El disparador fue el caso de Shadia Brigitte, de 23 años, quien dio a conocer en sus redes que se enfermó de sífilis, para concientizar a otros jóvenes. La exposición del tema sirvió para consultar al reconocido infectólogo y epidemiólogo Miguel Díaz, quien durante años comandó el equipo del Hospital Rawson, donde se realizan la mayoría de las detecciones y tratamientos de infecciones, en el sector público.
Hoy Día Córdoba: ¿Es real, doctor, que hay un aumento importante de casos en los últimos años?
Miguel Díaz: Sí, ha habido un aumento de casos en los últimos dos o tres años; tanto de sífilis como de infección por transmisión sexual. Esto uno lo ve no solamente en las estadísticas, sino en la práctica habitual. Esto tiene muchas aristas para analizar desde el punto de vista sanitario. En primer lugar, creo que es muy importante y muy valiente de parte de esta chica haber dado a conocer su situación, porque pone sobre la mesa una enfermedad que parecía erradicada para diversos sectores de la sociedad. Pero esta enfermedad nunca desapareció. Hace muchos años que se están haciendo esfuerzos para disminuir su prevalencia y, lejos de eso, en los países sudamericanos está aumentando el número de casos.
HDC: ¿A qué se debe este incremento y qué factores están fallando en el sistema?
MD: Esto tiene que ver con la formación en salud, porque todo el personal sanitario debe sospechar y tener presente este tipo de enfermedades. Hay que sensibilizar a la población y hablar de enfermedades de transmisión sexual, de métodos reproductivos y de que se transmite sobre todo en personas sexualmente activas. Por otro lado, el diagnóstico es sumamente fácil y barato, pero debe ser accesible. A esta chica la sometieron a una biopsia y a una serie de procedimientos que no hubieran sido necesarios de haberse sospechado la enfermedad. Hoy existe un test rápido que permite un diagnóstico inmediato. Con esto, se puede colocar una dosis de penicilina en la sífilis primaria, una dosis en la secundaria, o tres dosis si es de evolución desconocida. Sin embargo, hoy no tenemos una accesibilidad adecuada a los métodos diagnósticos y a estos controles.
HDC: En cuanto a la prevención, los jóvenes accedieron a la ESI, saben prevenir embarazos, pero no estaría ocurriendo lo mismo con las ETS…
MD: En prevención, tenemos una ley de educación sexual que todavía no termina de aplicarse y que permite, fundamentalmente en edades jóvenes, evitar que las personas se contagien, promover el sexo seguro y evitar embarazos no deseados. Por otra parte, en los últimos años se ha disminuido la entrega de preservativos masculinos y femeninos a nivel nacional; prácticamente ha desaparecido tanto la entrega del material preventivo como el asesoramiento. Los adolescentes y jóvenes tienen como característica pensar que son invulnerables y muestran una perspectiva de despreocupación ante la vida. No es que sean malos, es su característica. Por eso, los adultos, los educadores y fundamentalmente el Estado debemos hacernos cargo. Reitero, ha habido una disminución de la sensibilización, de las campañas de educación, de promoción y de la entrega de preservativos. Está comprobado que hablar de sexo y de métodos preventivos retrasa el debut sexual, evita embarazos no deseados y previene estas infecciones de transmisión sexual.

HDC: ¿Cuál es la situación particular de la provincia de Córdoba frente a este escenario nacional?
MD: Por suerte, Córdoba cuenta con un programa provincial de VIH/Sida que, por ley y desde hace muchos años, tiene presupuesto propio. Esto facilita la accesibilidad al diagnóstico, a la consulta y al tratamiento. En los años 2004 o 2005 creamos la red de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) que funciona en toda la provincia y se ha mantenido activa. Sin embargo, chocamos con que la Nación no distribuye el preservativo y ha disminuido notablemente su entrega, por lo que Córdoba tiene que hacerse cargo de ese suministro que por ley nacional correspondería a la Nación. Afortunadamente, Córdoba cuenta con el Laboratorio Central de la provincia, que hace una tarea increíble y es referencia nacional. Pero lamentablemente hay otras provincias con dificultades económicas mucho más importantes que no pueden llegar tan fácilmente al diagnóstico, consulta y tratamiento. El abordaje debe ser regional, multidisciplinario y transdisciplinario; no es solo un problema de salud, sino de educación y comunicación.
HDC: Además de las infecciones de transmisión sexual, hay otras enfermedades infecto-contagiosas como la tuberculosis, que están presentes. ¿Cuál es la realidad de esas patologías?
MD: La tuberculosis nunca desapareció; al contrario, cada vez tenemos y vamos a tener más casos. Hace poco, un médico joven en el sector privado diagnosticó a una persona con tuberculosis y me comentó: «Yo creí que la tuberculosis ya no existía». Esto demuestra la falta de sospecha que hay en el sistema. Hoy tenemos a cada vez más gente viviendo hacinada, en condiciones de extrema vulnerabilidad social y con una alimentación sumamente deficiente en proteínas. Todo esto expone a las personas al contagio o a la reactivación de la enfermedad, lo cual aumentará en los próximos años debido a la crisis socioeconómica, la falta de prevención y las dificultades de acceso al diagnóstico.
HDC: Respecto a las campañas de vacunación y el impacto de los movimientos antivacunas tras la pandemia, ¿se podrá revertir el daño causado y evitar el regreso de enfermedades?
MD: Argentina tenía una tradición ejemplar en América en cuanto a programas de vacunación, siendo una política de Estado. Lamentablemente, esto se ha visto afectado en el último gobierno nacional, donde la distribución de vacunas no ha sido la adecuada, demorándose la compra y entrega de algunas de ellas. Pero lo que es peor, desde los estamentos más altos del gobierno se ha dudado de la efectividad de las vacunas. Construir en salud lleva mucho tiempo, pero destruir lo logrado se hace de un día para el otro, especialmente cuando participan actores sin formación sanitaria. Decir, por ejemplo, que sin vacunas hubiéramos tenido solo 30.000 muertos, sin ninguna formación estadística o sanitaria, es una barbaridad. Argentina fue una de las regiones del mundo con menor tasa de letalidad por Covid gracias a una campaña de vacunación muy grande. El mensaje debe ser claro: junto con el agua potable y las redes de cloacas, las vacunas son los pilares que han salvado más vidas en la humanidad. Son seguras y evitan enfermedades, pero hará falta mucho tiempo para revertir esta desconfianza instalada.









