La construcción imperial tiene desde hace milenios cuatro niveles de intervención: financiero, económico, militar y de organización.
En lo financiero
Roma al expandir su imperio, monetizó las regiones conquistadas con su moneda que se suponía con un gran respaldo.
En los últimos días se ha revelado que EE.UU. ha ayudado a Japón en sostener su moneda, que venía cayendo a mínimos de 20 años. Para ello, vendió euros para comprar bonos en Yuanes.
De ese modo su “solidaridad”, evitó que Japón venda bonos de EE.UU. –es el principal tenedor- y que sus propios bonos cayeran y sean mayores los intereses que debe pagar. O sea lo hizo en defensa propia, afectando gravemente a Europa –ni siquiera le avisó-, solucionando por un corto tiempo el problema de Japón.
Es bueno recordar que Japón importa el 95% de su petróleo del golfo pérsico, que la guerra con Irán colapsó y aumentó sustancialmente su precio, por lo que su problema es más grave que uno simplemente financiero.
En Argentina, la “ayuda” ya ocurrió 3 veces, 2 con los préstamos del FMI, 54.000 millones con Macri y 20.000 a Milei en abril de 2025, para sostener sus gobiernos, ambos por fuera de sus propias normas. La tercera con el “intercambio de monedas” en la previa a las elecciones de 2025 que frenó la corrida cambiaria y le permitió al gobierno de Milei ganar las elecciones intermedias.
En lo económico
Roma durante cientos de años, se abasteció del trigo egipcio del Nilo, de las riquezas de Cartago, etc. que eran sus provincias durante el auge del imperio, pero cuando comenzó su decadencia, eso empobreció aún más a las poblaciones de su ámbito de influencia, exigiéndoles pago de altos tributos.
El ataque de EE.UU. a Venezuela para apropiarse de su petróleo o los aranceles a Canadá, México o Europa son muestras de la forma en que intenta y a veces logra, extraer su riqueza, sea por menores importaciones o directamente promoviendo el desplazamiento de empresas extranjeras a su territorio.
Pero, dadas las interconexiones tecnológicas, comerciales, de cadena de suministro, que se han establecido por décadas entre el imperio y muchos otros países, cada decisión de ataque o sanciones que aplica al “enemigo común”, se daña a sí mismo y a sus aliados, entre ellos a Japón que recibe sanciones de China como las restricciones de venta de tierras raras para sus microchips o el cierre de importaciones de mariscos y pescado japonés.
En Argentina, algunos aranceles y sobretodo las exigencias de excluir a China de las explotaciones de petróleo, minería, las vías navegables, ferrocarriles y en estos días de la tecnología de telecomunicaciones 5G que es más barata, más disponible y de mejor calidad que la estadounidense, son intentos de recrear las condiciones para que solo EE.UU. pueda “participar de su desarrollo”.
En lo militar
Roma en sus últimos siglos cada vez dependía más de los Foederati (tribus y pueblos ibéricos, germánicos, africanos, etc.) aliados de Roma que recibían armas y aportaban soldados para que el imperio sostuviera sus guerras en las fronteras, enviándolos al frente antes que sus legiones romanas.
El proceso de EE.UU. comenzó convenciendo a aliados que el imperio “los protegerá de sus enemigos” vendiéndoles armas de su industria militar. Pero cuando el imperio se involucró en muchas guerras se debilitó esa protección que se volvió dudosa. Mucho más cuando el imperio priorizó sus propios intereses egoístas, dejando desamparados a Europa, Ucrania, los países del golfo, etc.
En el caso de Europa y la OTAN les exige mayor inversión militar para sostener la alianza, luego de haber expandido la OTAN al este, amenazando a Rusia que desató la actual guerra en donde Ucrania es solo el pato de la boda, que recibe cada vez menos armas y fondos estadounidenses.
También el caso de Taiwán a la que ha dejado de enviarles armas para protegerse de China o desplazando sus portaviones en el pacífico occidental al estrecho de Ormuz, dejando menos protegidos a Japón y Filipinas que son sus aliados de un supuesto riesgo chino.
En Argentina el proceso recién está comenzando desde la compra de los F16, maniobras conjuntas y la gestión conjunta del puerto en Ushuaia.
En lo organizacional
Pero la forma más importante en que se sostienen los imperios, es construir organizaciones vasallas. Que implica reestructurar las instituciones de gobierno de esos estados, para que incluso si las condiciones políticas cambian, las personas que los conducen consideren al Imperio como aliado, sintiéndose parte de él, respondan a sus intereses y permanezcan alineadas con él, inclusive educando a los hijos de las élites en sus instituciones educativas u otorgándoles la ciudadanía.
Además les suma cambios en las estructuras administrativas, sistemas legales, tributarios, jerarquías burocráticas, etc. para que en el futuro trabajen en tándem con las instituciones imperiales.
En Roma, todo eso fue hecho mientras fue posible en Iberia, Galia, Germania, norte de África, Siria, etc. La clase gobernante romanizada –abogados, recaudadores de impuestos, los administradores, los oficiales del ejército, los comerciantes, etc.- pensaban como romanos, frenando cualquier intento de rebeldía, aunque Roma no tuviera allí tropas, hasta que esos pueblos se rebelaron contra la metrópoli y sus vasallos locales, y marcharon contra ella, provocando su caída.
Japón desde el día de la intervención financiera de EE.UU., tiene una agencia independiente de inteligencia, a imagen y semejanza de la CIA y prevén la creación de una agencia de investigaciones internas al estilo del FBI y una agencia de inteligencia electrónica a partir de la NSA estadounidense, que obviamente trabajarán juntas, con los mismos objetivos y funcionamiento.
Eso es lo que está intentando EE.UU. en Argentina, desde hace años, más allá de Trump y Milei, integrando sistemas financieros, empresarios, de medios, etc. Y acelerado en los últimos dos años, con integraciones militares, de inteligencia, seguridad, judiciales, legales, de propiedad privada “inviolable” o del Banco Central.
La conclusión ha sido descrita muchas veces por los historiadores que estudiaron los imperios, y se basan en una secuencia clara. 1) El imperio se presenta a sus estados clientes como asociaciones amistosas con beneficio mutuo y protectoras; 2) El centro de poder sacrifica a la periferia para protegerse, ocultándolo bajo el relato de la asociación; 3) Mientras tanto intenta alinear los intereses financieros, económicos, militares y sobre todo organizacionales para perpetuar su dominio con bajos costes.
Hoy cuando EE.UU. lo está intentando sin tapujos en nuestro país, las preguntas que surgen son ¿Podrán EE.UU. y sus vasallos locales sostener este plan con sus crisis internas y riesgos electorales? ¿Nuestro pueblo se rebelará antes que se consolide? ¿Existe alguien capaz de conducir ese proceso para vencer los efectos del egoísmo imperial?
