El uso de medicamentos agonistas del GLP-1 para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso continúa en expansión, impulsado por los resultados que muestran en la reducción del peso corporal. Sin embargo, especialistas en nutrición y diabetología advierten que estos fármacos no constituyen una solución definitiva y que su eficacia a largo plazo depende de un abordaje integral que incluya cambios en la alimentación, actividad física y seguimiento profesional.
Los denominados «medicamentos para adelgazar» actúan imitando la acción del GLP-1, una hormona que el organismo libera naturalmente en el intestino después de las comidas y que envía señales de saciedad al cerebro. Este mecanismo permite disminuir el apetito y favorecer la pérdida de peso, aunque los expertos remarcan que ningún medicamento puede reemplazar los hábitos saludables.
La médica especialista en clínica médica y diabetología, Susana Fuentes, explicó que estos tratamientos logran resultados que ninguna dieta por sí sola puede alcanzar. No obstante, aclaró que algunos alimentos, como legumbres, pescados, frutos secos y verduras de hoja verde, pueden estimular de manera natural la producción de esta hormona, aunque esa acción no sustituye el efecto terapéutico de los fármacos.
En ese sentido, la profesional advirtió que uno de los errores más frecuentes consiste en considerar a estos medicamentos como una solución rápida o definitiva. Según sostuvo, el tratamiento debe estar acompañado por un plan alimentario diseñado por profesionales y adaptado a cada paciente.
Uno de los principales desafíos durante el proceso de descenso de peso es mantener una adecuada ingesta de proteínas y fibra para evitar la pérdida de masa muscular. Al reducirse considerablemente el apetito, muchas personas también disminuyen el consumo de nutrientes esenciales, lo que puede derivar en una pérdida de músculo en lugar de grasa.
Por ese motivo, los especialistas recomiendan complementar el tratamiento farmacológico con ejercicios de fuerza, ya que contribuyen a preservar la masa muscular y favorecen mejores resultados a largo plazo. De acuerdo con Fuentes, quienes ya incorporaron hábitos saludables antes de iniciar el tratamiento suelen evolucionar de manera más favorable que quienes depositan todas sus expectativas únicamente en la medicación.
La especialista también remarcó que aún persiste una visión equivocada sobre la obesidad, considerada por muchos como una cuestión de falta de voluntad y no como una enfermedad metabólica. Esa percepción, explicó, genera culpa, demora las consultas médicas y dificulta el tratamiento adecuado.
Además, señaló que numerosos pacientes recuperan parte del peso perdido luego de abandonar la medicación, especialmente durante los primeros 18 meses posteriores a la interrupción del tratamiento. Por ello, insistió en que los agonistas del GLP-1 deben entenderse como parte de una estrategia terapéutica sostenida y no como una intervención aislada.
Otro aspecto que condiciona el acceso a estos medicamentos es su costo. En muchos sistemas públicos de salud la cobertura se limita a pacientes con obesidad severa y enfermedades asociadas, mientras que el resto debe afrontar el tratamiento con recursos propios, lo que genera importantes desigualdades.
No obstante, las perspectivas son alentadoras. Actualmente existen más de 190 moléculas metabólicas en desarrollo, entre ellas versiones orales y formulaciones de aplicación mensual o trimestral, lo que podría ampliar el acceso y reducir los costos durante los próximos años.
Frente al creciente interés por este tipo de tratamientos, los especialistas coinciden en un mensaje central: antes de iniciar cualquier terapia es fundamental consultar con un equipo médico, realizar los estudios correspondientes y comprender que la medicación constituye un complemento dentro de un tratamiento integral. La alimentación saludable, la actividad física y el seguimiento profesional continúan siendo los pilares para lograr una pérdida de peso sostenida y mejorar la salud a largo plazo.
