El crecimiento del uso de la semaglutida para bajar de peso volvió a poner el foco sobre la necesidad de un uso responsable de este medicamento, luego de que varias empresas de medicina prepaga revisaran sus criterios de cobertura tras detectar presuntas irregularidades en algunas prescripciones y en la utilización del fármaco.
Las auditorías realizadas por las prestadoras de salud habrían identificado casos de pacientes que recibían la medicación sin poder acreditar un diagnóstico de diabetes tipo 2, además de recetas emitidas por profesionales de especialidades que no intervienen habitualmente en el tratamiento de esta enfermedad. A partir de esa situación, algunas prepagas comenzaron a exigir mayores requisitos para mantener la cobertura del tratamiento.
Más allá de la discusión sobre la financiación del medicamento, especialistas remarcan que el eje del problema es el creciente uso de la semaglutida con fines estéticos o para adelgazar sin una evaluación médica adecuada. El presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Trabajo y Salud Ocupacional y miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Médica Argentina, Gabriel Oscar Fernández, señaló en diálogo con Hoy Día Córdoba que «el uso de esta medicación debe ser estrictamente bajo supervisión médica» y recordó que se trata de un medicamento inyectable de aplicación semanal cuyo principio activo, la semaglutida, actúa como un análogo de la hormona GLP-1.
«Este medicamento ayuda al páncreas a producir insulina, actúa sobre el hígado, retrasa el vaciamiento gástrico y disminuye el apetito. Está indicado principalmente para tratar la diabetes tipo 2 y reducir el riesgo de eventos cardiovasculares en determinados pacientes», explicó.
Fernández advirtió que, aunque la semaglutida también puede utilizarse en algunos tratamientos para la obesidad, «no modifica el metabolismo ni es un medicamento mágico». En ese sentido, sostuvo que su eficacia depende de que el paciente acompañe el tratamiento con cambios sostenidos en la alimentación y el estilo de vida. «Si no se modifican los hábitos, es frecuente que se produzca un importante efecto rebote», indicó.
Circulación fuera del sistema sanitario
El especialista también alertó sobre la creciente circulación del medicamento fuera de los canales sanitarios. «Nunca se debe automedicar ni comprar por redes sociales. Debe adquirirse únicamente en farmacias, con receta médica, y ser dispensado por un farmacéutico», enfatizó.
Asimismo, recordó que la indicación de este tipo de tratamientos requiere una evaluación integral del paciente. «Antes de prescribirlo, el médico debe analizar los antecedentes, las enfermedades que presenta, los medicamentos que ya utiliza y otras condiciones particulares, como un eventual embarazo. Además, el tratamiento necesita controles clínicos y de laboratorio durante su evolución. Nunca debe utilizarse por recomendación de un familiar o un vecino», afirmó.
Entre los efectos adversos más frecuentes mencionó náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y pérdida de masa muscular, especialmente durante el inicio del tratamiento, por lo que insistió en que «no es un medicamento apto para cualquier persona y su uso sin control puede implicar riesgos importantes para la salud».
Respecto de las medidas adoptadas por algunas empresas de medicina prepaga, Fernández consideró que los controles son necesarios para desalentar el uso inapropiado del medicamento, aunque advirtió que «las limitaciones podrían afectar el acceso de pacientes que realmente lo necesitan por razones médicas». Por ello, sostuvo que cada caso debe ser evaluado de manera individual por el profesional tratante, priorizando criterios clínicos por sobre decisiones administrativas.
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