El esperado reencuentro de Dante Spinetta con el público cordobés no fue simplemente un concierto; fue la materialización de un pacto de lealtad que comenzó mucho antes de que el funk dominara la escena nacional. A las 21:18, tras la apertura de Luvclap, la atmósfera en el Studio Theater se volvió eléctrica. Con la sala colmada hasta los balcones, se podía sentir una devoción casi religiosa: fanáticas que cumplían cábalas tocando el borde del escenario, buscando quizás capturar algo de la mística del artista que estaba por aparecer. Cuando el ojo proyectado en pantalla anunció la llegada de «Día 3», la explosión de funk con «Soldado espiritual» dio inicio a un ritual de sudor y groove.
Dante irrumpió en escena con una estética profundamente identitaria: pantalón animal print —haciendo juego con la correa de su guitarra—, remerón negro, anteojos oscuros y el ya clásico piluso sobre un pañuelo. Enmarcado por una iluminación azulada, el músico lideró a una banda de virtuosos (integrada por Axel Introini, Pablo González, Matías Rada y Matías Méndez) que transformaron el teatro en un epicentro de precisión sonora. El setlist fue un viaje emocional que unió la nostalgia de «Lado Oscuro del Corazón«, coreado a viva voz por una multitud que llenó cada rincón del espacio, con la madurez de sus nuevas composiciones.
Nuevas texturas en una atmósfera azul
La velada permitió transitar desde la euforia bailable hasta momentos de profunda sensualidad contemplativa. Con «Perdidos en el Paraíso«, la sala se sumergió en un estado de calma dominado por el virtuosismo de las guitarras, demostrando que Dante es un arquitecto del sonido moderno capaz de fusionar arreglos complejos con la frescura actual. Uno de los puntos más altos de la noche fue la interpretación de su primer lanzamiento del año, una pieza que rompe esquemas y que el propio artista define así: “Es un bolero y tiene una conexión con el tango, por la época”. A pesar de su novedad, el público cordobés demostró conocer cada sílaba, un fenómeno que se repitió con la potencia de «El Plancito«.
La interacción digital también tuvo su lugar cuando Spinetta reveló que «El Guatemalo» fue la canción elegida para este show por sus seguidores a través de las redes sociales. Con los brazos abiertos y pasos de baile que destilan un estilo único, Dante se fundió con su público para interpretar «Pensando en ella», el single de 2025 que describe una cruza singular entre su trayectoria artística pública y su identidad más íntima.
El pacto eterno con el «pueblo» de La Mona
El corazón de la noche se detuvo cuando el músico dejó la guitarra de lado para hablarle de frente a su gente. Con la mano en el pecho, reconoció que Córdoba fue el refugio que lo abrazó cuando otras grandes plazas le daban la espalda. “Cuando empecé, en Rosario y en Buenos Aires no me iba a ver mucha gente, en Córdoba sí. Y yo no me olvido de eso. Así que tienen un lugar especial y un dia me voy a comprar una casa en un monte con tres rifles, vecino de La Mona, re funkeros los dos vestidos”, confesó entre risas y una ovación ensordecedora que pareció mover los cimientos del teatro.
Tras esa confesión, el «señor funk» retomó el pulso con «Rebelión» y la frescura de «Starlight», preparando el terreno para el descontrol final. Nadie permaneció quieto cuando sonaron los primeros acordes de “A mover el culo”; el Studio Theater se convirtió en una sola marea humana con las manos en alto. El cierre definitivo, tras el estallido de “Mostruo” y el hit “Me quedo acá”, llegó aproximadamente a las 22:45. Aunque las luces se encendieron, el público cordobés se quedó allí, pidiendo una más, confirmando que la lealtad que Dante agradeció al inicio es un fuego que, lejos de apagarse, arde y arderá con más fuerza en cada visita.
Las Pastillas del Abuelo hicieron vibrar una Plaza de la Música colmada en Córdoba
