En el mundo de la construcción, se suele decir que el agua es el enemigo más paciente: siempre encuentra por dónde entrar. Y en esa batalla desigual, la zinguería es la primera línea de defensa.
Caminar por los techos no es para cualquiera, pero entender qué pasa allá arriba sí debería serlo para todo dueño de casa.
En esta nota, Hoy Día Córdoba propone adentrarse en el mundo de las chapas, las canaletas y las babetas, esos elementos que a menudo pasan desapercibidos hasta que fallan.
El rol de las canaletas
En la construcción, el uso de canaletas puede ser una decisión técnica esencial o un elemento prescindible según el proyecto.
“Por lo general, muchos techos se diseñan con caída libre natural; sin embargo, con el paso del tiempo, el salpicado recurrente del agua de lluvia sobre ventanales o paramentos externos termina en problemas de humedad y mantenimiento. En estos escenarios, es indispensable resolver el drenaje con un sistema de canaletas y montantes de bajada”, explica el arquitecto especialista, Gonzalo Ferrer, de la firma Clapp Holl.
Respecto a las secciones recomendadas, la premisa es buscar la mayor profundidad que la estructura del techo permita. Es frecuente encontrar limitantes de altura en cubiertas de madera o estructuras metálicas de caño que impiden ganar profundidad; en tales casos, la recomendación técnica es compensar aumentando el ancho de la canaleta.
“El objetivo principal es asegurar la recepción de grandes caudales sin riesgo de desborde, un factor crítico en nuestro clima, caracterizado por tormentas de alta intensidad”, destaca el profesional.
Y agrega: “Para definir el diámetro de los montantes o caños de descarga, existen cálculos específicos de pluvial. No obstante, como regla práctica de alta eficiencia, se establece que para una superficie de techo de 60 m², un caño de 110 mm de diámetro es suficiente y verifica satisfactoriamente cualquier cálculo normativo”.
Las canaletas internas
En la arquitectura moderna, se pusieron muy de moda los techos “escondidos” detrás de cargas o muros perimetrales. Estéticamente quedan muy limpios, pero obligan a usar canaletas internas. Aquí es donde el riesgo se duplica.
En las construcciones de hoy se emplean canaletas internas en techos minimalistas de caño y PVC. Sin embargo, suelen traer muchas complicaciones. Muchas veces, la estructura de caños no deja espacio para una profundidad adecuada.
“Cuando la sección es insuficiente para nuestras tormentas, el agua desborda hacia adentro. No importa qué ambiente haya debajo: puede ser un dormitorio, un quincho o una cochera”, describe Ferrer.
Esta tendencia generó muchos problemas de garantía en toda Córdoba. Es un caso donde la moda estética entra en conflicto con la lógica del clima local.
“Desde Clapp Holl siempre recomendamos canaletas aéreas externas. Se trata de aquellas que se instalan en el extremo de los aleros, sobresaliendo de la línea de edificación. Su beneficio principal es la seguridad. Si el agua desborda por una lluvia extraordinaria, lo hace hacia afuera. El excedente cae al patio o a la vereda. Así, se evitan goteras y filtraciones molestas dentro del hogar”, sostiene el arquitecto especialista en techos.
Babetas: el sello invisible
Las babetas son piezas de chapa doblada, fundamentales para la estanqueidad. Se utilizan en el encuentro de la cubierta (chapa o teja) con las paredes, ya sean de ladrillo visto o revocadas. Existen principalmente dos modelos estandarizados:
- Babeta de apoyo: se fija a la pared con tornillos y tacos fischer. Requiere un doble sellado de silicona. Es una opción limpia, no invasiva y reduce los tiempos de obra.
- Babeta para embutir: posee una aleta que ingresa en la pared. Requiere un corte preciso con amoladora. Aunque es un método más invasivo, ofrece una excelente respuesta hidráulica.
Para casos especiales, se fabrican a medida. Permiten extender la superficie de cobertura según las necesidades específicas del encuentro arquitectónico.
El uso de Compriband. En techos de chapa con poca pendiente, el viento fuerte puede filtrar agua por debajo de la babeta. Para evitarlo, se recomienda colocar Compriband. Este elemento de sellado copia la forma de la chapa (trapezoidal o sinusoidal), incluso la teja, y cierra el espacio contra la babeta. Puede ser de goma o espuma de goma embreada.
Enemigo silencioso
Ahora bien, más allá del diseño y la instalación, es vital hablar del mantenimiento. Las hojas son vistosas en el suelo, pero letales en el techo. Se acumulan, se pudren, generan ácidos que pueden corroer la chapa y, sobre todo, obstruyen las canaletas.
Una solución práctica y económica es la instalación de mallas protectoras o “cubrecanaletas”. Son rejillas plásticas o metálicas que permiten el paso del agua pero retienen las hojas y residuos. Es una inversión mínima comparada con el costo de reparar un cielorraso de yeso arruinado por una filtración.
Consejos prácticos
- Cuidado con el “efecto pila”: nunca mezclar chapas de distintos metales o usar clavos comunes. La reacción química (corrosión galvánica) puede perforar la chapa en pocos meses.
- El torque justo: al ajustar los tornillos, no hay que “aplastar” la arandela de goma. Si se deforma mucho, se raja con el tiempo y empieza a filtrar.
- Caminar con cuidado: si tenés que subir al techo, hacelo siempre pisando sobre las líneas de los apoyos (donde están los tornillos) y sobre un tablón para repartir el peso.
- Revisión de fijaciones: cada 2 o 3 años, verificar si algún tornillo se aflojó por las vibraciones del viento.
- Evitar el PVC de baja calidad: con el tiempo se vuelve frágil por la exposición solar y puede agrietarse, generando filtraciones difíciles de detectar.
- Limpieza semestral. Limpiar los techos al menos dos veces al año, una después del otoño y otra antes de que comiencen las lluvias fuertes de verano.
- Evitá las uniones: si tenés que cambiar una canaleta, tratá de que sea en tramos enteros.
- Atención a las manchas: si ves una mancha de humedad, recordá que el 90% de esas manchas vienen de una babeta floja o una canaleta sucia.
- Pendiente necesaria: asegurá que cada canaleta tenga una caída mínima hacia el desagüe. El agua estancada es el principio de corrosión y el nido perfecto para mosquitos.
