El fenómeno Milei funcionó de una manera extraordinaria consumiendo un combustible eficaz: el sentimiento negativo. El miedo, la bronca, el horror por lo pasado, el resentimiento y la urgencia por encontrar un camino nuevo, incluso bajo el riesgo de perder mucho de lo que se tiene. Fue una ocasión que tal vez no se repita más allá de lo votado en octubre del 2025 donde lo que ocurrió en cada provincia no puede extrapolarse a todo el país.
Los números que el equipo económico nacional intenta exponer como muestra de la recuperación económica son cuestionables o, cuando menos, errados en su intención. Si sectores como el agro, la minería y las exportaciones industriales mejoraron su performance el derrame siempre declamado nunca termina de llegar a la economía en su base real: las familias. Desconocer el profundo problema que representa el miedo o la certeza de la desocupación, el endeudamiento con tarjetas de crédito o préstamos de baja monta pero irremontables para sueldos menguados y el consumo que no repunta y deja un tendal enorme en comercios minoristas y de cercanía. Este último punto explica la caída sin freno de negocios que se nutren de la rueda virtuosa de un mercado que le debe dar oportunidades a todos de sustentarse. Almacenes, carnicerías, verdulerías, kioscos, librerías están al tope del cierre de bocas en el ránking del comercio minorista.
¿Por qué la caída económica no se traduce en otra cosa? Tal vez la explicación se encuentre en la uberización de la economía que permite convertir al auto familiar en un vehículo de alquiler por algunas horas, o la moto en un rebusque de reparto o a Mercado Libre o el Marketplace de Facebook en una vidriera de bajo costo para el emprendimiento familiar. Eso le sigue dando aire a un gobierno nacional que nunca sintoniza con la micro y tal vez nunca lo haga porque no parece importarle mucho.
Lo que le da aire al gobierno nacional se lo quita a las administraciones municipales que deben responder a vecinos cada vez más demandantes de ayuda o servicios como salud que antes pagaban y ahora exigen a los hospitales públicos. O a las provincias que deben suplir con recursos las partidas que antes aportaba el gobierno central: discapacidad, medicamentos, subsidios al transporte o ayuda social.
Llaryora sigue en modo mirar y no tocar
Por el momento el gobernador lee encuestas que marcan una caída sostenida y firme en la imagen de Milei que tiene un porcentaje de negativa y regular del 64 por ciento. Números casi tan malos como los de Macri en la segunda mitad de su mandato, y todos recuerdan cómo fue ese derrotero del ex presidente. Confiado en que el deterioro del libertario será progresivo elige posicionarse a favor de la universidad pública, de reforzar partidas para discapacidad o avanzar en obras de baja envergadura pero que muestren preocupación por los vecinos de pueblos y ciudades.
Donde tampoco deje de mirar, pero sin involucrarse directamente en las movidas de la oposición que muestra signos de fragmentación creciente. Por un lado, Bornoroni se muestra en gira por la provincia apuntalando su nombre pero pendiente de una interna que atraviesa a la Casa Rosada y a sus referentes políticos: Karina Milei y Martín Menem están expuestos al fuego cada vez más directo de Santiago Caputo. El estacionero juega a hacerse el distraído y esquiva las respuestas a preguntas concretas sobre la tensión en el gobierno.
Por su lado, Luis Juez no esquivó la consulta y dijo “no estoy de acuerdo” cuando le preguntaron si creía que Manuel Adorni debía seguir en el cargo. Lo hizo en el programa Voz y Voto y mostró un desalineamiento notable con los hermanos Milei que insisten en sostener al Jefe de Gabinete a pesar de los gastos y compras que no pudo justificar con su declaración jurada.
Por el lado de la UCR desde el Panal miran a Rodrigo de Loredo oscilando entre la interna opositora que piden al arco no peronista y la interna partidaria que le reclaman algunos radicales y Ferrer esquiva incómodamente. En el fondo, el cordobesismo sabe que mientras más tiempo pase sin resolver ese punto más complicado es el panorama para el ex presidente de Arsat: nadie puede aspirar a gobernar una provincia si no puede gobernar su propio partido. También el tiempo le juega a Bornoroni que tiene su suerte atada al destino de la administración de LLA.
También para Juez corre el tiempo pero esta vez puede jugarle a su favor. La habilidad para el desmarque que tiene el senador puede permitirle una jugada de último minuto si Patricia Bullrich sigue distanciandose de Milei. La compañera de bancada tiene las mismas virtudes para cambiar a tiempo cuando siente que un modelo se agota o empieza a resquebrajarse. La ex ministra de seguridad fue excluida de las reuniones de gabinete y si sigue distanciándose de la Rosada podría encontrar en Juez un aliado clave en la provincia. ¿Le sirve al ex intendente que sólo sueña con la gobernación una alianza de este tipo? Solo el tiempo, que corre para todos, tiene la respuesta.
