El desafío de la industria electrónica: crecer detrás del nuevo ciclo inversor

Un informe de CADIEEL reveló que el 44% de las empresas redujo su producción en el segundo trimestre, con una caída promedio del 31% entre las firmas afectadas. El sector enfrenta alta capacidad ociosa, menores ventas y dificultades para competir por costos y falta de financiamiento.

El desafío de la industria electrónica: crecer detrás del nuevo ciclo inversor

Empresas fabricantes de equipos eléctricos, tableros, transformadores y componentes electromecánicos atraviesan un escenario de baja demanda.

La economía argentina atraviesa una etapa marcada por la llegada de grandes proyectos de inversión, aunque el impacto sobre el entramado productivo todavía aparece de manera desigual. Mientras el Gobierno impulsa el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y sectores como energía, minería e infraestructura concentran anuncios millonarios, buena parte de la industria continúa atravesando un escenario de baja actividad y menor utilización de capacidad instalada.

En ese contraste quedan ubicadas las empresas que producen equipos eléctricos, electrónicos, luminarias, tableros, transformadores y componentes electromecánicos. A pesar de que sus productos forman parte de la cadena necesaria para acompañar obras energéticas, mineras e industriales, el repunte de las inversiones aún no se traduce en una recuperación sostenida de la demanda.

El último informe de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (CADIEEL) muestra precisamente esa paradoja. Aunque el deterioro perdió intensidad respecto del inicio del año, la actividad continúa lejos de consolidar una recuperación.

La producción sigue cayendo en una parte importante de las empresas, el empleo permanece bajo presión y la inversión continúa postergándose, una combinación que refleja que el sector todavía no encuentra los motores necesarios para acompañar el ciclo de inversiones que comienza a delinearse en otros segmentos de la economía.

El relevamiento, realizado entre empresas de electrónica (37%), energía (22%), baja tensión (22%) e iluminación (19%), muestra además una estructura fuertemente pyme: más de la mitad de las compañías tiene entre 11 y 50 trabajadores y solo el 18% supera los 100 empleados, una característica que vuelve aún más sensible al sector frente a las oscilaciones del mercado interno y del crédito.

La paradoja de las inversiones

Los números del segundo trimestre muestran un escenario que continúa siendo complejo. El 44% de las empresas redujo su producción entre abril y junio, mientras que el 30% logró mantenerla estable y el 26% registró incrementos. Entre quienes produjeron menos, la caída promedio fue del 31%, una mejora respecto del 39% registrado durante el primer trimestre, aunque todavía insuficiente para hablar de un cambio de tendencia.

Más que una recuperación, el informe describe una desaceleración del deterioro. La caída dejó de profundizarse al ritmo observado a comienzos del año, pero la actividad continúa muy lejos de un nivel que permita reactivar inversiones o impulsar nuevas contrataciones.

Ese comportamiento adquiere mayor relevancia cuando se observa el contexto económico. Buena parte de los proyectos impulsados por el RIGI, el desarrollo energético y la minería demandarán en los próximos años infraestructura eléctrica, equipamiento electromecánico, sistemas de automatización, iluminación industrial y componentes electrónicos. Es decir, productos fabricados por las empresas que integran CADIEEL.

Sin embargo, desde la entidad advierten que ese proceso todavía no llega a las fábricas. «Si analizamos estos sectores a nivel mundial, están en auge tanto en consumo como en fabricación. Cuando eso se proyecta en Argentina, los números son bastante malos porque se ven afectados en forma directa por la política industrial y macroeconómica«, explicó el vicepresidente de CADIEEL, José Tamborenea, al analizar la evolución del sector.

Para el dirigente, el problema no pasa por la falta de oportunidades de negocio, sino por las condiciones bajo las cuales compite la industria nacional. «Cae el consumo, cae la demanda de energía, no hay inversión en obra pública impulsada por el Gobierno nacional y las provincias también redujeron sus presupuestos», sostuvo.

El límite de la capacidad ociosa

Si hay un dato que resume el momento que atraviesa la actividad es la utilización de la capacidad instalada. El informe muestra que casi seis de cada diez empresas trabajaron con hasta el 60% de su capacidad productiva, mientras que los niveles más elevados de utilización continúan siendo minoritarios.

Más allá del porcentaje, el indicador revela un problema de fondo. Las empresas todavía tienen margen para aumentar significativamente su producción utilizando la infraestructura ya instalada. En ese contexto, ampliar plantas o incorporar nueva maquinaria deja de ser una prioridad.

Esa lógica se refleja en las decisiones de inversión. Solo el 33% de las empresas prevé realizar inversiones durante el tercer trimestre, mientras que el 67% no tiene planes de expansión. Entre quienes postergan esos proyectos predominan dos razones que se repiten desde hace varios trimestres: el menor nivel de ventas y la incertidumbre económica y política.

El comportamiento también guarda relación con otro de los desafíos que enfrenta la economía argentina: la recuperación del consumo. Aunque distintos indicadores comenzaron a mostrar cierta mejora respecto de los niveles más bajos de 2024 y 2025, la demanda todavía no alcanza para generar un incremento sostenido de la producción industrial. Mientras exista capacidad disponible para fabricar más con las plantas actuales, las inversiones tenderán a concentrarse en el mantenimiento o la modernización antes que en una ampliación de la capacidad instalada.

Contratación en pausa

La evolución del empleo confirma ese escenario. Durante el segundo trimestre, el 41% de las empresas redujo su plantel, el 52% mantuvo estable su dotación y apenas el 7% incorporó trabajadores.

Lejos de mostrar una recuperación, las expectativas para los próximos meses mantienen un tono prudente. Dos de cada tres empresas prevén sostener sin cambios su plantilla, mientras que un 26% anticipa nuevas reducciones y solo un **7% proyecta contratar personal.

El comportamiento del empleo evidencia que las compañías siguen priorizando el equilibrio financiero antes que la expansión. La mejora observada en algunos indicadores macroeconómicos todavía no alcanza para modificar las decisiones de contratación, especialmente en un contexto donde la demanda continúa siendo insuficiente y el financiamiento sigue representando una de las principales limitaciones.

En ese punto, Tamborenea volvió a poner el foco sobre el costo del crédito. «Las tasas oscilan entre 20 y 30 puntos por arriba de la inflación, y eso hace inviable la producción. Cuanto más larga es la cadena de valor, más afectada se ve y no se puede competir con un mundo que tiene tasas de entre el 2% y el 5%«, afirmó.

Exportar, una oportunidad pendiente

La debilidad del mercado interno tampoco logra compensarse con una mayor inserción internacional. El informe muestra que el 41% de las empresas realizó exportaciones durante el segundo trimestre, mientras que el 59% no registró ventas al exterior. Entre estas últimas, tres de cada cuatro identificaron a los costos como el principal obstáculo para competir en los mercados internacionales, una respuesta que vuelve a colocar la competitividad en el centro del debate.

Incluso entre las empresas exportadoras, las ventas externas todavía tienen un peso reducido. El 73% destina hasta el 10% de su producción a mercados internacionales, lo que confirma que la mayor parte del negocio continúa dependiendo del desempeño del mercado doméstico.

Para CADIEEL, allí aparece uno de los principales desafíos del actual proceso económico. La apertura comercial y la llegada de grandes inversiones podrían ampliar las oportunidades para la industria nacional, pero también incrementar la competencia de productos importados si las empresas locales no logran mejorar sus niveles de competitividad.

La recuperación sigue tensionada

Las expectativas para el tercer trimestre permiten observar un cambio respecto de los datos actuales. Predomina una visión de estabilidad en prácticamente todos los indicadores: el 55% espera mantener su producción, el 67% prevé estabilidad en ventas, demanda interna y empleo, mientras que en exportaciones ninguna empresa anticipa caídas y el 27% incluso proyecta incrementos.

El clima empresario, sin embargo, sigue siendo de cautela. Las empresas ya no esperan un deterioro tan marcado como el observado durante los últimos trimestres, pero tampoco visualizan una recuperación capaz de reactivar inversiones, generar empleo o elevar significativamente la utilización de la capacidad instalada.

En ese sentido, el informe de CADIEEL deja una lectura que trasciende los propios números del sector. La Argentina comienza a transitar una etapa donde conviven anuncios de grandes inversiones con una industria manufacturera que todavía no logra incorporarse plenamente a ese proceso.

La evolución de la demanda interna, la participación de proveedores nacionales en proyectos estratégicos, las condiciones de financiamiento y la competitividad serán factores decisivos para determinar si ese nuevo ciclo inversor termina derramando sobre la producción local o si continúa desarrollándose con un impacto limitado sobre buena parte del entramado industrial.

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