Estados Unidos e Irán alcanzaron un principio de acuerdo para extender durante 60 días el alto el fuego vigente desde abril e iniciar una nueva etapa de negociaciones sobre el programa nuclear iraní, según informaron medios estadounidenses. El entendimiento aún no está cerrado: debe ser aprobado tanto por el presidente Donald Trump como por la cúpula del régimen iraní, lo que deja abierta la posibilidad de que el pacto no se concrete.
El borrador del memorando de entendimiento fue negociado en los últimos días con mediación regional y representa el avance diplomático más relevante desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán en febrero.
El esquema prevé un plazo de 60 días para discutir los puntos más sensibles del programa nuclear iraní, especialmente el destino de las reservas de uranio altamente enriquecido acumuladas por Teherán, así como la verificación del compromiso de no desarrollar armas nucleares, una exigencia central de la administración Trump.
En paralelo, el acuerdo incluye un capítulo clave vinculado a la situación en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo por donde transita una parte significativa del comercio global de petróleo y gas.
Según las versiones difundidas, Irán se comprometería a garantizar el tránsito “sin restricciones”, sin peajes ni hostigamientos, e incluso a retirar minas colocadas en la zona en un plazo de 30 días.
A cambio, Estados Unidos levantaría de forma gradual el bloqueo naval sobre puertos iraníes y evaluaría posibles alivios parciales de sanciones económicas. La sola expectativa de una normalización del flujo marítimo ya impactó en los mercados energéticos internacionales, con una caída en los precios del petróleo.
Pese a estos avances, el proceso sigue atravesado por una fuerte tensión militar. En los últimos días, fuerzas estadounidenses derribaron drones iraníes y atacaron posiciones en la ciudad de Bandar Abbas, mientras Teherán denunció acciones hostiles y respondió con advertencias sobre una posible escalada. Paralelamente, se registraron incidentes en la región del Golfo, incluido el derribo de proyectiles y el aumento de la presencia militar en zonas estratégicas.
El clima de inestabilidad también se extiende a otros frentes regionales, con Israel intensificando ataques contra infraestructura vinculada a Hezbolá en el Líbano, especialmente en Tiro y Beirut. En ese contexto, Irán insiste en que cualquier acuerdo amplio debe contemplar el cese de las operaciones israelíes contra sus aliados regionales, lo que añade una nueva capa de complejidad a las negociaciones.
Desde Washington, el propio presidente Donald Trump adoptó un tono cauteloso respecto del entendimiento. “No estamos satisfechos, pero lo estaremos”, afirmó durante una reunión de gabinete, y advirtió que si Irán no acepta las condiciones estadounidenses, “terminaremos el trabajo”.
En la misma línea, el vicepresidente JD Vance señaló que aún existen “cuestiones de redacción” pendientes y que, si bien se han logrado “muchos avances”, el acuerdo todavía no está cerrado.
De acuerdo con Axios, el memorando también abriría la puerta a conversaciones más amplias sobre una eventual “paz regional”, incluyendo el rol de Irán en el apoyo a grupos armados en Medio Oriente, así como posibles mecanismos para destrabar fondos iraníes congelados y facilitar el ingreso de ayuda humanitaria.
Sin embargo, persisten fuertes resistencias políticas dentro de Estados Unidos e Israel, donde sectores republicanos y aliados de la línea dura cuestionan cualquier flexibilización hacia Teherán y advierten sobre el riesgo de que el enriquecimiento de uranio quede postergado para etapas posteriores de negociación.
