La selección argentina buscará este martes su pase a los cuartos de final de la Copa del Mundo cuando enfrente a Egipto desde las 13. El elenco africano llega a este compromiso de eliminación directa en condición de invicto, tras cosechar una victoria y tres empates a lo largo de sus cuatro presentaciones en la competencia.
El análisis detallado del camino recorrido por el rival revela dos caras bien distintas en su funcionamiento. Ante una potencia como Bélgica adoptaron una postura reactiva y áspera, mientras que frente a oponentes de menor envergadura asumieron el protagonismo. Entender estos matices será vital para que la Albiceleste logre quebrar el esquema propuesto y dominar las acciones.
El antecedente clave en el debut
El espejo principal donde debe mirarse la planificación Albiceleste es el debut de los africanos frente a Bélgica, un oponente de primera línea que los obligó a plantear un libreto de resistencia basado en una formación 4-2-3-1. En aquel encuentro, el equipo pasó el 37% del tiempo total replegado, pero lejos de refugiarse adentro del área chica, plantearon una propuesta compacta y muy física para disputar el trámite. Las estadísticas marcan un exiguo 38.1 por ciento de posesión, dejando en evidencia que se sienten cómodos saliendo de contraataque.
Lejos de desesperarse por el dominio territorial ajeno, en ese escenario apostaron por asfixiar en la zona central y salir disparados, registrando un altísimo número de 59 quites a lo largo del juego. El mediocampista Mohanad Lashin fue el hombre designado para morder, liderando las presiones directas con 16 intervenciones, mientras que las transiciones veloces de ataque representaron el 16% de todas sus acciones ofensivas. Esa fricción constante les permitió desactivar el circuito de los favoritos y llevarse un resultado favorable en el arranque, con una atajada impresionante de su arquero Mostafa Shoubir.
El manejo del balón como plan alternativo
Sin embargo, el desarrollo del torneo demostró que también saben ser dueños del trámite si el contexto se los permite. En su segundo encuentro ante Nueva Zelanda, por ejemplo, dominaron el encuentro con el 50.3 % de la pelota y castigaron con 19 remates para llevarse una sólida victoria por 3 a 1. Esta misma tendencia de adueñarse del mediocampo se comprobó en pasajes frente a Irán y, fundamentalmente, en su reciente cruce eliminatorio frente a Australia. En ese último choque, manejaron un 53% de la tenencia y consiguieron una distribución abrumadora de 729 pases totales.
Para ejecutar esta variante, el esquema se adapta y pasa a ensanchar el terreno a la hora de construir el juego, llegando a utilizar 60 metros de amplitud territorial. En ese circuito, Marawan Attia opera como el gran conductor: en su última presentación intentó 42 habilitaciones para quebrar las líneas defensivas rivales y completó 27 con éxito. A su vez, el futbolista del Al-Ahly Emam Ashour se erige como el receptor ideal, habiendo capturado la pelota en 39 oportunidades para articular la ofensiva.
Despliegue atlético y la zona ideal para lastimar
A esa versatilidad se le suma un componente atlético implacable. Acumulan 486 kilómetros recorridos en la copa (contra 459 del seleccionado), con una media de 411 sprints por encuentro que los ubica en el percentil 83 del torneo y picos de velocidad punta de 35.2 km/h. En ese contexto intenso, el foco principal de alerta será Omar Marmoush. El atacante del Manchester City es la vía de escape perfecta; de hecho, ante los belgas ejecutó 20 movimientos de ruptura directos buscando el vacío a la espalda de la zaga. Un dato clave para los centrales Lisandro Martínez y “Cuti” Romero. Controlar sus transiciones y las descargas de la figura Mohamed Salah será obligatorio para no quedar expuestos.
Como contracara de esta intensidad, su marcado retroceso suele generar una falencia estructural crítica a las espaldas de los volantes centrales. Al comprimir sus líneas para formar el bloque bajo, descuidan el sector de la medialuna, otorgando un espacio donde habitualmente los contrarios logran posicionarse con claridad para rematar de media distancia. Esa grieta en la frontera del área resulta una zona de confort para que los futbolistas argentinos, todos de buen pie, aprovechen para lastimar.
