Día Internacional de la Juventud: por qué «ser joven» nunca significó lo mismo para todos

Cada 12 de agosto, el mundo celebra el Día Internacional de la Juventud, una fecha que busca visibilizar los desafíos que atraviesan las nuevas generaciones y, al mismo tiempo, reconocer su capacidad para transformar la sociedad. Más que una cuestión de edad.

Día Internacional de la Juventud: por qué "ser joven" nunca significó lo mismo para todos

La juventud es diversidad, participación y futuro, pero también una etapa atravesada por desigualdades que obligan a muchos a asumir responsabilidades demasiado pronto.

Cada 12 de agosto, el calendario internacional pone el foco en una de las fuerzas sociales más dinámicas: «la juventud». La fecha invita a celebrar su energía, creatividad y capacidad de imaginar nuevos caminos, pero también a detenerse en los obstáculos que millones de jóvenes enfrentan para estudiar, trabajar, participar y proyectar su futuro.

El Día Internacional de la Juventud fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, a partir de una recomendación surgida de la Conferencia Mundial de Ministros Responsables de la Juventud realizada en Lisboa en 1998. La primera celebración tuvo lugar el 12 de agosto de 2000. El objetivo es llamar la atención de la comunidad internacional sobre las problemáticas juveniles y promover su participación como actores fundamentales de la sociedad.

La elección de esta fecha no fue un hecho aislado. Desde 1965, Naciones Unidas venía trabajando sobre cuestiones vinculadas con la juventud y había señalado tres ejes fundamentales: «participación, desarrollo y paz». En 1985, además, se celebró el Año Internacional de la Juventud bajo esa misma consigna.

¿Qué es realmente una generación y qué significa ser joven?

Hablar de juventud no es sencillo. Naciones Unidas utiliza, con fines estadísticos, el rango de 15 a 24 años, aunque reconoce que no existe una definición internacional única y universal de juventud. 

Los estudios sociales permiten ir todavía más lejos. El sociólogo Pierre Bourdieu planteó que las fronteras entre juventud y vejez no son completamente naturales ni inmutables, sino que también se construyen socialmente. La edad biológica existe, pero las expectativas, responsabilidades y posibilidades asociadas a cada etapa dependen de la sociedad, la época y la posición que cada persona ocupa en ella.

Por eso, no existe una única manera de vivir la juventud. No tiene las mismas oportunidades quien estudia y cuenta con respaldo familiar, que quien debe ingresar tempranamente al mercado laboral; tampoco atraviesan las mismas experiencias quienes viven en contextos sociales y económicos diferentes.

El investigador Felipe Ghiardo también advierte sobre esta diversidad: incluso dentro de un mismo grupo etario existen trayectorias muy diferentes, marcadas por el trabajo, la educación, las condiciones económicas y las posibilidades de acceso a distintos recursos.

En ese sentido, hablar de “la juventud” como si fuera un grupo homogéneo puede ocultar una realidad mucho más compleja. Hay juventudes diversas, con distintas historias, aspiraciones y formas de relacionarse con el presente y el futuro. Los propios estudios sobre generaciones muestran que los límites de la juventud fueron cambiando históricamente y que incluso existen diferentes criterios para determinar cuándo comienza y cuándo termina.

La juventud suele asociarse con proyectos, descubrimientos y posibilidades. Es una etapa en la que muchas personas comienzan a definir sus estudios, su profesión, sus vínculos y su independencia. Pero esas decisiones no se toman en un vacío: están condicionadas por un contexto social y económico.

La educación, el acceso al empleo, la tecnología, la cultura y las condiciones económicas pueden abrir caminos muy diferentes para personas de una misma edad. Ghiardo señala justamente que la distribución desigual de recursos también genera diferencias dentro de la propia población joven.

Por eso, el Día Internacional de la Juventud no debería limitarse a una celebración simbólica. También funciona como una oportunidad para preguntarse qué condiciones necesita una sociedad para que sus jóvenes puedan ser jóvenes.

La ONU sostiene, además, que la imaginación, los ideales y la energía de las nuevas generaciones son fundamentales para el desarrollo de las sociedades. También destaca su capacidad para participar en la construcción de la paz, impulsar cambios sociales, aportar innovación y contribuir al desarrollo sostenible.

Una generación que cambia la mirada

Pero hablar de juventud también obliga a mirar como cada vez son más los jóvenes que deben dejar de serlo demasiado pronto. Las desigualdades económicas y sociales hacen que, para muchos, esta etapa no pueda vivirse como un tiempo de exploración, aprendizaje, imaginación y construcción de proyectos, sino como el momento en que deben asumir responsabilidades propias de la adultez para garantizar su subsistencia.

Cuando las oportunidades están condicionadas por el origen social, estudiar puede convertirse en un privilegio, conseguir un empleo digno en un desafío y proyectar un futuro en algo difícil de imaginar. Quienes deben trabajar desde muy temprano, sostener un hogar, cuidar a otros o enfrentar diariamente la preocupación por cubrir las necesidades básicas tienen cada vez menos espacio para aquello que también debería formar parte de la juventud: probar, equivocarse, crear, participar, soñar y comprometerse con algo que vaya más allá de sobrevivir.

Así, la juventud deja de ser únicamente una cuestión de edad y se convierte también en una cuestión de oportunidades. No todos pueden permitirse el mismo tiempo para descubrir quiénes son ni para imaginar quiénes quieren llegar a ser. Y allí aparece una de las grandes preguntas que deja esta efeméride: ¿cuánto de juventud puede vivirse cuando las condiciones socioeconómicas te obligan a crecer antes de tiempo?

Celebrar el Día Internacional de la Juventud implica entonces algo más que reconocer la energía y las ideas de las nuevas generaciones. También significa defender su derecho a tener oportunidades, a equivocarse sin que una caída implique quedar excluidos, a estudiar, crear, participar y proyectar. Porque ser joven no debería ser un privilegio, sino una etapa de la vida que todos tengan la posibilidad de disfrutar y vivir.

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