Son las siete de la tarde y en algún grupo de familia aparece el mismo mensaje de siempre: «¿qué comemos?». A esta altura del año el frío no afloja y las energías tampoco sobran. No es momento de recetas que exijan tiempo ni ánimo extra. Por eso, en vez de una lista de comidas, esta es una lista de soluciones: una por cada necesidad que va apareciendo a lo largo de la semana.
Una semana sin el «qué cocino»: siete resoluciones para el frío
Lunes — la que no pide esfuerzo: sopa crema de calabaza: pocos ingredientes, una sola olla y una preparación que se puede dejar lista con anticipación, incluso el fin de semana anterior. Con pan tostado o un poco de queso por encima, se convierte en una cena completa sin haber tenido que pensar demasiado.
Martes — la de 20 minutos y ya: polenta con tuco: el clásico de los días fríos que se resuelve en poco tiempo, ideal para esos martes en los que llegar a la cocina ya es un esfuerzo. Con salsa de tomate, carne picada y queso, alcanza para dejar a todos conformes sin extender la noche. Nota de la editora: para un resultado más sabroso agregar a la preparación caldo y leche.
Miércoles — la que rinde para dos días: guiso rápido de lentejas: lentejas, papa, zanahoria, cebolla y tomate: una versión sencilla que no exige horas de cocción y que, además, deja porciones de sobra para el día siguiente.
Jueves — la que se recalienta mejor que recién hecha: pastel de papa: carne picada salteada, puré de papas y horno. Conviene cocinar una fuente grande y guardar porciones: es de esas comidas que ganan sabor de un día para el otro. Nota de la editora: para un resultado más sabroso, en mi familia le agregamos a la receta una capa de jamón.
Viernes — la que es un gusto, no una obligación: ñoquis con salsa de tomate: para cerrar la semana laboral, algo que se sienta como un premio y no como una tarea más. Usar ñoquis comprados y concentrarse en una buena salsa casera es la forma más práctica de llegar a ese gusto sin perder la tarde del viernes.
Sábado — la que se cocina con tiempo, de fondo: tarta de pollo y verduras: el sábado permite otro ritmo: una masa, un relleno cremoso y horno, con margen para hacerlo con calma. Es además una buena forma de aprovechar pollo cocido que haya quedado de otra comida durante la semana.
Domingo — la que se sirve en el medio de la mesa: pollo a la cacerola con papas: una sola olla, pollo, papas, cebolla, zanahoria y caldo, cocinado lentamente mientras pasa la tarde. El resultado es una comida abundante, de esas que se sirven en el centro de la mesa para que cada uno se sirva lo suyo — el cierre ideal para una semana de invierno.
Siete días, siete necesidades distintas, la misma pregunta resuelta de antemano. En agosto, con el frío todavía instalado y las energías bajas, no hace falta más que eso.
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