Cuando la mayoría de la gente escuchó hablar de Hantavirus por primera vez, Carolina Romagnoli, ingeniera industrial y directora de la Fundación ADMA, llevaba ya más de quince años explicando en escuelas, asilos y municipios de toda la provincia que los animales y los seres humanos compartimos algo más que el espacio: también podemos llegar a compartir enfermedades. «La zoonosis no es un tema nuevo», podría decirse que resume su postura. Lo nuevo es que ahora la gente lo escucha.
ADMA, Amigos Del Mejor Amigo, nació antes de existir legalmente. Desde 2008, un grupo de mujeres en Alta Gracia comenzó a trabajar para cambiar la realidad de los animales en situación de calle. En 2012, ese esfuerzo se consolidó como fundación. Lo que empezó como un trabajo de rescate y castración se transformó en una estructura profesional presente hoy en 14 municipios de Córdoba, con veterinarios, educadores caninos, voluntarios de distintos perfiles y una red de protocolos que permite operar con consistencia y generar un cambio posible.
De la ingeniería a los animales
Que una ingeniera industrial esté al frente de una organización de bienestar animal no es el detalle pintoresco que podría parecer. Es, en realidad, la clave de cómo funciona ADMA. La mirada de Romagnoli sobre la institución es sistémica: cada acción tiene un protocolo, cada voluntario tiene un rol claro, y los procesos están diseñados para que las tareas no se «pisen» entre sí, como ella misma explica. Así, desde el pesaje correcto de un animal para administrar la dosis exactas de medicamento hasta la organización de las jornadas de castración, todo responde a una lógica estructural que evita errores críticos.
«Todas las carreras tienen una mirada social que debe aplicarse a la realidad», sostiene la directora.
Bajo su conducción, la fundación pasó de ser un grupo que simplemente rescataba animales a convertirse en una entidad que asesora a 14 municipios en políticas de salud pública, firma convenios con universidades, como el que permite a estudiantes del último año de veterinaria de la Universidad de Villa María realizar sus prácticas en la institución, y lleva sus protocolos de trabajo hasta la Ciudad de Córdoba, donde participaron activamente en la transformación del antiguo zoológico en el actual Parque de la Biodiversidad.
Zoonosis: lo que el Hantavirus puso en primer plano
La zoonosis es la transmisión de enfermedades entre animales y seres humanos. Puede ir en ambas direcciones. El Hantavirus, transmitido principalmente por roedores, es uno de los ejemplos más recientes que llegó a los titulares argentinos, pero el espectro es mucho más amplio: la rabia, grave, sin cura una vez que el cuadro se agrava, pero prevenible con una vacuna gratuita, anual y obligatoria que gran parte de la sociedad aún desconoce, la sarna, las infecciones por mordeduras, y otras enfermedades circulan en el límite entre especies.
ADMA lleva desde 2008 incorporando este enfoque en sus actividades. «Tener animales sanos hace que tengamos una población sana», repiten sus directivos con una insistencia que no es slogan sino diagnóstico. Su trabajo en la ciudad de Alta Gracia lo avala: la localidad registra uno de los porcentajes de vacunación antirrábica más altos de la provincia, superando en ocasiones incluso los números de los entes oficiales.
Mientras la información sobre zoonosis recién empieza a circular masivamente, impulsada en parte por el brote de Hantavirus, la fundación ya acumula casi dos décadas de campañas de concientización que pocos organismos de la provincia pueden igualar en continuidad y alcance territorial. La fundación aclara que, si bien conocen la enfermedad, no han tenido casos registrados dentro de su ámbito de actuación; lo que subrayan es que la prevención no puede esperar a que los brotes lleguen a los titulares.
Educación, inclusión y la apuesta por el largo plazo
La labor de ADMA trasciende los centros de castración. Sus charlas llegan a todos los niveles educativos, desde jardines de infantes de cuatro años hasta sexto año de la secundaria, y adaptandose a cada contexto: «no es lo mismo hablar con niños pequeños que con adolescentes de secundaria, y no es lo mismo una escuela que un centro vecinal o un merendero». Los temas van desde la vacunación antirrábica hasta la tenencia responsable, la castración y el respeto por los animales como seres sintientes.
En los geriátricos y clubes de abuelos, el enfoque es distinto pero se integra. La fundación lleva animales entrenados, que no salten, que no realicen movimientos bruscos, y les asigna a los adultos mayores tareas concretas: cambiarle el agua al perro, darle de comer durante la visita. El objetivo es devolverles un sentido, otorgarles no solo una compañía, sino también un motivo para levantarse.
La fundación también trabaja con organizaciones de personas con discapacidad, generando un vínculo terapéutico mutuo entre los animales rescatados y los participantes.
Y cuando fue necesario, la fundación también llegó hasta la justicia: en noviembre de 2022, ADMA llevó adelante el operativo para cerrar un criadero clandestino de 41 perros de raza Bulldog, regentado por un veterinario. Lograron que la causa fuera tratada como 41 casos individuales de maltrato, no como un solo hecho, sentando un precedente sobre el reconocimiento de los animales como seres sintientes y no como objetos de comercio. El proceso, largo y costoso, llegó al Tribunal Superior de Justicia y sigue su curso.
Dos horas alcanzan
Uno de los mensajes más disruptivos de ADMA es también el más sencillo: para colaborar, no hace falta adoptar un animal ni disponer de jornadas completas. «Cualquier persona, desde su lugar, puede aportar», afirma Romagnoli. Dos o tres horas por semana son suficientes para generar un cambio real.
Lo que eso significa en la práctica varía mucho. Hay quienes limpian la sede, «la casita», como llaman al espacio de Alta Gracia, y ese trabajo es considerado tan esencial como el del veterinario, porque un ambiente limpio es lo que evita que los animales se reinfecten. Hay quienes dan charlas en escuelas. Hay quienes pasean perros o los visitan como padrinos para darles afecto mientras esperan una adopción. Otros gestionan redes sociales, administran protocolos, aportan sus conocimientos de carpintería o herrería, o se suman como médicos.
Incluso, los niños que no pueden tener mascotas en sus casas también tienen lugar: algunos van a la sede todos los días a acariciar y pasear a los perros, y eso, dice la fundación, les da «una vuelta a la vida».
Cómo sumarse
Para quienes quieran ser parte de ADMA como voluntarios, el camino empieza por las redes sociales de la fundación, donde se puede consultar el protocolo de incorporación y conocer las tareas disponibles según el perfil y la disponibilidad de cada persona. La fundación tiene sede en Alta Gracia y en Villa Parque Santa Ana, y trabaja con 14 municipios de Córdoba.
También se pueden realizar donaciones económicas destinadas a rescates, tratamientos médicos, operativos y causas judiciales, o incluso colaborar con materiales de uso cotidiano. Entre los elementos más necesarios aparecen cartones, mantas y artículos de limpieza, que ayudan al funcionamiento diario de la fundación.
Razón social: FUNDACION AMIGOS DEL MEJOR AMIGO – ADMA
Nro. de cuenta: Cuenta Corriente Especial $ 10471092415280
CUIT: 30714274364
CBU: 0110109240010924152808
Alias CBU: DELFIN.CHACRA.MORADO
Porque como demostró ADMA en casi dos décadas de trabajo en Córdoba: el bienestar animal no es un tema aislado ni secundario. Es una forma de construir salud pública. Y, a veces, el cambio empieza apenas con unas pocas horas y la decisión de involucrarse.
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