En el último tiempo, la opción de emprender ha tomado mucha fuerza entre los argentinos. Para muchos es una oportunidad de generar ingresos extra, de desarrollarse personalmente o simplemente de supervivencia frente a un mercado laboral cada vez más difícil. En Córdoba, ese fenómeno atraviesa edades, sectores y trayectorias: desde jóvenes que dan sus primeros pasos con una idea y una cuenta de Instagram, hasta adultos que reconvierten saberes, oficios o experiencias laborales en proyectos propios. Hoy, ser emprendedor es una identidad que crece con fuerza entre jóvenes y adultos por igual.
Detrás de esa transformación hay una combinación de factores: un contexto económico que empuja a buscar alternativas, una nueva generación que reivindica la autonomía y el propósito por sobre la relación de dependencia, y políticas públicas provinciales que, según sus impulsores, están dando resultados concretos.
Un cambio también cultural
Uno de los cambios más profundos de los últimos años no es tecnológico ni económico, sino cultural. Así lo entiende Natalia Yubel, directora general de Desarrollo Emprendedor de la Provincia, quien en diálogo con Hoy Día Córdoba señaló que el gran quiebre fue el momento en que los propios protagonistas empezaron a reconocerse como emprendedores.
«Antes a lo mejor era ‘voy a poner una fábrica de mates’. Ahora es ‘voy a emprender en el rubro de los mates’. Hay un cambio de perspectiva absoluta cuando uno se reconoce en primer lugar como emprendedor«, explica. Según ella, ese reconocimiento no es menor: «Hay mucha gente que emprendía sin saber que estaba emprendiendo, sin ponerle nombre y apellido a su rol. Cuando uno toma esa identidad y se hace cargo, cambia muchísimo la mirada y, por ende, las acciones que vienen a partir de eso».
A su vez implica una transformación en la forma de encarar los proyectos: desde la planificación hasta la búsqueda de herramientas. “Se accede a capacitaciones, mentorías, financiamiento y espacios de vinculación. Todas estas herramientas hacen que también cambie la forma de emprender y levantan la calidad de cualquier propuesta que generen los emprendedores”, agrega.
En la misma línea, el presidente de la Agencia Córdoba Joven, José Scotto, señala que la cultura emprendedora “forma parte de la identidad de los jóvenes cordobeses” y que, en contextos económicos complejos, esa actitud “se potencia”. Según datos del organismo, en 2025 más de 8 mil jóvenes se inscribieron en el curso virtual “Puesta en marcha de mi Emprendimiento” y otros 820 participaron de instancias presenciales en 17 localidades. La expansión de programas como Córdoba Emprendedora —que reúne a más de 20 mil personas en toda la provincia— muestra, desde el sector público, un intento por acompañar ese proceso con formación, financiamiento y redes de contacto.
Si hay un punto de consenso entre funcionarios y emprendedores es que la motivación económica sigue siendo central. “Todo emprendimiento necesita vender. Si no, es un hobby”, sintetiza Natalia.
Sin embargo, esa necesidad convive con otros motores que ganaron peso, especialmente entre los más jóvenes: la búsqueda de autonomía, el deseo de organizar el propio tiempo y, sobre todo, el propósito. “Hay una intención de generar valor, de aportar soluciones, de construir algo con sentido”, explica.
La historia de Ana Belén Maresu, de 34 años, refleja con precisión esa combinación de necesidad y vocación. Hace nueve años creó “Tatu”, un emprendimiento textil enfocado en maternidad y primeras infancias, y lo hizo en medio de un año devastador: robo, cierre de un local, pérdida de ahorros y un embarazo. Lo que comenzó con una máquina doméstica y tutoriales en internet se transformó, con el tiempo, en un proyecto con identidad propia. «Emprendí por necesidad y me quedé porque realmente me devolvió un montón de cosas que había perdido. Me volví a encontrar, encontré una pasión, encontré que me gustaba muchísimo diseñar, coser, crear cosas que no existían», cuenta. Hoy es su fuente de ingresos exclusiva, tiene taller propio y terceriza parte de su producción a otras dos emprendedoras.
Su diferencial está en la producción de ropa para bebés prematuros, un nicho que descubrió tras un proceso de búsqueda y contacto directo con familias. “Quiero ser la marca que acompañe a esas familias en un momento muy difícil. No es solo vender ropa, es transmitir un abrazo”, explica con emoción.
Las redes sociales son las nuevas vidrieras
Si antes el desafío era acceder a un local o a canales de comercialización tradicionales, hoy el escenario cambió radicalmente. Para la mayoría de los emprendedores, las redes sociales son el punto de partida y muchas veces el único canal de ventas.
“Las redes son el 100% del emprendimiento”, afirma Maresu. Su estrategia se basa en mostrar no solo los productos, sino también el detrás de escena: la maternidad, el trabajo desde casa, las dificultades cotidianas. Esa exposición muchas veces genera identificación y fideliza a los clientes.
Algo similar plantea Micaela de la Colina, de 32 años, creadora de “Más Stickers Por Favor”, que surgió como un proyecto paralelo a su empleo en relación de dependencia y creció rápidamente hasta convertirse en su actividad principal. Sin local físico, la marca se sostiene a través de redes sociales, donde construyó una comunidad fiel y un vínculo directo con sus clientes, clave para el desarrollo de nuevos productos y su expansión.
“Mi principal canal son las redes. El emprendimiento nació y creció a través de ellas. Tengo una relación muy cercana con esa comunidad: interactúo, pregunto, escucho y también recibo mensajes cuando estoy menos activa. Es un vínculo muy genuino», describe. Entre sus hitos, logró venderle a la Provincia de Córdoba y participar en eventos masivos como Cosquín Rock, lo que le permitió ganar visibilidad y escalar su alcance.
Emprender en “cancha inclinada”
Pero el crecimiento del ecosistema emprendedor convive con un escenario económico complejo. La inflación, los costos de producción y la caída del consumo aparecen como obstáculos recurrentes.
“Jugamos en cancha inclinada todo el tiempo”, grafica la directora de Desarrollo Emprendedor. El contexto, señala, tiene un doble efecto: impulsa a emprender por necesidad, pero al mismo tiempo limita el desarrollo de los proyectos.
Scotto suma un dato que es importante resaltar: el costo mensual para que un joven pueda independizarse supera los dos millones de pesos, una cifra que contrasta con los ingresos promedio. “Eso hace que emprender requiera tiempo y, muchas veces, apoyo familiar para dar el primer paso”, indica.
Los emprendedores lo viven en primera persona. “Poder vender hoy en Argentina es un privilegio”, reconoce Micaela. En su caso, la diversificación de usos de sus productos le permite sostener la actividad, pero el desafío está en adaptarse a cambios constantes en tendencias y consumo.
Aunque gran parte del foco está puesto en los jóvenes que iniciaron en las redes, hay personas con más trayectoria que reconvierten saberes, oficios o experiencias laborales en proyectos propios.
Uno de esos casos es el de María, creadora de “Güle Güle”, emprendimiento de snacks saludables y productos de pastelería. Comenzó hace 12 años vendiendo sus productos en colectivos, en Tucumán, por falta de trabajo. Hoy su emprendimiento sostiene a 12 personas entre socios y empleados. “Empecé por necesidad, pero con el tiempo se volvió un proyecto consolidado”, cuenta. El crecimiento también trajo desafíos, como la necesidad de delegar tareas, sobre lo que reconoce: “Es lo que más me cuesta, pero sé que es clave para seguir creciendo”. Su experiencia muestra otro aspecto del emprendedurismo: la formalización progresiva y la búsqueda de mejores condiciones de trabajo, como el acceso a permisos para instalar un puesto en la vía pública.
Pablo Gordillo, de 53 años y el diseñador industrial detrás de “Komchingon”, un emprendimiento que ofrece mapas ilustrados para colorear, láminas y remeras de la ciudad de Córdoba y las sierras, cuenta cómo surgió su idea: “En 2015 nos mudamos a Carlos Paz, y desde que vivo en el Valle he tenido la idea de realizar un producto alegre, divertido, didáctico con la impronta del Valle de Punilla. En la pandemia me puse a dibujar. Al hacer las primeras impresiones vi en mi niña, que en ese momento tenía casi 3 años, el entusiasmo en colorear, expresarse y preguntar sobre los lugares y los animales y los personajes que dibujaba en bocetos”.
Él vende de forma mayorista en locales del Valle de Punilla y tambien tiene presencia en La Tienda Creativa de la Ciudad en el centro de Córdoba y está desarrollando un corner de exhibición para ofrecerle a los comerciantes toda su línea de productos con identidad propia. Sin embargo, como muchos otros emprendimientos, asegura: “La ventana más importante para exhibir y comercializar mis trabajos son las redes sociales”.
Qué valoran hoy los clientes
Del lado de la demanda, también hay cambios significativos. Los emprendedores coinciden en que los consumidores actuales priorizan aspectos que antes tenían menos peso: la cercanía, la autenticidad y el propósito.
“Prefieren saber a quién le están comprando”, afirma Maresu. En su experiencia, el vínculo emocional puede inclinar la balanza incluso frente a marcas más grandes o productos más baratos. Micaela de la Colina suma otro elemento: la transparencia. “Si me atraso o no llego, lo comunico. Esa honestidad genera confianza”, explica. En tanto, Gordillo observa una reacción frente a la masividad: “Hay un consumidor más sensible que busca lo propio, lo local, lo original y el sentido de pertenencia”.
Incluso en rubros tradicionales como la alimentación, aparecen nuevas demandas. María señala un crecimiento en el consumo de productos sin harina de trigo o sin azúcar, en línea con tendencias de alimentación saludable.
Emprender hoy en Argentina no es fácil. Pero cada vez son más los que lo intentan, los que lo sostienen y los que logran, desde sus propias historias, demostrar que es posible. Algunos desde la urgencia, otros desde la vocación, muchos desde una combinación de ambas.
Lo importante es que, quienes emprenden hoy no solo buscan sostenerse, sino también construir proyectos con sentido, con más herramientas, mayor visibilidad y una identidad cada vez más definida. El desafío, hacia adelante, será que ese impulso encuentre condiciones más estables para crecer y no quede atado a la lógica de la urgencia.
