En la previa de la cuarta Marcha Federal Universitaria, jóvenes que estudian, militan y transitan instituciones públicas vuelven a poner en palabras una idea que atraviesa aulas, pasillos y centros de estudiantes: la universidad no es solamente un espacio para obtener un título. También funciona como red de contención, comunidad y una posibilidad concreta de futuro en medio de la crisis económica.
La cuarta movilización federal convocada para este martes tendrá réplicas en distintas ciudades del país. En Córdoba, la concentración comenzará a las 15 en el Monumento a la Reforma, en Ciudad Universitaria. El reclamo central apunta al cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, aprobada por el Congreso en octubre de 2025 y ratificada por la Justicia a fines de marzo, pero aún sin aplicación efectiva después de más de 200 días.
Desde el Gobierno nacional sostienen que el financiamiento universitario se encuentra garantizado a través de transferencias mensuales para gastos de funcionamiento. Además, argumentan que la ley aprobada por el Congreso no puede ejecutarse por falta de previsión de recursos y en el marco del objetivo de equilibrio fiscal.
Pero detrás de la discusión presupuestaria aparecen escenas cotidianas: estudiantes que trabajan mientras cursan, jóvenes que dependen de sus instituciones para acceder a un plato de comida o espacios de contención, y una generación que siente que defender la educación pública también implica defender su propio proyecto de vida.
“Cada vez hay más alumnos trabajadores que tienen que sostener un empleo mientras estudian, haciendo un doble esfuerzo”, señaló Constance Keegan Ferrando, presidenta de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) y egresada de Derecho de la UNC. Para la dirigente estudiantil, el deterioro económico impacta directamente sobre las trayectorias académicas y el congelamiento de las becas profundiza esa situación: el programa Progresar continúa con montos desactualizados frente a la inflación.
Keegan Ferrando sostuvo que la universidad pública sigue siendo “una de las políticas de Estado más ejemplares del país” por su capacidad de generar movilidad social y democratizar oportunidades. Pero remarcó que su valor excede ampliamente lo académico.
“La UNC es mucho más que formar profesionales con título de grado. Son sus hospitales, sus escuelas de oficios, sus universidades populares presentes en todo el territorio de la provincia, y son todos los pibes y las pibas que trabajan todos los días en los barrios con proyectos extensionistas, poniendo sus conocimientos al servicio de la sociedad que sostiene la universidad”, expresó.
Para la dirigente, el debate sobre reformas pendientes —como tasas de egreso, actualización de planes de estudio o mecanismos de transparencia— resulta válido, aunque advirtió que primero deben garantizarse condiciones básicas de funcionamiento. “No podemos abordar ninguna de esas discusiones si antes no tenemos salarios dignos para los trabajadores y un presupuesto que permita funcionar como corresponde”, afirmó.
La misma idea aparece, con otra dimensión, en la voz de Santino Giannuzzo, presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano. Aunque todavía cursa el secundario, asegura que la universidad pública atraviesa toda su vida cotidiana.
“Dependemos tanto de la universidad pública que a veces ni nos damos cuenta”, expresó. Desde el edificio donde estudia hasta la formación de sus docentes, sostiene, gran parte de su experiencia educativa existe gracias al sistema universitario público.
Para explicarlo, recurrió a una comparación que lo impactó recientemente: el costo anual de estudiar en Harvard ronda los 90 mil dólares. “En Estados Unidos viven a base de becas y deuda. Acá vengo a este colegio tan gigante, con todo lo que quiera hacer, casi gratis. Qué generosa que es la Argentina”, reflexionó.
Pero en su relato, la educación pública aparece vinculada a algo más profundo que el acceso académico.
“Los pibes acá no solo vienen a estudiar. Vienen a comer, a socializar, a salir de consumos problemáticos, a salir de situaciones familiares difíciles. La escuela muchas veces termina siendo una segunda casa”, explicó.
Esa experiencia, según Giannuzzo, también redefine el rol de los centros de estudiantes en el contexto actual.
“Como Centro no tendríamos que garantizar que los pibes coman. No tendrían que existir las ollas populares. No tendrían que existir organizaciones que garanticen derechos que el Estado no cumple. Pero cuando el Estado no está presente, la militancia estudiantil tiene que ´bancar los trapos´ para que la gente se sienta contenida”, sostuvo.
Frente a los paros docentes, el centro de estudiantes decidió acompañar el reclamo sin suspender completamente las actividades. Organizaron jornadas de paro activo con clases públicas, torneos deportivos, foros de debate y propuestas culturales.
“Apoyamos totalmente la lucha docente. Pero un preuniversitario no es lo mismo que una facultad de adultos. Somos estudiantes de 11 a 18 años que dependemos de una estructura. Entonces, cuando el Estado no garantiza las leyes, el centro tiene que estar ahí”, explicó.
En medio de salarios deteriorados, becas desactualizadas y una ley todavía sin aplicación efectiva, ambas voces coinciden en señalar una discusión que excede el plano presupuestario.
“Hay una narrativa que plantea que la universidad pública representa un gasto excesivo y pone en discusión permanentemente su financiamiento”, señaló Giannuzzo. “Pero la educación pública es una inversión a largo plazo. Y los pibes somos el futuro del país: lo construimos día a día”.
Para muchos jóvenes, la defensa de la universidad pública ya no aparece solamente como una discusión educativa. También se convirtió en una forma de defender la posibilidad misma de imaginar un futuro.
