Mucho antes de que existieran Uber, DiDi o Cabify en Córdoba ya funcionaba un negocio parecido: alquilar la “chapa” de taxi o remises y trabajar arriba de un auto ajeno. Durante años, numerosos choferes manejaron vehículos de terceros bajo esquemas diarios, semanales o a porcentaje. El dueño aportaba la licencia y el auto; el conductor, las horas de manejo. Ahora, esa lógica histórica empezó a trasladarse a las aplicaciones de viajes.
En grupos de conductores se multiplican avisos de particulares, pequeñas flotas y agencias que ofrecen vehículos listos para trabajar en plataformas. Hay alquileres diarios, semanales y acuerdos “50/50”, donde propietario y chofer comparten la recaudación. El fenómeno creció en paralelo con la regularización municipal de las apps y con un cambio fuerte en el perfil de quienes manejan.
De ingreso extra a trabajo principal
Durante los primeros años de Uber en Córdoba, muchos conductores definían la actividad como un ingreso complementario. En las charlas cotidianas con pasajeros, era frecuente escuchar que manejaban “después del trabajo” o para sumar dinero extra a fin de mes. Hoy, el escenario parece distinto.
Cada vez son más los choferes que señalan que manejar en aplicaciones se convirtió en su principal fuente de ingresos, muchas veces tras perder empleos formales o sufrir una caída fuerte del poder adquisitivo.
“Antes era mi segundo trabajo. Ahora vivo de esto”, repiten conductores que pasan más de 10 horas diarias conectados.
En ese contexto, el alquiler de autos aparece como una puerta de entrada para quienes no cuentan con capital para comprar un vehículo propio, pero necesitan un ingreso.
El auto como unidad de renta
El crecimiento del fenómeno también se refleja en la oferta. En grupos de choferes, redes sociales e incluso dentro de las propias plataformas aparecen avisos de vehículos listos para trabajar en aplicaciones. Actualmente, los valores relevados en Córdoba oscilan entre $290.000 y $450.000 semanales, según el modelo, el turno y las condiciones ofrecidas. Entre las propuestas figuran autos con GNC, mantenimiento incluido y disponibilidad por franjas horarias.
Incluso la propia plataforma Uber muestra alternativas de alquiler, con publicaciones que ofrecen vehículos desde unos $40.000 diarios o alrededor de $300.000 semanales, según el modelo y las condiciones de uso.
La mayoría de las propuestas exige licencia de conducir vigente, certificado de antecedentes penales y algún tipo de depósito de garantía. Algunas también incluyen asistencia mecánica, cobertura para pasajeros transportados y límites de kilometraje.
El esquema replica una lógica histórica del transporte urbano: alguien invierte en el activo y otro pone las horas de trabajo. Para el dueño, el auto se transforma en una unidad de renta relativamente estable. Para el conductor, en cambio, el alquiler se convierte en el primer gasto que debe cubrir antes de generar ganancias.
Entre los choferes hay un consenso casi absoluto: el negocio solo cierra con GNC. “Con nafta no te queda nada”, explicó Guillermo, conductor de Uber. Según sostuvo, muchos trabajadores ya conocen las franjas horarias más rentables, los puntos de mayor demanda y los momentos donde conviene conectarse para maximizar viajes.
El debate que ya llegó a Brasil
La expansión de este modelo no es un fenómeno exclusivamente cordobés ni argentino. A fines de mayo, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó una línea de crédito por 30.000 millones de reales —unos US$ 6.000 millones— destinada a taxistas y conductores de aplicaciones para la compra de vehículos nuevos.
Anunciamos hoje uma medida importante para taxistas e motoristas de aplicativo. O Governo do Brasil está destinando R$ 30 bilhões para o financiamento de carros novos pelo Move Brasil, via BNDES. A medida vai beneficiar trabalhadores que usam carros alugados ou têm dificuldades… pic.twitter.com/rDAzXBgM3e
— Lula (@LulaOficial) May 19, 2026
El programa busca financiar unidades de hasta US$ 30.000 y apunta a que los trabajadores puedan acceder a su propia herramienta de trabajo en condiciones preferenciales. La medida parte de una premisa sencilla: detrás del crecimiento de las plataformas existe una masa creciente de trabajadores que depende de ellas para generar ingresos.
Mientras Brasil avanza en mecanismos para facilitar el acceso a la propiedad del vehículo, en Argentina crece un mercado donde cada vez más conductores ingresan a las aplicaciones alquilando el auto con el que trabajan.
La pregunta de fondo trasciende a Uber, DiDi y Cabify. Ya no se trata solamente de movilidad urbana. Se trata de una transformación del mercado laboral, donde miles de personas encuentran en las plataformas una fuente de ingresos, pero muchas veces sin ser dueñas de la herramienta que utilizan para producirlos.
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