen presente, pero enfocadas estrictamente en las históricas picardías adentro de la cancha. Fieles a su estilo, los ingleses acuden a la ironía para calentar la previa, recordando indirectamente la obra de Diego Armando Maradona en el 86. “Los chistes que me hacen son del estilo de ‘los argentinos pueden jugar con las manos atadas’”, cuenta Paula. Pero la pica no termina en el trabajo, sino que se traslada a su casa: “La familia de mi novio y mi novio me están volviendo loca con las cargadas. Pasa que en el mundial pasado cuando nosotros salimos campeones yo los volví loco a ellos, así que siento que estuvieron esperando este momento durante cuatro años para cobrársela”, confiesa entre risas.
Búnker albiceleste o de visitante en los pubs
A la hora de vivir los noventa minutos, las estrategias son diametralmente opuestas. Paula lo tiene clarísimo: “Yo creo que me puedo llegar a morir si veo el partido de mañana rodeada de ingleses”. Por eso, decidió armar un búnker exclusivo en su casa, decorado íntegramente con la celeste y blanca. Su pareja se irá a ver el encuentro por su cuenta, mientras que ella recibirá a sus amigas argentinas para preparar fernet y comer una picada bien tradicional para calmar los nervios.
Gastón, en cambio, prefiere adentrarse en el verdadero epicentro deportivo de los locales: los históricos pubs. A pesar de ser visitante, asiste a estos establecimientos o a los inmensos patios cerveceros, aunque reniega con los estrictos horarios comerciales. “Acá han caído partidos a las once de la noche, una o dos de la mañana”, comenta, y recuerda que en cruces anteriores le apagaron el televisor a mitad de la madrugada por las severas multas que reciben los dueños de los locales.
Como alternativa, también existen las “fan zones”, y muchos argentinos ya establecieron un restaurante especializado en carne como su punto de encuentro principal para alentar a la distancia.
