Ser campeón al otro lado del mundo 

España fue otro de los escenarios donde los hinchas de Belgrano celebraron el primer campeonato pirata, con una emoción que atravesó fronteras y pantallas.

Desde el barrio de Lavapies, en Madrid, así se celebró Belgrano campeón. Foto: Simón González Alegre.

Desde el barrio de Lavapies, en Madrid, así se celebró Belgrano campeón. Fotos: Simón González Alegre.

Por Simón González Alegre

Si uno traza una línea recta entre Alberdi y el barrio de Lavapies, en Madrid, la distancia es de 10.039,68 kilómetros. Toda esa distancia recorrieron los festejos de aproximadamente 50 cordobeses que sufrieron, cantaron y festejaron el Apertura 2026 que ganó el Club Atlético Belgrano.

El grupo @MadridesdeBelgrano68 empezó a reunirse hace menos de un año, durante el clásico del Torneo Clausura 2025. Desde entonces, sus integrantes enfrentaron madrugadas de frío y la búsqueda de bares que aceptaran encuentros a esas horas, para no vivir los partidos del Pirata en soledad.

Alberdi en Madrid

En España no existe algo así como el “pack fútbol” en la televisión, todo es por internet. Eso causa que muchas veces la transmisión se corte o vaya con atraso. Un minuto antes de que empiece el partido la web donde se veía el encuentro se cayó. Al unísono los hinchas celestes iniciaron el famoso cántico “Chiqui Tapia botón…” en forma de broma. 

Durante el partido, lo que en España es “El colegiado es de Madrid” se transformó en “Este porteño cobra todas para ellos” y “Culiao” fue la palabra más escuchada. Además de todos los cantos de La Barra de los Piratas. Ese bar, abarrotado de gente, se convirtió en un pedacito más del Mario Alberto Kempes.

El calor no daba tregua en una tarde de 25 grados, con un recinto cerrado y toda la gente amontonada. Tanto que se escuchó: “Baja el aire a 18, acá no gobierna Macri”, en referencia a que durante el gobierno de Cambiemos se hacía campaña con el uso responsable de la energía.

Desde el barrio de Lavapies, en Madrid, así se celebró Belgrano campeón. Fotos: Simón González Alegre.

De la previa a la euforia

Algunos de los celestes comenzaron la jornada desde el mediodía. Claro, en España el cotejo comenzó a las 20.30 hs. Asado, Fernet y cuarteto estuvieron a la orden del día hasta que poco a poco se acercaron al lugar que quedará tatuado en su memoria para siempre: un bar que no es más que un pasillo, con una barra a la derecha y lugares desde donde no se llega a ver la pantalla. “Veo un solo arco”, decían algunos.

Desde el barrio de Lavapies, en Madrid, así se celebró Belgrano campeón. Fotos: Simón González Alegre.

A pesar de una mayor convocatoria, el punto de encuentro no se iba a modificar. a era cábala, como también lo era el lugar que cada uno ocupaba en la sede de Alberdi en Madrid. Luego de cada gol, todos volvían a sus lugares tras la euforia. Eso sí, había dos cosas penadas: grabar algún momento clave del partido y revisar el teléfono, ya que el resultado aparece ahí antes que en la transmisión de Madrid.

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Desde aquella jugada en la que Belgrano reclamó penal al minuto 37 del segundo tiempo hasta casi el final no se dejó de cantar. El último minuto fue un grito ahogado. Nadie quería decir nada, no se atrevían a gritar. Apenas el árbitro pitó el final, gritos, cantos y el llanto explotaron en ese pequeño bar de Lavapies.

Jiménez, videollamadas y promesa de fiesta

Apenas terminó la primera ronda de abrazos, los hinchas tomaron la calle de San Carlos. “Dale campeón” fue lo primero que se entonó, aunque al poco tiempo comenzó a sonar “La Mona” Jiménez y todos los piratas se pusieron a bailar cuarteto.

Desde el barrio de Lavapies, en Madrid, así se celebró Belgrano campeón. Fotos: Simón González Alegre.

Casi todos los celestes estaban con un celular en la mano, haciendo videollamadas con sus seres queridos en Córdoba. Las caras llenas de lágrimas viajaron al otro lado del mundo intentando hacer llegar el abrazo más esperado de la historia pirata.

El 24 de mayo en España se cambiaron las cañas por el fernet y la tortilla por choripanes. Pasará a la memoria como la noche en la que a Madrid, aunque no tenga mar, la conquistaron 50 piratas.

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