El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó el espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl LX como “uno de los peores de la historia” y una “falta de respeto para el país”, en un duro mensaje publicado en su red social Truth Social tras la final disputada en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California.
“¡El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible!”, escribió Trump. El mandatario sostuvo que “nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo” y describió el baile como “repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en Estados Unidos y en el resto del mundo”. En otra publicación, aseguró que el show fue “una bofetada a la grandeza de Estados Unidos” y que no representa “nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia”.
Las críticas no fueron nuevas. Trump ya había cuestionado previamente la elección del artista puertorriqueño como protagonista del entretiempo y volvió a contrastar el espectáculo con lo que considera los logros de su gestión. Según el presidente, mientras el país “bate récords económicos históricos”, el show fue “un golpe en la cara para una nación en crecimiento”.
Trump también arremetió contra los medios de comunicación, a los que acusó de elogiar el espectáculo por tratarse de “noticias falsas”, y extendió su mensaje al ámbito deportivo al reclamar que la NFL modifique su nueva regla de kickoff, antes de cerrar con su lema “Make America Great Again”.
Las declaraciones del mandatario contrastaron con la relevancia histórica del show, ya que Bad Bunny se convirtió en el primer artista en protagonizar un espectáculo de medio tiempo del Super Bowl con un repertorio íntegramente en español, un hito para la música latina en el evento televisivo más visto de Estados Unidos.
“¡Qué rico es ser latino!”, fue la frase con la que el cantante, de 31 años, abrió su presentación, que combinó música, baile y referencias culturales latinoamericanas. El show fue concebido como un videoclip en vivo, con escenas pregrabadas y un escenario que recreó un sembradío en pleno campo de juego. Vestido de blanco y con un balón de fútbol americano, Bad Bunny interpretó “Tití me preguntó” y otros éxitos de su carrera.
El espectáculo contó con la participación de figuras internacionales como Lady Gaga, Ricky Martin, Cardi B y Karol G, además de apariciones especiales de celebridades del cine y el entretenimiento. En uno de los momentos más emotivos, el artista se dirigió a su versión infantil frente a una televisión y afirmó: “Nunca dejé de creer en mí”, mientras le entregaba simbólicamente el Grammy que ganó recientemente.
El cierre tuvo un fuerte mensaje político y de identidad. Ricky Martin interpretó un fragmento de “Lo que le pasó a Hawaii”, mientras banderas de Puerto Rico se desplegaban en el estadio. “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, expresó Bad Bunny antes de despedirse con “Debí tirar más fotos” y la frase “Seguimo’ aquí”.
El artista ha sido crítico de la política migratoria de Trump. En los premios Grammy declaró: “No somos salvajes, no somos animales, somos humanos y somos americanos”, y lanzó un mensaje directo contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Incluso, el año pasado evitó llevar su gira a Estados Unidos en protesta por las redadas migratorias.
El show de Bad Bunny se sumó a una larga lista de presentaciones icónicas del Super Bowl y reforzó la tendencia de mayor presencia latina en el evento, que en los últimos años contó con artistas como Shakira, Jennifer Lopez, Rihanna, Usher y Kendrick Lamar. Más allá de la polémica política, la actuación volvió a evidenciar el peso cultural y comercial de la música latina en el escenario global.
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