Belgrano y River pondrán mucho en juego este domingo cuando se lleve a cabo la final del Torneo Apertura 2026. Desde las 15:30, el Kempes será escenario y testigo de una certeza: el fútbol argentino tendrá un nuevo campeón. Una rareza que ofrece un deporte sin demasiadas precisiones. “Dinámica de lo impensado”, lo inmortalizó Dante Panzeri. Como si fuera un relato épico que forja a un héroe, el fútbol también construye a los campeones. Ambos equipos se sobrepusieron a escenarios complejos, combinando juego, corazón y una innegociable fortaleza anímica.
Resiliencia y urgencias compartidas
El camino del Pirata hacia esta final estuvo signado por una maduración constante. Tras un sólido arranque, el equipo de Ricardo Zielinski atravesó turbulencias que despertaron dudas y obligaron a una evolución táctica. La bisagra fue, sin dudas, el clásico ante Talleres. La victoria en el Kempes no solo cortó una sequía de veinte años sin triunfos oficiales, sino que le otorgó al plantel una convicción superior. Esa alegría fortaleció el esquema y la confianza. Posteriormente, el Celeste ratificó su juego en los cuartos: fue un bloque sólido ante Unión y, fundamentalmente, demostró carácter y entrega frente a Argentinos.
En La Paternal, cuando todo parecía perdido, la insistencia tuvo premio con el gol agónico de “Uvita” Fernández sobre la hora. La definición por penales, con Cardozo como figura donde Ramiro Hernandes ejecutó el tiro definitivo con una frialdad impropia para su edad, terminó de consolidar a un grupo que sabe sufrir y, sobre todo, sabe cómo ganar.
River, en cambio, vivió un proceso marcado por la urgencia. La racha prolongada de mal juego, coronada con una dura derrota como local ante Tigre, agotó la paciencia del mundo Millonario y precipitó la salida de Marcelo Gallardo, uno de los máximos ídolos de la institución.
Tras el interinato de Marcelo Escudero, la apuesta por Eduardo Coudet buscó un golpe de timón inmediato. El ciclo del “Chacho” comenzó con la premisa de limpiar la cabeza de un plantel talentoso pero desenfocado. Aunque el andar no ha sido perfecto ni exento de dudas, el equipo logró sortear instancias críticas. La clasificación ante San Lorenzo fue el reflejo de esta nueva etapa: un desarrollo dramático, con una desventaja que se igualó en la última jugada del partido y una tanda de penales que como en el caso del Pirata, no fue apta para cardíacos. La montaña rusa emocional se repite y los que están destinados a pelear se imponen.
El escenario y la identidad como motor
El Kempes, en este contexto, actúa como un elemento más del juego. Para Belgrano, es el estadio donde recuperó su orgullo y donde buscará el cierre de un proceso que fue de menor a mayor bajo la conducción de un Zielinski que, lejos de estancarse, supo adaptar sus piezas. Para River, el escenario ofrece una memoria positiva: allí obtuvo la Supercopa Argentina 2023, venciendo a Estudiantes de La Plata, su último título que los de Núñez buscarán invocar para salvar un semestre que, hasta hace poco alentaba al “que se vayan todos”.
Es cierto que el fútbol argentino tiene antecedentes de equipos que logran coronarse tras un cambio de entrenador —Boca lo hizo en 2022 con el tándem Battaglia e Ibarra—, pero este formato de copa corta plantea una dinámica distinta a la de los torneos largos.
Mientras River asimila los conceptos de Coudet, Belgrano arriba con un trabajo sedimentado. Pero más allá de las tácticas, lo que define a estos finalistas es su identidad. En el Celeste, el motor es el sentido de pertenencia: un núcleo de jugadores como Emiliano Rigoni, Lucas Zelarayán y el “Mudo” Vázquez que resignaron dinero para volver a casa a pelear por la gloria. A ellos se les suma futbolistas que dejan la piel cada partido como Adrián Sánchez y Lisandro López.
River apela a su propia mixtura: la jerarquía de Juanfer Quintero, el compromiso de hinchas como Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel, y el hambre de sus pibes, como Santiago Beltrán, Juan Cruz Meza, Tomás Galván y Joaquín Freitas.
El domingo no se enfrentan solo dos equipos; se mide la convicción de quienes decidieron y demostraron que este semestre no terminaría sin dar la vuelta.
