Una experiencia de desconexión tecnológica entre playa y bosque

La psicopedagoga y creadora del método Reseteo Digital, Mariana Savid, relató cómo una estadía en Sauce Grande transformó su propia relación con la tecnología.

Una experiencia de desconexión tecnológica entre playa y bosque

En un entorno de silencio y naturaleza, aseguró haber encontrado el equilibrio que promueve en su trabajo sobre bienestar digital.

La psicopedagoga y especialista en bienestar digital Mariana Savid Saravia, creadora del método Reseteo Digital, compartió una experiencia personal que resignificó su propia práctica profesional tras una estadía en Sauce Grande, en la costa sur de la provincia de Buenos Aires.

Aunque desde hace años dicta talleres y charlas sobre el impacto de la hiperconectividad, aseguró que recién en ese entorno logró vivenciar en profundidad aquello que promueve. “Hace años recorro el país hablando de Reseteo Digital. Dicto talleres, doy charlas, acompaño a familias agotadas por la hiperconexión. Pero debo confesar algo con humildad: hasta que no pisé Sauce Grande, no había vivido plenamente lo que tanto predico”, relató a Hoy Día Córdoba. 

Savid llegó un martes al atardecer y permaneció una semana haciendo un peregrinaje lento alojándose «sin prisa y sin agenda» en cabañas de madera escondidas entre bosques: tres noches en Cabañas del Bosque, otras tres en Silvia del sauce, luego en Causas y Azares, en Casa Pummukel, y finalmente en Mar del Este Apart, frente al mar de Monte Hermoso.  Según contó, el punto de inflexión llegó de manera espontánea: “Abrí la ventana de mi cabaña, el viento marino entró como un susurro ancestral, y mi mano, casi por reflejo, dejó el celular sobre la mesa. No lo apagué. Simplemente dejé de necesitarlo”.

Esa misma noche, sentada en la playa, describió una comprensión clave sobre su trabajo: “Comprendí algo fundamental: el Reseteo Digital no es una práctica que enseño. Es la construcción de un saber que la naturaleza nos ofrece cuando estamos dispuestos a recibirla”.

Postal de la playa de Sauce Grande.

Durante los días siguientes, caminó sola por playas y senderos, sin auriculares ni rumbo fijo. En ese recorrido, destacó el encuentro con un árbol centenario conocido como el “Árbol del Abuelo”, un sitio poco visitado incluso por habitantes de la zona. “Al principio, mi mente protestó: ‘¿Qué hago acá? ¿No debería estar trabajando? ¿Generando contenido?’”, recordó. Sin embargo, señaló que el entorno fue clave para recuperar el ritmo propio: “Los médanos, los bosques de pinos autóctonos y el mar, increíblemente cálido, cinco grados más que otras playas, me enseñaron a respirar, pausar y esperar”.

Mariana asegura que el árbol no puede fotografiarse entero, por lo que sería milenario.

En ese contexto de silencio y observación, describió escenas simples como reveladoras: “Una gaviota peleando con una ola. Un lobo marino surcando el agua con elegancia ancestral. El horizonte infinito que no pide nada a cambio por su belleza”. Y agregó: “En ese ‘aburrimiento’ que tanto tememos hoy, encontré lo que vengo buscando desde que nació esta práctica: el espacio mental donde nacen ideas auténticas”.

Savid remarcó que su propuesta no busca rechazar la tecnología, sino reordenar el vínculo con ella. “Recordé por qué creé el Reseteo Digital: no para demonizar la tecnología, ya que forma parte de nuestro mundo, sino para recuperar el equilibrio que perdimos cuando permitimos que las pantallas ocuparan cada resquicio de nuestra atención”, afirmó. En esa línea, definió: “El verdadero lujo contemporáneo no es tener señal en cada rincón, sino tener el coraje de apagar lo superfluo para encender lo esencial”.

El relato también incluyó referencias a la historia y al valor simbólico del territorio, desde los pueblos originarios hasta restos de naufragios visibles cuando baja la marea. “Me senté junto a esos restos y lloré. No de tristeza, sino de gratitud: por haber encontrado un lugar donde el tiempo recupera su cadencia ancestral”, expresó.

Un mar calmo que acompaña la desconexión tecnológica.

Antes de regresar, destacó experiencias cotidianas vividas sin apuro ni pantallas, como compartir atardeceres, recorrer espacios gastronómicos locales o disfrutar un helado artesanal “sin prisa”. “No vine a Sauce Grande a ‘hacer turismo’. Vine a recordar quién soy cuando nadie me observa a través de una pantalla”, sintetizó.

Además, compartió algunos otros lugares en donde estuvo, distintos espacios locales que completaron la experiencia: Bienteveo, con su propuesta de productos naturales para llevar a la playa; Biguá, donde la gastronomía se integra al paisaje de la laguna; Bartolo y La Estación, paradores frente al mar en Monte Hermoso; El Rejunte, un espacio de encuentro con objetos y cervezas artesanales; y la heladería Lepomm, con helados artesanales disfrutados sin prisa.

«Al final de mis días aquí, no me fui con el teléfono lleno de fotos perfectas. Me fui con las manos húmedas de agua salada, con el olor a pinos impregnado en la ropa, con el recuerdo exacto de cómo se sintió el sol en la piel mientras observaba el vuelo lento de las gaviotas», destacó Mariana.

Finalmente, dejó una invitación a quienes sienten el desgaste de la hiperconexión: “Si estás leyendo esto desde tu sofá, con el celular en una mano y la ansiedad en la otra, te digo esto desde el corazón: no necesitas un retiro de lujo ni una terapia costosa para sanar tu relación con la tecnología. A veces, basta con buscar y animarte a llegar Sauce Grande, Monte Hermoso, provincia de Buenos Aires, y permitirte ser abrazado por un mar que nace y muere en el mismo horizonte. Incorporá esta práctica del Reseteo Digital no como prohibición, sino como un acto de amor y cuidado”.

Y concluyó: “Porque al final, cuando las pantallas se apagan y el silencio se instala, descubrimos que el sonido más hermoso es el de nuestras propias vidas, vividas con atención plena. En Sauce Grande, yo volví a respirar. Y te invito a que vos también lo hagas”.

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