El bolsillo impulsa un cambio de hábito: la carne de cerdo gana protagonismo

La brecha de precios con la carne vacuna impulsó un cambio en la mesa. Un estudio del INTI confirmó, además, que los principales cortes son magros y tienen un perfil nutricional saludable.

El bolsillo impulsa un cambio de hábito: la carne de cerdo gana protagonismo

El cerdo dejó de ser una alternativa y se consolidó como una opción cotidiana.

Durante décadas, la carne de cerdo ocupó un lugar secundario en la mesa de los argentinos. Se consumía principalmente en forma de chacinados o durante las fiestas de fin de año, mientras la carne vacuna dominaba ampliamente la dieta. Sin embargo, esa relación comenzó a modificarse y hoy el cerdo ya no es un reemplazo ocasional, sino una de las proteínas que más terreno ganó en los hogares.

El principal motor del cambio fue el bolsillo. La fuerte suba de la carne vacuna amplió la diferencia de precios con el cerdo y llevó a muchas familias a incorporarlo cada vez con mayor frecuencia. A esa ventaja económica se sumaron una mayor oferta de cortes frescos, un cambio en los hábitos de consumo y, más recientemente, un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) que respaldó con evidencia científica sus propiedades nutricionales.

El resultado es una transformación que ya se refleja en las estadísticas. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el consumo de carne porcina pasó de 6,22 kilos por habitante en 2006 a 18,89 kilos en 2025, un crecimiento del 171% en dos décadas. Desde el sector aseguran que actualmente ya supera los 20 kilos por persona y proyectan que podría alcanzar los 28 kilos hacia 2032.

En paralelo, el consumo de carne vacuna descendió hasta 47,3 kilos por habitante, uno de los niveles más bajos de las últimas décadas.

El precio abrió la puerta

Para el director ejecutivo de la Federación Porcina Argentina, Agustín Seijas, la explicación del fenómeno comienza por una sola variable. «La puerta de entrada al cerdo siempre fue el precio«, resumió.

Según explicó, la diferencia con la carne vacuna, que durante años se mantuvo cerca del 30%, se amplió de manera inédita. «Históricamente la relación entre la carne vacuna y la de cerdo era una diferencia del 30%; este año llegamos a tener hasta un 120% de diferencia«, afirmó.

Uno de los momentos más representativos se produjo en febrero de este año, cuando tres kilos de pechito de cerdo costaban aproximadamente lo mismo que un kilo de asado vacuno.

La evolución de los precios ayuda a entender el cambio. De acuerdo con datos de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Carne de Cerdo (Caicha), durante 2025 la carne vacuna aumentó 56,8%, por encima de la inflación anual (31,5%), mientras que la carne porcina subió 29,4% y el pollo 19,2%.

«Es una de las carnes que menos aumenta; combate la inflación porque mantiene precios estables desde el punto de vista productivo«, sostuvo Seijas.

El bolsillo impulsa un cambio de hábito: la carne de cerdo gana protagonismo

Del chacinado a la parrilla

El crecimiento de la demanda también modificó la forma en que se comercializa el cerdo. Cortes que históricamente se destinaban a la elaboración de fiambres y embutidos comenzaron a venderse cada vez más como carne fresca.

La nalga, la bola de lomo, la cuadrada, el cuadril y el carré hoy tienen una presencia mucho mayor en los mostradores de las carnicerías y se utilizan para milanesas, bifes, salteados y otras preparaciones de consumo diario.

«Toda la parte de la pata antes se destinaba principalmente a la industria de chacinados. Hoy el boom del consumo está en la carne fresca y toda esa producción va directamente al mostrador», explicó Seijas.

El cambio también llegó a las parrillas. «Hoy no hay ningún asado que no tenga un corte de cerdo. El pechito es el reemplazo del asado vacuno«, aseguró.

La ciencia terminó de derribar un viejo mito

Aunque el precio explica buena parte del crecimiento, el sector considera que todavía persistían prejuicios sobre el valor nutricional de la carne porcina.

Para responder a esa percepción, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) realizó un estudio, a pedido de la Federación Porcina Argentina, sobre cinco de los principales cortes producidos en el país: cuadrada, nalga, bola de lomo, paleta y bondiola.

La investigación evaluó el contenido de proteínas, grasas, colesterol, minerales y distintas propiedades tecnológicas.

Los resultados mostraron que cuatro de los cinco cortes contienen entre 2,3 y 3,3 gramos de grasa cada 100 gramos, por lo que pueden considerarse carnes magras. Además, aportan más de 19 gramos de proteínas de alto valor biológico, con todos los aminoácidos esenciales que necesita el organismo.

Otro de los hallazgos fue que predominan las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, entre ellas el ácido oleico, el mismo componente característico del aceite de oliva.

Los investigadores también encontraron que los niveles de colesterol se ubican dentro de los valores habituales para este tipo de alimentos y que los cortes presentan un índice aterogénico bajo, un indicador asociado a una mejor calidad del perfil lipídico. «Podemos afirmar, a través de la ciencia, cuál es el valor nutritivo de la carne de cerdo para que todos los consumidores lo sepan«, destacó Seijas.

Además de proteínas, la carne porcina aporta hierro de alta biodisponibilidad, zinc, magnesio, fósforo, potasio y selenio, nutrientes fundamentales para el sistema inmunológico, la salud muscular y el metabolismo.

El estudio también destacó que constituye una fuente natural de creatina, una característica especialmente valorada por quienes realizan actividad física. «Hay carne magra para los deportistas que necesitan una alimentación de ese estilo. Aporta creatina natural, lo que evita el uso de suplementos«, agregó el directivo.

Un cambio que parece consolidarse

El crecimiento del consumo también modificó los objetivos del sector. La Federación Porcina Argentina busca ampliar la presencia de esta proteína en comedores escolares y hospitales públicos, al considerar que combina un alto valor nutricional con un costo accesible. Córdoba ya incorporó la carne de cerdo dos veces por semana en los menús de los comedores escolares.

La transformación, sin embargo, excede al sector porcino.

Durante décadas, la carne vacuna fue sinónimo de alimentación en Argentina. Hoy, sin perder ese protagonismo, comparte espacio con una proteína que dejó de ser una alternativa económica para convertirse en una elección habitual.

El bolsillo fue el punto de partida. La diversificación de la oferta, el cambio en los hábitos de consumo y el respaldo científico terminaron por consolidar una tendencia que redefine, lentamente, la mesa de los argentinos.

El asado para 10 personas costó $143.900 en Córdoba y subió 1,2% en junio

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