Felipe Ledesma no pudo contener las lágrimas. Después de una concentración con el seleccionado argentino, el entrenador Augusto Gómez anunció la lista de jugadores que viajarían a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar, que se disputarán del 31 de octubre al 13 de noviembre. Su nombre estaba entre los elegidos y, con él, se hacía realidad uno de los grandes sueños de su vida.
“Apenas me enteré, la verdad, me largué a llorar porque era un sueño para mí. Venía pensando en la posibilidad de quedar y fue un sueño cumplido”, recordó el juvenil de Córdoba Athletic, que tendrá la oportunidad de representar a la Argentina en el rugby seven durante la cita olímpica que se disputará en Senegal.
La noticia llegó después de un proceso que comenzó casi de manera inesperada. Cuando recibió el llamado para participar de la primera concentración, Ledesma no imaginaba que podía llegar tan lejos. Había visto cómo otros chicos de su edad se preparaban para vivir una experiencia similar, pero no pensaba que él también tendría esa oportunidad.
“Fue algo muy de golpe porque no me lo esperaba. Después, en la segunda concentración, empecé a pensar que podía llegar a pasar. Y pasó lo que me planteé y lo que quería”, contó.
Ahora, con la convocatoria confirmada, el desafío es prepararse para una experiencia que promete marcarlo tanto dentro como fuera de la cancha. La ansiedad y la alegría conviven en la previa, aunque el juvenil intenta mantener la calma para disfrutar cada etapa del camino. “Trato mucho de no presionarme, de no hacerme la cabeza ni nada de eso, pero la verdad es que estoy con mucha ansiedad y mucha alegría. Con mi familia estamos muy felices”, explicó.
Vestir la camiseta argentina representa mucho más que una competencia internacional. Para Felipe, es la recompensa a años de esfuerzo y una oportunidad que imaginó desde chico. “Es un sueño, es lo que vengo soñando desde chiquito, es el mayor de mis sueños. Poder hacerlo significa que todo el esfuerzo haya dado su fruto”, resumió.
Una historia que empezó lejos de Córdoba
Antes de llegar a Córdoba Athletic y de ganarse un lugar en el seleccionado juvenil, Ledesma construyó su camino desde Deán Funes, la localidad del norte cordobés donde dio sus primeros pasos en el rugby. Allí comenzó a jugar en Trenes, pero con el tiempo su recorrido deportivo lo llevó a cambiar de clubes y a trasladarse cada vez más lejos para seguir creciendo.
Primero viajaba desde Deán Funes hasta Jesús María y, posteriormente, hasta Córdoba capital. Los kilómetros, los horarios y la organización cotidiana fueron parte de una rutina que pudo sostener gracias a una red de personas que apostaron por él.
“Me ayudaron muchísima gente, familiares y amigos. Tengo amigos cercanos que me llevaron durante un año completo de viaje, facilitándome todo. Creo que eso es lo que más me sirvió”, recordó.
La decisión de apostar por el rugby también encontró un respaldo fundamental en su casa. Sus padres acompañaron el proceso desde el primer momento, convencidos de que debía perseguir aquello que lo hacía feliz. “Mis viejos siempre me han apoyado y han estado al lado de la cancha, apostando por mí y ayudándome. Si yo quería tomar esta decisión, ellos me apoyaron y hasta hoy me ayudan muchísimo en lo que hago diariamente”, contó.
En ese recorrido, Felipe aprendió que detrás de cada convocatoria hay mucho más que el rendimiento individual. También están quienes acercan a un entrenamiento, ofrecen un lugar para quedarse, colaboran con los gastos o simplemente acompañan desde la tribuna.
Al hacer memoria, el jugador mencionó a familiares, amigos y personas que tuvieron un papel importante en su formación. Entre ellos, destacó a Cacu de Vértiz, su preparador físico, y a la familia Caparrós, que durante un año lo llevó a entrenar. También agradeció la ayuda de sus tíos, el acompañamiento de sus abuelos desde Deán Funes y la presencia constante de sus padres.
“Si me tengo que poner a nombrar una sola persona, me quedo cortísimo, porque muchísima gente me ha ayudado. Hay muchísima gente detrás de uno que, al fin y al cabo, te ayuda demasiado. Yo diría que la mayoría de lo que logré fue gracias a ellos”, reconoció.
Córdoba Athletic, una segunda familia
El vínculo con Córdoba Athletic también tiene una historia familiar. Felipe llegó al club siguiendo los pasos de su hermano mayor, que en ese momento jugaba en la categoría M19. Lo que comenzó como una manera de compartir el mismo camino terminó convirtiéndose en un lugar fundamental para su crecimiento deportivo y personal.
“Vine siguiéndolo a él y me encontré con una familia, con muchísimos amigos que creo que van a durar para toda la vida. Eso me parece que fue lo mejor”, sostuvo.
En el club no solamente encontró compañeros y entrenadores, sino también un espacio en el que aprendió valores que considera tan importantes como los conocimientos propios del juego. Durante su último año, sintió que creció como jugador y como integrante de un grupo que se sostiene desde la amistad y el compromiso colectivo.
“En mi camada somos un grupo muy lindo, un grupo de amigos muy grande. El club te enseña muchísimos valores, muchísimo respeto y humildad”, explicó.
En ese sentido, destacó la influencia de sus entrenadores, que muchas veces priorizan la formación humana por encima de los resultados o de las cuestiones estrictamente deportivas. “Muchísimos entrenadores hacen más foco en la humildad que a veces en mejorar el juego. Lo humano es fundamental para formar parte de un grupo”, afirmó.
Aprender del seven y disfrutar la experiencia
La convocatoria también representa un desafío deportivo para Ledesma. Acostumbrado al rugby de 15 jugadores, deberá adaptarse a una modalidad diferente, más dinámica y en la que los espacios, las decisiones y cada detalle pueden resultar determinantes.
Durante las concentraciones, el seleccionado trabajó sobre conceptos específicos del seven y utilizó el análisis de video como una herramienta para que los jugadores incorporaran conocimientos y pudieran trasladarlos al campo de juego.
“Nos explicaron muchos conceptos del rugby seven porque nosotros normalmente jugamos rugby de 15. Nos dieron herramientas para que pudiéramos utilizarlas y, a partir de eso, las implementamos en las concentraciones”, detalló.
Aunque todavía no tuvo experiencia competitiva en esta modalidad, Felipe reconoció que es una disciplina que le atrae especialmente. Entre las características que podría aportar, mencionó el juego aéreo y la altura, aspectos que considera útiles para afrontar determinados momentos de los partidos.
De todos modos, sus objetivos para Dakar van más allá de lo que suceda durante los encuentros. El juvenil pretende aprovechar la convivencia con sus compañeros, construir amistades y utilizar la experiencia como una oportunidad para mejorar tanto individualmente como en equipo.
“Las expectativas siempre son altas y queremos lograr mucho, pero creo que nos queremos unir como grupo, armar un buen grupo, hacer buenos amigos y mejorar cada uno. Queremos utilizar los Juegos Olímpicos como una herramienta para ser mejores personalmente y también como grupo”, señaló.
Esa mirada se repite cuando piensa en lo que espera llevarse de la experiencia. Los aprendizajes deportivos serán importantes, pero los vínculos y los recuerdos que pueda construir ocupan un lugar central. “Lo que más me gustaría es que me deje buenos amigos, una muy linda experiencia y herramientas para poder mejorar personalmente. Principalmente eso”, expresó.
Los sueños que siguen en el horizonte
La convocatoria a los Juegos Olímpicos de la Juventud representa un paso enorme, pero no es el punto final para un jugador que todavía tiene mucho camino por recorrer. Felipe sabe que llegar al seleccionado argentino es un logro importante y, al mismo tiempo, una oportunidad para seguir formándose y pensar en nuevos desafíos.
Entre sus grandes objetivos aparece el sueño de vestir algún día la camiseta de Los Pumas, la máxima expresión del rugby argentino. También quiere llegar a la primera división de Córdoba Athletic, el club que lo recibió y que se convirtió en una parte central de su vida.
A esos dos anhelos les suma otro, ligado al rugby europeo: jugar en Toulouse, una de las instituciones más reconocidas de Francia.
“Sueños tengo un montón. Uno de ellos es jugar en Los Pumas, que es un sueño muy grande. También jugar en la primera de mi club y, además, me encantaría jugar en Toulouse”, contó.
Por ahora, el horizonte inmediato está en Dakar. Allí lo espera una experiencia que comenzó a imaginar cuando recibió aquella primera convocatoria y que terminó de hacerse realidad con el anuncio de la lista.
Cuando salga a la cancha con la camiseta argentina, Felipe llevará consigo mucho más que la ilusión de competir en un evento olímpico. Estarán también los kilómetros recorridos desde Deán Funes, el esfuerzo de su familia, la ayuda de sus amigos y el sentido de pertenencia que encontró en Córdoba Athletic.
Una historia que demuestra que, detrás de un sueño individual, casi siempre hay un equipo entero.
