Mientras el fútbol mundial comienza a palpitar una nueva Copa del Mundo, una película cordobesa invita a revisitar Qatar 2022 desde un lugar lejos de los estadios, las conferencias de prensa y los protagonistas de la cancha. Nuestra Última Copa pone la mirada sobre quienes vivieron el Mundial desde el otro lado de la pantalla.
Con una duración de una hora y 52 minutos, el documental dirigido por Santiago Roldán Vigliano registra la convivencia de seis amigos que decidieron instalarse durante un mes en una casa de San Esteban, un municipio de Punilla, para seguir cada partido de la Selección Argentina. Lo que comenzó como una aventura entre amigos terminó convirtiéndose en una obra que habla de fútbol, pero también de duelo, afectos, memoria y crecimiento personal.
La historia del grupo se remonta mucho antes de Qatar. En 2006, Mariano González, Santiago Roldán Vigliano y Francisco Hernandez Piotti compartieron en el colegio el partido en el que un joven Lionel Messi marcó su primer gol en un Mundial, durante la goleada argentina ante Serbia y Montenegro. Ocho años después, Mariano y Santiago vivieron la final de Brasil 2014 junto a Pedro Romero (más tarde se convertiría en camarógrafo del documental con la productora Rolling Films y su socia Florencia Nizzo).
La idea de registrar un Mundial comenzó a tomar forma después de la conquista de la Copa América 2021. Entre bromas, conversaciones y encuentros futboleros apareció una propuesta “delirante”: ver todos los partidos juntos y documentar la experiencia. Tras una prueba piloto durante la Finalissima, el proyecto empezó a crecer.
Sin embargo, detrás de aquella aventura futbolera había algo más. Lo que comenzó como un plan entre amigos fue adquiriendo un significado inesperado. La experiencia compartida, la convivencia y el proceso creativo terminaron transformándose en un espacio de encuentro, contención y reconstrucción personal.
«Fue toda una experiencia antropológica y humana vivirla así. Sabíamos que iba a ser así, los vínculos se profundizaron», reflexiona González.
La elección de San Esteban tampoco fue casual. La mística asociada al cerro Uritorco formó parte de una búsqueda que mezclaba convivencia, introspección y experiencia compartida. Durante semanas, el grupo convivió acompañado por los equipos de cámara y por la sonidista Sofía Aldave, registrando no solo los partidos sino también las conversaciones, los silencios, los miedos y las expectativas que surgían alrededor de cada encuentro.
El proyecto se concretó gracias a un esfuerzo colectivo. A pocos días del inicio del Mundial, el financiamiento llegó mediante rifas y aportes de familiares y amigos. Algunas de las personas que colaboraron con comida, bebida o recursos ya fallecieron, pero continúan presentes en la memoria del equipo y forman parte de la historia de la película. Al universo creativo se sumó una revista pre mundial y un podcast grabado en un estudio “improvisado” en la casa de casa de San Esteban.
Filmar durante el Mundial implicaba asumir un riesgo evidente: nadie sabía cómo terminaría la historia.
«Nosotros armamos el plan de rodaje pensando que Argentina ganaba el Mundial», admite González. «Así como el fútbol es impredecible, la peli lo fue».
A medida que avanzaba el torneo, también crecía la sensación de estar registrando algo excepcional.
«En la previa era algo lúdico que disfrutamos mucho, pero también sentíamos la presión de ser mufa. Cada partido ganado era un desahogo muy grande», recuerda.
Para Mariano, el fútbol fue el punto de partida de una experiencia mucho más amplia. «El fútbol nos despierta algo lúdico», afirma. «El Mundial fue una oportunidad de ser niños». Con el tiempo, aquella búsqueda espontánea adquirió una dimensión más profesional, aunque sin perder el espíritu original.
Tras una función privada realizada a fines de 2024, la productora Cabustra se incorporó al proyecto para completar la etapa de postproducción. Actualmente, la película cuenta con la declaración de interés cultural otorgada por la Legislatura de Córdoba y se prepara para su presentación ante medios y referentes culturales en el Centro Cultural Córdoba.
En la previa del Mundial 2026, Mariano asegura que la principal expectativa del grupo no está puesta en el próximo torneo, sino en el recorrido que pueda tener la película.
«El gran gol fue haber vivido ese mes. Todo lo que venga de acá en adelante es un regalo. Por supuesto que estamos agradecidos, pero nos importa mantener el espíritu del disfrute y lo lúdico. Celebramos los logros que se fueron consiguiendo, pero no es lo que en verdad nos preocupa».
Nuestra Última Copa, más que un documental sobre la consagración argentina en Qatar, es un registro sobre cómo las personas construyen refugios emocionales en momentos difíciles y sobre la manera en que los grandes acontecimientos colectivos terminan entrelazándose con las historias más íntimas. Porque, en definitiva, el fútbol aparece acá como una excusa para contar algo mucho más profundo: la amistad, el paso del tiempo y la necesidad de conservar aquellos momentos que cambian una vida para siempre.
Primera función de Nuestra Última Copa
Miércoles 10 de junio 20.00 hs.
Av. Poeta Lugones 401, Centro Cultural Córdoba.
+info: @nuestra.ultima.copa
