El riesgo país argentino llegó a 642 puntos básicos durante la rueda, su nivel más alto del año, aunque luego recortó parte de la suba y cerró en 628 puntos. El indicador acumula así doce jornadas consecutivas en alza y registra un incremento superior al 25% durante septiembre.
El deterioro se produjo en un contexto de mayor presión sobre los mercados emergentes, vinculada con el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. A esto se sumaron factores locales, como la evolución de la actividad económica, el menor ritmo de compras de divisas del Banco Central y las dudas del mercado sobre el financiamiento de los próximos años.
La suba del riesgo país estuvo acompañada por una caída de los activos argentinos. Los bonos soberanos en dólares operaron con bajas y las acciones argentinas que cotizan en Nueva York llegaron a registrar retrocesos de hasta 8%. En la plaza local, el índice S&P Merval también cerró en terreno negativo.
El mercado cambiario, en tanto, mostró al dólar mayorista cerca de $1.525, mientras que el contado con liquidación avanzó y se ubicó por encima de $1.630.
Reservas y financiamiento, bajo la lupa
Uno de los focos de atención es la capacidad del Gobierno para acumular divisas y afrontar los vencimientos de deuda previstos para 2027. El Banco Central mantuvo compras de dólares durante el año, aunque redujo su ritmo en las últimas semanas. El viernes, por ejemplo, no compró divisas en el mercado por cuarta vez en 2026.
La cuestión tomó mayor relevancia después de la gira de Luis Caputo por Estados Unidos, donde el ministro de Economía mantuvo una reunión con inversores en la sede de JP Morgan. Allí buscó transmitir previsibilidad sobre el programa económico y respondió consultas vinculadas con el escenario electoral y los desafíos financieros de 2027.
Caputo sostuvo que la Argentina cuenta con un esquema de financiamiento para atravesar el próximo año y señaló que el Gobierno no prevé regresar al mercado internacional de deuda mientras el costo de financiamiento continúe elevado. En ese punto, la evolución del riesgo país resulta clave: un indicador más alto implica una mayor sobretasa que debería afrontar el país si buscara emitir deuda frente al rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense.
La actividad también pesa
Las señales de la economía real completan el escenario. El EMAE registró en julio una caída mensual desestacionalizada de 2,9%, mientras que el PIB había retrocedido 0,6% en el segundo trimestre.
En ese contexto, JP Morgan redujo su proyección de crecimiento para Argentina en 2026 de 2,7% a 1,5% y proyectó una contracción anualizada de 4% para el tercer trimestre. La entidad señaló además que, si el período vuelve a mostrar una caída, la economía podría ingresar en una recesión técnica. Para 2027, estimó un crecimiento del consumo privado de apenas 0,4%, frente al 3,4% previsto por el Gobierno.
De esta manera, el mercado enfrenta un escenario en el que las tasas internacionales más elevadas se combinan con señales de menor actividad y un ritmo más lento de acumulación de reservas. Mientras el Gobierno sostiene que cuenta con herramientas para afrontar las necesidades financieras de 2027, los activos argentinos continúan bajo presión y el riesgo país permanece por encima de los 600 puntos.
