El silencio de los parlamentarios

Según el informe anual elaborado por Parlamentario.com, en el recinto hubo largos debates pero hubo un grupo de diputados cerró el año pasado con una participación verbal mínima o directamente inexistente.

parlamentarios

A pesar de que el Parlamento es el ámbito institucional donde están representados los distintos sectores políticos y allí deben expresarse todas las voces de las que se nutre (o debería nutrirse) una sociedad plural y democrática, llama la atención que muchos parlamentarios hayan permanecido todo el año legislativo 2025 sin hablar o prácticamente sin hablar, de modo tal que ni siquiera se les pueda reconocer su voz en el Congreso de la Nación.

Según el informe anual elaborado por Parlamentario.com, a partir de versiones taquigráficas de la Cámara de Diputados, para el índice de “Calidad Legislativa”, mientras que en el recinto hubo largos debates, varias sesiones especiales, reuniones informativas e incluso la interpelación al entonces jefe de Gabinete Guillermo Francos por el caso “LIBRA”, un grupo de diputados cerró el año pasado con una participación verbal mínima o directamente inexistente.

En concreto, entre el 1° de marzo y el 30 de noviembre se pronunciaron en la Cámara baja un total de 1.149.895 palabras, en el que fuera uno de los períodos ordinarios más activos para un año electoral desde el 2017. Sin embargo, 17 diputados terminaron el 2025 sin pronunciar una sola palabra, ni siquiera para aclarar el sentido de sus votos. Y a ellos se deben sumar más de 40 legisladores que apenas llegaron a emitir un número muy limitado de palabras durante esos meses.

Los diputados que se mantuvieron en silencio

El grupo más extremo está integrado por 17 diputados que siempre se mantuvieron en absoluto silencio. Entre ellos, hay 8 representantes de La Libertad Avanza, a saber: Pablo Ansaloni, Rocío Bonacci, Facundo Correa Llano, Nicolás Emma, Florencia Klipauka Lewtak, Lorena Macyszyn, Guillermo Montenegro y Carolina Píparo.

Por su parte, Unión por la Patria aportó otros 8 diputados silenciosos. Ellos fueron: Tanya Bertoldi, Celia Campitelli, José Gómez, Magalí Mastaler, Marcela Passo, Julio Pereyra, Brenda Vargas y la cordobesa Gabriela Estévez. Este lote se completa con la legisladora Nancy Ballejos, perteneciente al bloque del PRO.

Dos casos merecen ser particularmente destacados: En primer lugar, el de la libertaria Rocío Bonacci, que completó su segundo año como parlamentaria sin intervenir ni una sola vez en el recinto. Y el segundo, más lapidario aún, fue el del peronista Julio Pereyra, que concluyó invicto su mandato, sin haber pronunciado palabra alguna durante sus cuatro años como diputado nacional.

Los diputados de pocas palabras

Existe otro pelotón de diputados que tuvo una participación mínima o meramente circunstancial en los debates. Se trata de legisladores que en el trascurso del año emitieron menos de 100 palabras. Entre ellos figuran: María Sotolano, del PRO, con 62 palabras; Daniel Vancsik, de Innovación Federal, con 25; Yamila Ruiz, también de Innovación Federal, con 24; y Jorge Avila, de Encuentro Federal, con 22 vocablos.

Con sólo 13 palabras aparecen los registros de Ricardo Daniel Daives, de Unión por la Patria; y la tucumana Elia Marina Fernández, del bloque Independencia. A los anteriores se agregan Gabriel Chumpitaz, de Futuro y Libertad, con 11 palabras; y el cordobés Ignacio García Aresca, de Encuentro Federal, con 10. Nueve fueron las pronunciadas por los diputados Juan Carlos Polini, Marcela Antola y curiosamente el experimentado Emilio Monzó, ex PRO, quien presidiera la Cámara durante la gestión presidencial de Mauricio Macri.

Más abajo en la lista se ubican Gabriela Besana y Sofía Brambilla, con ocho palabras cada una de ellas. Una más que las emitidas por Jorge Antonio Romero y Aníbal Tortoriello. Luego continúan Romina Diez y Estela Mary Neder, con seis; y Luis Basterra, Gerardo González, Luciano Laspina, María Luisa Montoto y Florencio Randazo, con cuatro. Y con tres figuran: Belén Avico, Beltrán Benedit, Alejandro Bongiovanni, María Florencia De Sensi, Carlos García, Roxana Monzón, María de los Angeles Moreno, Nilda Moyano, José Carlos Núñez, Verónica Razzini, César Treffinger y Natalia Zabala.

Increíblemente, Hilda Aguirre y Ramiro Fernández pronunciaron apenas dos palabras en todo el año. Por último, los legisladores Héctor Baldassi, Emmanuel Bianchetti, Jorge Chica Muñoz, Dante López Rodríguez, Gisela Marziotta, María Graciela Parola, José Federico Tournier y Martín Iván Yeza, cuentan con una sola palabra en su haber durante el 2025.

La mayor parte de esos registros mínimos no respondió siquiera a discursos formales, sino a intervenciones obligadas para informar el sentido de sus votos. Es decir que hubo al menos 40 diputados que no intervinieron en ningún debate y únicamente rompieron el silencio para aclarar el sentido de sus votos, manifestando “afirmativo” o “negativo”, según el caso.

La diferencia es más técnica que política. En el primer caso, los representantes no dijeron absolutamente nada, manteniendo un silencio sepulcral. Y en el segundo, solamente dejaron asentado cómo votaban. En definitiva, estamos en condiciones de aseverar que en el 2025 hubo unos 60 diputados que tuvieron una participación verbal nula o prácticamente nula en el recinto. Esto representa casi el 25% del total de los miembros de la Cámara.

Los diputados que más parlaron

La contracara de aquel nutrido grupo estuvo representada por Martín Menem, que volvió a encabezar el ranking con 84.977 palabras, favorecido visiblemente por su rol como presidente del Cuerpo, desde donde interviene -en forma permanente- para conducir el debate y conceder el uso de la palabra. Detrás del riojano se ubicó Germán Martínez, quien se desempeña como jefe de la bancada peronista, con 33.991; seguido de cerca por Christian Castillo, del Frente de Izquierda, con 33.932 palabras.

También se destacaron los diputados Nicolás Massot, Miguel Angel Pichetto, Juan Manuel López, Pablo Juliano, Nicolás del Caño y Victoria Tolosa Paz. Una vez más, los representantes del bloque de Izquierda demostraron tener una presencia muy alta en los debates, en comparación con los demás bloques parlamentarios.

Este contraste no hizo más que poner en evidencia a los silenciosos, ya que mientras algunos diputados acumularon miles de palabras en el año, otros atravesaron todo el período ordinario de sesiones sin intervenir o con una mínima participación, tal como quedara demostrado en los párrafos precedentes.

Ciertamente, estos datos no son suficientes por sí mismos para medir la calidad del trabajo legislativo. Hablar mucho en el recinto no implica necesariamente hacerlo bien o ser mejor diputado, del mismo modo que tener una baja exposición oral no alcanza para calificar negativamente una tarea parlamentaria. La elaboración y presentación de proyectos, la actividad en comisiones y la negociación política también forman parte de la función legislativa.

No obstante, el recinto es el escenario central de la representación política, el lugar donde los diputados defienden o critican los proyectos, fijan y argumentan sus posiciones, y dejan asentada su voz en cada uno de los debates que, se supone, impactan e importan a la sociedad. Por eso, que haya tantos legisladores que durante un año entero permanecieran sin hablar o prácticamente sin hablar, es algo que no debería pasar inadvertido.

 

 

 

 

Salir de la versión móvil