El avance de los microcréditos en apps de delivery expone el nuevo mapa de endeudamiento

Un informe del Banco Central resalta el auge de préstamos diseñados por las propias plataformas para financiar a su fuerza laboral precarizada.

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El BCRA estimó que el 70% de los tomadores de créditos de plataformas tiene menos de 40 años.

El crecimiento del trabajo en plataformas digitales no solo transformó el mercado laboral argentino, sino que también impulsó una nueva modalidad de microcréditos para miles de trabajadores. Ante las dificultades para acceder al crédito bancario tradicional, cada vez más repartidores y choferes recurren a préstamos ofrecidos por las propias aplicaciones o por entidades financieras asociadas, un fenómeno que comenzó a ganar relevancia en los informes del Banco Central (BCRA).

De acuerdo con el último relevamiento de Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la deuda promedio de los monotributistas que operan mediante plataformas alcanzó los $900.000 por persona al cierre de 2025. El fenómeno se desarrolla en un contexto de mayor presión financiera sobre los hogares.

El Informe de Estabilidad Financiera (IEF) de la autoridad monetaria reveló que la proporción de familias que solicitó refinanciar deudas se duplicó en los últimos seis meses, al pasar del 1,6% al 3,2% del stock total de créditos familiares, el nivel más alto de la serie histórica.

El algoritmo que reemplaza al banco

El crecimiento del trabajo en plataformas explica parte de esta transformación. En un contexto de pérdida de empleo formal y de la necesidad de complementar ingresos, cada vez más argentinos recurrieron a las aplicaciones de reparto y transporte como una alternativa laboral.

Según estimaciones del Sindicato de Trabajadores de Reparto por Aplicación (SiTraRepA), la cantidad de repartidores y choferes que trabajan para aplicaciones aumentó un 900% en los últimos seis años, al pasar de alrededor de 100.000 trabajadores durante la pandemia a más de un millón en la actualidad.

Ante las dificultades de muchos trabajadores para acceder al sistema financiero tradicional, las plataformas desarrollaron mecanismos alternativos de evaluación crediticia basados en lo que el Banco Central denomina «capital reputacional». En lugar de analizar únicamente el historial financiero del solicitante, el algoritmo incorpora variables de desempeño para construir un perfil de riesgo, como Antigüedad en la plataforma, Tasa de aceptación de pedidos o viajes, Calificaciones de los usuarios y Desempeño en horarios de alta demanda (horas pico).

Los números muestran una expansión acelerada del fenómeno. La cantidad de deudores que tomaron créditos mediante plataformas creció un 122% durante 2025, luego de haber aumentado un 177% entre 2023 y 2024.

Además, los trabajadores independientes representan el 54% de quienes acceden a estos préstamos y concentran el 62% del saldo financiado, reflejando una creciente participación de las plataformas en el financiamiento de trabajadores que desarrollan su actividad dentro de sus propios ecosistemas digitales.

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¿Microcrédito genuino o financiamiento cautivo?

Aunque estas líneas de financiamiento se presentan como «microcrédito», una herramienta pensada para que pequeños cuentapropistas adquieran sus herramientas de trabajo, el formato de las aplicaciones esconde un fuerte sesgo de incentivos.

A diferencia de un microcrédito tradicional que busca la independencia del tomador con tasas de fomento, aquí estamos ante un crédito algorítmico o de plataforma. El mismo actor digital que asigna discrecionalmente las tareas diarias es el acreedor que presta el dinero y controla el canal exclusivo de cobro.

El avance de estas líneas abre un debate que excede el acceso técnico al financiamiento. Las empresas sostienen que se trata de herramientas de inclusión para personas excluidas del circuito de los bancos tradicionales.

En ese sentido, la firma PedidosYa informó que comenzó a ofrecer préstamos a comercios en 2022 y a repartidores en 2024. Según la empresa, desde entonces otorgó 57.000 créditos por un total de US$- 84 millones (de los cuales el 54% correspondió a comercios adheridos). Para los repartidores, las líneas tienen un plazo de seis meses y las cuotas no pueden superar el 30% de los ingresos generados dentro de la plataforma.

Del otro lado, el sindicato SiTraRepA cuestiona el esquema. Su secretaria general, Belén D’Ambrosio, advirtió que algunas fintech promocionadas por las aplicaciones ofrecen créditos con costos extremadamente elevados.

«La situación es la de una dependencia muy grande hacia las empresas. Trabajamos entre 10 y 12 horas diarias solo para cubrir los gastos fijos. Las empresas utilizan un algoritmo que mide la productividad para definir el crédito y eso obliga a los trabajadores a esforzarse más para acceder al financiamiento», afirmó.

En esa línea, el sindicato publicó un comunicado titulado «Alerta repartidores: esclavitud financiera», difundido en X e Instagram, en el que denunció que algunas líneas para la compra de motos pueden alcanzar tasas equivalentes de hasta 700% anual y reclamó el reconocimiento de la relación laboral para facilitar el acceso al crédito formal. Las empresas mencionadas no comparten esa caracterización.

Otro dato resulta llamativo: según un relevamiento de la consultora EcoGo elaborado sobre información de la Central de Deudores del BCRA, la mora de los repartidores financiados mediante la plataforma PedidosYa alcanza el 11,7%, por debajo del 12,7% registrado en el sistema bancario tradicional y del 13% de las empresas fintech. La explicación de este indicador es simple: buena parte de estos préstamos se devuelve mediante descuentos automáticos sobre las comisiones que generan los repartidores por cada pedido completado, blindando el cobro antes de que el dinero ingrese a la cuenta del trabajador.

La combinación de empleo, ingresos y financiamiento dentro de un mismo entorno digital configura un fenómeno sin precedentes en el mercado local. El crecimiento del crédito algorítmico refleja una transformación del sistema financiero: el acceso al dinero comenzó a extenderse hacia nuevos actores tecnológicos que operan junto a trabajadores independientes, en un contexto de mayor endeudamiento de la clase trabajadora.

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