El caso Fernando Cerimedo es, antes que nada, una historia sobre poder. Sobre ese poder que en la política contemporánea rara vez aparece en las fotografías oficiales, que no siempre tiene despacho ni cargo, y que muchas veces resulta más difícil de rastrear que el de un funcionario. Cerimedopertenece a esa nueva generación de operadores que entendieron que la política había cambiado antes de que buena parte de la dirigencia tradicional lo hiciera. Que una campaña ya no se ganaba solamente recorriendo barrios, contratando publicidad o participando de debates televisivos. Que había que dominar las redes, construir comunidades, producir relatos y, sobre todo, aprender a convertir -o directamentefabricar- la indignación en combustible de capital político.
En Argentina encontró en Javier Milei el vehículo perfecto para ese nuevo tipo de política. Cerimedo estuvo cerca del ascenso del actual presidente argentino y fue una figura importante en el ecosistema digital que acompañó la campaña de 2023. Pero su historia no terminó con la llegada de Mileia la Casa Rosada. Por el contrario, su actividad se proyectó hacia otros países y lo convirtió en una figura que excedía las fronteras de la política argentina. Fue un jugador fundamental en Bolivia para el ascenso del actual presidente Rodrigo Paz, para el también mandatario José Antonio Kast en Chile -cuyos vínculos están ahora siendoinvestigados por el congreso chileno- y para el bolsonarismo brasileño.
La nueva derecha latinoamericana comenzó a compartir consultores, lenguajes, métodos y herramientas. Lo que antes eran fenómenos nacionales empezó a convertirse en una suerte de espacio político transnacional. Y Cerimedo estuvo en el medio de varias de esas conexiones. Por eso su detención en Bolivia tiene una dimensión que excede ampliamente la causa penal. La acusación porsi sola, por supuesto, es gravísima. Su expareja Nadia Beller fue atacada a tiros por dos sicarios disfrazados de repartidoresy sobrevivió. La Justicia boliviana investiga la posible responsabilidad de Cerimedo, quien niega las acusaciones. Su defensa sostiene, incluso, que el ataque pudo haber sido parte de una operación política en su contra por parte de “la izquierda”.
Pero mientras los tribunales intentan determinar qué ocurrió aquella tarde en Santa Cruz de la Sierra, la opinión públicadebería preguntarse algo diferente. ¿Cómollegó un consultor político argentino a tener semejante nivel de acceso e influencia en distintos gobiernos de la región? La respuesta permite comprender bastante mejor el momento político latinoamericano. Durante mucho tiempo imaginamos el poder como algo relativamente sencillo de identificar. Un presidente, un ministro, un legislador, un partido, una organización empresarial. El poder tenía nombres y cargos. Eso está cambiando. Hoy existe una clase de intermediarios que pueden tener una influencia enorme sin ocupar formalmente ningún lugar en el Estado.
Hoy, casi tan -o a veces incluso más- importantes como los dirigentes políticosson los consultores, los estrategasdigitales, los dueños de medios, losinfluencers y los operadores de toda índole.Se trata, en el mejor de los casos, de personas capaces de diseñar una campaña en Buenos Aires, asesorar a un candidato en La Paz y tanto de participar como de fabricardesde cero guerras culturales en redes sociales que se reproducen simultáneamente en Santiago, Brasilia o Madrid. Pocastrayectorias encarnan e ilustran tan bienesta situación como la de Cerimedo, quien, a su vez, no actuaba solo sino que era piezaclave de un ecosistema de medios mayormentedigitales cuyo rol era crear opinión públicay generar un clima favorable a la irrupciónde liderazgos de extrema derecha. El propioCerimedo lo decía: “Nosotros hacemoscampañas negativas”.
Sucede que las derechas latinoamericanas aprendieron a funcionar como una red antes de que sus adversarios entendieran que estaban frente a una red. Nunca se trató de fenómenos aislados sino de una guerracultural cuidadosamente armada desde centrosde poder real y ejecutada por la mano de obra de las granjas de los trolls. Por eso ahora resulta tan importante observar qué ocurre cuando uno de sus nodos queda expuesto. La primera reacción es laprevisible, todos empiezan a tomar distancia. Los antiguos socios se convierten en conocidos lejanos. Los colaboradores pasan a ser personas con las que «alguna vez» se trabajó. Incluso, el propio socio histórico de Cerimedo, Javier Negre, afirmóque La Derecha Diario no le pertenece al consultor caído en desgracia porque le vendió todas las acciones horas antes de caer detenido.
Cerimedo es una figura clave para entenderquién produce los contenidos que después millones de personas consumen como si fueran espontáneos. Quién puede entrar a una Casa de Gobierno sin ocupar un cargo. Y quiénesson los hombres y mujeres que se encuentran detrás de los dirigentes que vemos todos los días. La acusación judicial tendrá su propio recorrido y serán los tribunales los que determinen responsabilidades. Pero la historia política ya está planteada. PorqueCerimedo no es solamente un delincuente. También es el lugar donde, por un momento, podemos ver cómo funciona una parte del poder que normalmente permanece invisible. Y en una época en la que la política parece ocurrir cada vez más en las pantallas, entender quién controla las redes detrás de los políticos puede ser tan importante como saber quién ocupa el despacho presidencial.
