Cuando Luciano, hijo del fundador, y Florencia, su pareja, supieron que la heladería familiar había cerrado sus puertas, decidieron dejar Europa y volver a Córdoba para recuperar un legado de 36 años. Hoy son los dueños de Di Vitto Il Gelato, una marca que combina técnicas aprendidas en Italia con una fuerte apuesta por la elaboración artesanal.
«Cuando nos enteramos de que había cerrado hacía apenas un mes, dijimos: ‘Nos volvemos a Argentina y reabrimos la marca'», recuerdan.
Así nació Di Vitto Il Gelato, una nueva etapa para la heladería fundada hace 36 años por Víctor, padre de Luciano.
Un regreso con sabor a tradición
Aunque la heladería ya existía, el regreso de Luciano implicó mucho más que volver a levantar las persianas. También significó renovar la identidad del emprendimiento.
La antigua heladería se llamaba Carmelatti, pero la familia decidió comenzar una nueva etapa con otro nombre.
«Queríamos cambiar muchas cosas: la estética, incorporar un sabor del mes, hacer propuestas diferentes. Por eso también cambiamos el nombre».
Di Vitto tiene un significado especial. Tanto Luciano como su padre se llaman Víctor, y «Vito» es la versión italiana del nombre.
«En el barrio siempre decían ‘vamos al Víctor’. Nosotros simplemente lo italianizamos.»
Antes de regresar al país, Luciano pasó casi tres años perfeccionándose en Europa.
Estudió en la universidad especializada en heladería ubicada en Bolonia, considerada la única institución dedicada exclusivamente a esta disciplina, y luego trabajó como maestro heladero para una firma italiana con sede en España.
La idea era traer a Córdoba el concepto tradicional del gelato italiano, aunque rápidamente descubrieron que el consumidor argentino tiene hábitos muy diferentes.
«En Italia los helados son mucho más simples. Acá la gente busca toppings, texturas, algo crocante. Entonces tuvimos que hacer una fusión entre ambos estilos.»

Un helado artesanal desde la materia prima
Uno de los pilares de la heladería Di Vitto es elaborar la mayor cantidad posible de ingredientes desde cero. Un ejemplo es el pistacho, uno de los sabores estrella.
«Compramos el fruto entero y lo refinamos durante varias horas hasta obtener una pasta pura. Esa pasta es la que usamos para hacer el helado.»
El mismo proceso aplican a otros sabores, como el recientemente incorporado de castañas de cajú con Nutella.
«Son procesos muy artesanales. Eso sería imposible de mantener si produjéramos a una escala mucho mayor.»
Aunque la carta incluye propuestas originales, el objetivo nunca fue ofrecer sabores extravagantes.
«Tratamos de hacer algo diferente, pero sin irnos a extremos. No queremos hacer un helado de cebolla o de albahaca. Preferimos innovar dentro de lo que sabemos que le gusta a la gente.»
Por eso, sobre clásicos como el dulce de leche o el chocolate construyen nuevas combinaciones con frutos rojos, chocolates, frutos secos o ingredientes premium.
Uno de los ejemplos es Di Vitto Edición Mundial, una reversión de su tradicional dulce de leche con chocolate semiamargo, stracciatella, dulce de leche repostero y trozos de cucurucho.
La propuesta surgió a partir de una iniciativa de la Asociación Fabricantes Artesanales de Helados y Afines (AFADHYA) durante el Mundial. Como la receta era muy similar a uno de sus sabores clásicos, decidieron adaptarla para sumarse a la propuesta. «La aceptación fue espectacular», destacan.

El pistacho, mucho más que una moda
Para Luciano, el auge del pistacho responde también a una confusión instalada durante años.
«Mucha gente cree que conoce el pistacho, pero en realidad probó un helado hecho con esencia de almendra verde. Cuando prueban un pistacho puro descubren que el sabor es completamente distinto.»
Además, el pistacho es uno de los frutos secos más costosos del mundo, por lo que pocas heladerías elaboran una pasta propia en lugar de recurrir a preparados industriales.
Crecer sin perder la esencia
Aunque ya recibieron propuestas para franquiciar la marca, la familia descarta, por ahora, ese camino.
«Nos interesa cuidar demasiado el producto, la atención y la calidad. Para nosotros no es un negocio más.»
Su objetivo es crecer únicamente con locales propios.
«Cuando una marca se expande demasiado empieza a perder la magia de lo artesanal. Hay procesos que simplemente no pueden hacerse para abastecer diez heladerías.»
Para la familia, mantener esa identidad es el verdadero desafío.
«Queremos que la gente entienda todo el trabajo artesanal que hay detrás de cada sabor. Eso es lo que nos representa.»
A 36 años del inicio de la historia familiar, Luciano y Florencia buscan demostrar que todavía hay lugar para un helado elaborado de manera artesanal, con materias primas seleccionadas y procesos que, según sostienen, no pueden replicarse a gran escala. Esa es, aseguran, la esencia que quieren preservar en cada nueva etapa de Di Vitto Il Gelato.









