Algoritmos y democracia: Agost Carreño analiza cómo influyen en nuestras decisiones

En su libro ¿Quién está pensando por vos?, el ex diputado examina cómo las redes sociales y la inteligencia artificial pueden condicionar el pensamiento crítico y la autonomía ciudadana.

Oscar Agost Carreño, legislador, abogado y exdiputado nacional, presentó en su libro ¿Quién está pensando por vos? una reflexión sobre el impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial en la autonomía ciudadana y la democracia.

Oscar Agost Carreño, legislador, abogado y exdiputado nacional, presentó en su libro ¿Quién está pensando por vos? una reflexión sobre el impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial en la autonomía ciudadana y la democracia.

Las redes sociales y la inteligencia artificial ampliaron el acceso a la información, pero también abrieron interrogantes sobre cómo se forman nuestras opiniones, qué consideramos verdadero y hasta qué punto decidimos por cuenta propia. Para Oscar Agost Carreño, legislador, abogado y ex diputado nacional, uno de los principales riesgos del ecosistema digital es que las personas terminen priorizando la pertenencia a un grupo por encima de la búsqueda de la verdad.

Esa preocupación atraviesa ¿Quién está pensando por vos?, el libro que escribió a partir de una investigación realizada en Estados Unidos durante dos meses, en el marco del programa internacional Eisenhower Fellowships, que en 2026 lo seleccionó para representar a la Argentina.

En diálogo con Hoy Día Córdoba, Agost Carreño analizó cómo las redes sociales y la inteligencia artificial pueden influir en la formación de opiniones, profundizar la polarización política y condicionar la autonomía de los ciudadanos.

Durante ese período, el autor mantuvo alrededor de 100 reuniones con investigadores, académicos, funcionarios y personas vinculadas con empresas tecnológicas. Su objetivo fue estudiar una dimensión que, según plantea, suele quedar relegada en los debates sobre inteligencia artificial: los efectos de estas tecnologías sobre el comportamiento humano y sus consecuencias para la vida democrática.

“Hay una enorme crisis de autoridad” y “la verdad hoy compite con la pertenencia”, sostiene Agost Carreño al explicar el punto de partida de su trabajo.

La pertenencia puede pesar más que la verdad

Uno de los ejes del libro es la manera en que los algoritmos organizan los contenidos que vemos en función de nuestros intereses, emociones y comportamientos. Según el análisis del autor, los sistemas digitales no solo seleccionan información: también pueden reforzar las creencias que ya tenemos y favorecer las reacciones que nos mantienen conectados.

En ese escenario, la necesidad de pertenecer a una comunidad puede convertirse en una herramienta de influencia. Las personas reciben contenidos que confirman sus ideas y encuentran espacios donde esas creencias son compartidas, lo que puede dificultar el contacto con opiniones diferentes.

“Preferimos estar acompañados que tener la razón”, resume el exlegislador.

Para Agost Carreño, esta dinámica contribuye a fragmentar la conversación pública. Cuando cada persona recibe información adaptada a sus preferencias, se vuelve más difícil construir una base de hechos compartidos desde la cual discutir los problemas colectivos.

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El desafío, entonces, no consiste únicamente en distinguir entre información verdadera y falsa. También implica comprender cómo se construyen los entornos digitales en los que se forman las opiniones y qué intereses intervienen en esa selección.

El autor sostiene que el problema no necesariamente responde a una voluntad explícita de controlar a la sociedad, sino a un modelo de negocio que busca captar la atención durante el mayor tiempo posible y convertir los datos de los usuarios en oportunidades comerciales.

Cómo la polarización puede afectar a la democracia

La fragmentación informativa tiene consecuencias que van más allá de la experiencia individual en las pantallas. En opinión de Agost Carreño, la personalización de los contenidos puede profundizar la polarización política y debilitar la posibilidad de mantener una conversación entre personas que piensan distinto.

“La democracia tiene como una de sus bases que haya una conversación común y que exista la posibilidad de ir con otra persona sin querer eliminarla”, plantea.

Desde esa perspectiva, las redes sociales pueden favorecer una lógica de confrontación en la que el adversario deja de ser alguien con quien discutir para convertirse en alguien a quien rechazar. Cuando una idea se integra a la identidad de un grupo, cuestionarla puede percibirse como una amenaza a la propia pertenencia.

Algoritmos y democracia Agost Carreño analiza cómo influyen en nuestras decisiones.

La inteligencia artificial suma otra dimensión a ese escenario. El entrevistado advierte sobre la posibilidad de que las personas recurran a herramientas como ChatGPT para resolver decisiones complejas sin detenerse a evaluar las razones detrás de las respuestas.

En el terreno electoral, esto abre interrogantes sobre la autonomía de los votantes y su capacidad para contrastar propuestas, verificar información y construir un criterio propio.

“No es solo que vamos a estar peor informados, sino que podemos perder autonomía”, señala.

El planteo no supone que la tecnología sea necesariamente perjudicial ni que las formas tradicionales de informarse estuvieran libres de intereses y manipulaciones. Para el exdiputado, la diferencia está en la escala y en la capacidad de los sistemas actuales para personalizar los mensajes y llegar a las personas de manera constante.

Educación digital y pensamiento crítico como respuesta

Frente a este panorama, Agost Carreño propone construir lo que denomina una “arquitectura de la libertad”: un conjunto de herramientas sociales, educativas y políticas que permitan recuperar la capacidad de decidir con mayor autonomía.

Una de sus propuestas es fortalecer la alfabetización mediática y el pensamiento crítico. Esto supone enseñar a reconocer que los contenidos, tanto en redes sociales como en medios tradicionales, pueden responder a determinados intereses, y desarrollar criterios para evaluar la información antes de compartirla o tomarla como verdadera.

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El autor también plantea la necesidad de revisar el uso de los celulares en las aulas y de promover espacios de aprendizaje en los que la atención no esté permanentemente dividida entre la actividad educativa y las pantallas.

En ese proceso, considera que el periodismo tiene una responsabilidad particular: sostener la investigación, la contextualización y la comunicación de información verificada, sin subordinar su trabajo a la lógica de los contenidos que buscan generar reacciones rápidas.

También cuestiona la simplificación de los grandes problemas públicos en mensajes de pocos segundos. A su entender, cuestiones complejas como la economía requieren explicaciones que no pueden reducirse a un video breve sin perder elementos esenciales.

Sin embargo, advierte que no alcanza con esperar que los propios políticos o las empresas tecnológicas impulsen estos cambios, ya que también están atravesados por incentivos que favorecen la dinámica actual.

Recuperar la autonomía en un mundo hiperconectado

Para explicar cómo pueden modificarse esos incentivos, Agost Carreño recurre a una comparación con el tabaquismo. Recuerda que hubo una época en la que fumar estaba socialmente aceptado y asociado al éxito, hasta que los cambios culturales y los reclamos colectivos comenzaron a modificar esa percepción.

A su juicio, la transformación del vínculo con la tecnología también requiere una participación social capaz de cuestionar hábitos que hoy parecen naturales y de recuperar el valor de la atención, la verdad y los vínculos compartidos.

El objetivo no es rechazar los avances tecnológicos ni idealizar el pasado, sino evitar que la comodidad de recibir respuestas inmediatas termine reemplazando el ejercicio de pensar.

La pregunta que propone el libro, ¿Quién está pensando por vos?, apunta así a un problema que atraviesa tanto la vida cotidiana como la política: si las decisiones siguen siendo propias cuando la información que recibimos, las emociones que experimentamos y las creencias que reforzamos están cada vez más condicionadas por sistemas diseñados para captar nuestra atención.

Para Agost Carreño, defender la autonomía ciudadana exige algo más que aprender a utilizar nuevas herramientas. Implica recuperar la capacidad de contrastar información, convivir con el desacuerdo y construir una realidad compartida sobre la cual sea posible debatir y decidir en democracia.

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