Argentina y Austria se enfrentarán por primera vez en la historia de los mundiales. Aunque para la Scaloneta es un cruce inédito, el fútbol austríaco guarda un lazo genético, pasional e indestructible con la tierra del cuarteto y el fernet.
Para dimensionarlo, basta con viajar al distrito 21 de su capital, Viena, donde la cartelería urbana señala un punto exacto: la Cordobaplatz. No es un bautismo azaroso; es el monumento hecho plaza al mayor hito deportivo de ese país, parido en el césped del hoy estadio Mario Alberto Kempes.
La historia se remonta al 21 de junio de 1978. En el viejo “Cható” se jugaba la última fecha de la segunda fase. Austria llegaba eliminada y Alemania Federal, el gigante vecino y vigente campeón del mundo, necesitaba ganar por cuatro goles para clasificar a la final y esperar que Italia y Holanda empaten. Había una carga que excedía lo deportivo: los austríacos llevaban 47 años sin ganarle un partido oficial a sus vecinos y archirrivales.
Gustavo Farías, periodista e historiador, hoy director del Museo del Kempes, recuerda que los alemanes llegaron con cierta soberbia a ese encuentro. Daban por descontando que iban a convertir los cuatro goles, pero consideraban más difícil la igualdad en la cancha de River.
Pero el partido terminó en un histórico 3-2 a favor de Austria, con un doblete del delantero Johann “Hans” Krankl -su mejor jugador, entonces figura del Barcelona-. El gol del triunfo, a los 42 minutos del segundo tiempo, desató la locura. Desde la cabina 8 del estadio (cuya placa le regalaron posteriormente), el relator televisivo Edi Finger inmortalizó el momento perdiendo los estribos al aire: “¡Toooor! ¡I wer’ narrisch!” (¡Gol! ¡Me voy a volver loco!). Austria, fuera del torneo, eliminaba a Alemania. En su tierra, la gesta pasó a los libros de historia como Das Wunder von Córdoba (El milagro de Córdoba).
En cambio, en Alemania muchos hablaron de “La vergüenza de Córdoba”. Se informó de algunos suicidios en territorio germano y el prestigioso diario Suddeutsche Zeitung inventó el verbo “Cordobawerhindern”, algo así como “Evitar Córdoba”, a modo de advertencia o prevención para que no se repita tal humillación.
Desde entonces, el vínculo se volvió mito urbano. Cada año, contingentes de turistas y periodistas austríacos aterrizan en Córdoba con un único objetivo: peregrinar al Kempes. Buscan pisar el área de la tribuna popular norte, el arco exacto donde Krankl clavó el zurdazo definitivo. Se fotografían, visitan el museo del estadio y reviven una mítica corrida que ocurrió a miles de kilómetros de sus casas. Hasta un reconocido violinista, Julian Rachlin, tocó una obra de Mozart en ese arco, mirando a la Popular Norte (la del autotrol, hoy tribuna Willington).
Farías cuenta que muchos de los turistas que van al museo son jóvenes que ni siquiera habían nacido en el 78. Uno de ellos, por ejemplo, le dijo que cuando armó su viaje por Sudamérica, su abuelo le exigió que pase por Córdoba para conocer el estadio del milagro. A otro le preguntó de dónde conocía la historia y le explicó que en la escuela enseñan lo ocurrido aquel día como “modelo de superación del ciudadano austríaco”. Es internet es fácil encontrar remeras y camisetas austríacas con la inscripción “Córdoba 1978”, estilo retro, y que incluso tienen un buen valor de reventa.
El colega, reconocido en el ambiente por su increíble memoria y por su archivo -único por estos lares-, contó que el 12 de marzo de 2020 vino el cónsul austriaco de visita y con el entonces titular de la Agencia Córdoba Deportes, Héctor Campana, se les ocurrió regalarles una entrada original de aquel partido. Los europeos no se llevaron solamente un papel con el dibujo del Chateau y el logo del Mundial. Terminaron cargando del depósito del estadio cuatro butacas, de las verdes, las originales del estadio, que ya se habían renovado.
Le pintaron a cada una de ellas los números del año 1, 9, 7 y 8. Y la colocaron en la Cordobaplatz, en el distrito 21, donde una de sus calles contiguas lleva el nombre de Edi Finger. Hasta que decidieron llevarlas, cuenta Farías, al Museo Nacional de Viena, por temor a que sean vandalizadas por turistas alemanes.
Todo culpa de Hitler
La rivalidad deportiva entre Austria y Alemania comenzó con un grave hecho político. El 12 de marzo de 1938, unos meses antes del Mundial de Francia, el dictador alemán Adolf Hitler anexó el territorio de Austria por la fuerza como parte del Tercer Reich, lo que provocó que no se pudiera presentar el seleccionado austríaco a la cita francesa. El llamado “Wunderteam” (equipo maravilla) era para muchos el favorito para ganar el torneo y muchos de sus jugadores fueron obligados a competir para el seleccionado alemán. El que se negó fue su futbolista estrella, Matthias Sindelar, apodado “El Mozart del fútbol” por ser el mejor de esos tiempos. Meses después, su cuerpo fue hallado muerto en su casa de Viena, por una aparente intoxicación con monóxido de carbono, sin que se pudiera determinar si fue asesinado con su esposa por la Gestapo o si decidieron quitarse la vida. Más de 20.000 personas fueron a su funeral.
Único triplete de Maradona con la celeste y blanca
Hay dos partidos amistosos en el historial entre Argentina y Austria. En el primero de ellos, disputado en 1980 en Viena, el seleccionado campeón del mundo tuvo una de sus más brillantes actuaciones bajo la dirección de César Luis Menotti en el estadio Prater. El resultado fue 5 a 1, con tres goles de Diego Armando Maradona (su único triplete en la selección mayor) y los otros dos de Santiago “Cucurucho” Santamaría y Leopoldo Jacinto Luque. Fue tal la superioridad argentina que a los 15 minutos ya ganaba 3 a 0 ante un seleccionado austriaco que jugó prácticamente con el mismo equipo que se destacó dos años antes en nuestro país. En el siguiente encuentro, en mayo de 1990, también en Viena -pero en el estadio Ernst Happel-, el amistoso prepartivo para el mundial de Italia terminó 1 a 1, con gol de Jorge Burruchaga. El de hoy, por la fase de grupos del Mundial 2026, será el primer encuentro oficial.
