Las formas de organización determinan gran parte de los límites y posibilidades en distintos contextos, las características de sus liderazgos y la forma en las que se imponen. Hoy existen varias simultáneamente, desde aquellas más primitivas, hasta las que en estos días abrigan la esperanza de un mundo peor o mejor.
En la historia de la humanidad, las primeras que existieron fueron las orientadas a la supervivencia, con una estructura tribal, en donde los grupos eran y son cerrados, con liderazgos fuertes, basados en el secretismo y el miedo a amenazas externas o sanciones internas.
En ellas, la seguridad reina por sobre la libertad. El ingreso a ellas que es muy restrictivo, implica aceptar los “códigos” de disciplina del líder que dirige con mano de hierro y alguna forma de violencia que el resto de los miembros acepta, especialmente en situaciones de caos.
Allí en el caos, estriba su actual vigencia en muchos ámbitos y los ejemplos son muchos. Las mafias, algunas estructuras de seguridad del Estado, algunos partidos políticos, algunas religiones sectarias, etc., en donde quienes toman decisiones irreflexivas se imponen a quienes lo piensan antes.
Otras formas son las orientadas a los procesos, que establecen liderazgos jerárquicos por roles o funciones que se sostienen en contextos estables en donde los miembros menos valorados aceptan aportar plusvalía –diferencia entre el valor que aportan y lo que reciben como retribución- a las jerarquías mayores.
Por ello son las que están viviendo crisis importantes, habida cuenta que no tienen la fortaleza de las orientadas a la supervivencia, pero tampoco una forma adecuada al aprovechamiento de relaciones sinérgicas –en donde el producto del conjunto es mayor que la suma de las partes- que puedan hacerles crecer en forma sostenible.
Las empresas en mercados en competencia con esta forma de organización ya casi no existen, pero se sostienen en estructuras estatales, aunque con cada vez menor legitimidad en la medida que no pueden obtener la eficacia y eficiencia necesaria en donde reina la “burocracia”.
La tercera forma de organización incluye las orientadas a la productividad, especialmente los holdings diversificados, que se administran por resultados por división, dondela innovación, el ascenso individual y meritocrático suele ser el incentivo en contextos de cambio constante pero que termina en precarización laboral si no se logran los objetivos fijados arbitrariamente por la organización.
Su principal problema para su sostenibilidad es que, roto el acuerdo de pertenencia con sus miembros, los colaboradores más innovadores y emprendedores las abandonan en búsqueda de alternativas más prometedoras.
De allí que estas organizaciones se quejan de la “falta de compromiso” de los más jóvenes y prometedores, en los que “habrían invertido” en su formación, sin considerar que sus expectativas son mucho mayores a lo que realmente obtienen de la organización, en donde están cada vez más precarizados.
Las organizaciones orientadas al cliente, se han desarrollado a partir de las plataformas de redes tecnológicas –Facebook, Google, YouTube, Instagram, Tik Tok, etc.- que desde mediados de la primera década de este siglo, en contextos de alta competencia aprovechan el trabajo involuntario de sus suscriptores, remunerando en forma decreciente por resultados inmediatos –visualizaciones, impresiones, comentarios, viralización, etc.- a los productores de contenido, mientras que los simples usuarios nos convertimos en “el producto” que ellos venden a sus anunciantes, utilizando la información que compartimos.
Esa situación de precariedad de los productores de contenido e indefensión de los usuarios, se sostiene a pesar de que ambos les generan grandes beneficios, especialmente mientras se capitalizan en Inteligencia Artificial con todo el contenido que se produce en todos lados, sin remunerarlos adecuadamente.
De allí surgen dos tipos de organizaciones que hoy buscan consolidar el control social de las plataformas de inteligencia artificial, o liberarse de él a través de redes humanas de cuidadoorientadas al servicio.
Las orientadas al control social en un contexto de híper competitividad, están en una vertiginosa carrera por lograr ese control que las hace competir entre ellas con grandes inversiones en Inteligencia Artificial, a pesar de los problemas ambientales –energía, agua, insumos estratégicos para sus equipamientos, etc.-, su dudosa capacidad de obtener beneficios y la destrucción de empleos que han comenzado a producir y se augura aumentarán inexorablemente.
Por este motivo surgen como hongos lasorganizaciones orientadas al serviciotambién en contextos de híper competitividad,que buscan que los productores de contenido y soluciones a escala humana, se capitalicen colectivamente en plataformas de acceso libre –Wikipedia, Greenpeace, Médicos sin fronteras, Linux, Investigación científica, etc.-, en forma multilateral o bilateral, para prestar servicios que crean valor.
Por supuesto que muchas de esas plataformas orientadas al serviciotienen problemas de financiamiento, pero también buenas posibilidades cuando crean valor compartido y lo capitalizan totalmente entre sus miembros.
En la prestación de servicios directos –personales, familiares, vecinales o para pequeñas empresas-, la asociación bilateral o multilateral en redes de cooperación permite ampliar la gama de servicios sin que existan liderazgos permanentes que se apropien del valor generado.
Su flexibilidad, capacidad de adaptación y trabajo voluntario, son atributos que las empresas orientadas al cliente –hoy orientadas al control- no pueden combatir, por lo que tratan infructuosamente de frenarlas haciendo anuncios de un optimismo tecnológico casi profético, que las llevaría a los márgenes de la sostenibilidad. Como si las relaciones personales pudieran ser reemplazadas por bots -programas informáticos diseñados para realizar tareas automáticas y repetitivas- o robots tecnológicos que no reclaman salario, ni beneficios sociales, produciendo 24 por 7.
Como conclusión general se puede decir que las formas de organización orientadas a la supervivencia en contextos de caos, a los procesos en ámbitos estables, a la productividad en situaciones de cambio constante, a los clientes devenidas en orientadas al control o las orientadas al servicio en contextos de híper competitividad, tienen un espacio si esos contextos sobreviven en algún lugar.
Particularmente, las dos últimas formas de organización –orientadas al control o al servicio/cuidado- pueden sobrevivir en la actual situación híper competitiva, mientras que las orientadas a la supervivencia lo harán si se produce caos, lo cual no es improbable.
El futuro está en construcción y la moneda está en el aire, por lo que elegir por algunas de ellas es ser parte y protagonista de la construcción de ese futuro.
