Un estudio que se publicó en la revista médica de la Academia Americana de Neurología reveló que los adultos jóvenes que experimentan caídas de ingresos anuales del 25% o más, son propensos a tener problemas de pensamiento y una reducción de la salud cerebral en la mediana edad.
La autora principal del trabajo, Adina Zeki Al Hazzouri, profesora de epidemiología en la Escuela de Salud Pública Columbia Mailman, especificó que “la volatilidad de los ingresos está en un nivel récord desde principios de la década de 1980 y hay una creciente evidencia de que puede tener efectos generalizados en la salud”. Y agregó: “Nuestros resultados proporcionan evidencia de que el mayor cambio en los ingresos se asocia con un peor envejecimiento cerebral en la mediana edad”.
El proyecto incluyó a 3.287 personas de entre 23 y 35 años y se inscribió en el estudio de Desarrollo de Riesgo de Arterias Coronarias en adultos jóvenes (Cardia). Los participantes fueron diversos y para aportar en la iniciativa debían informar su ingreso familiar anual cada tres o cinco años de 1990 a 2010. Por su parte, los expertos examinaron con qué frecuencia disminuyeron esos ingresos, así como el porcentaje de alteración en ese periodo de tiempo para cada partícipe.
Según el número de descenso de ingresos, los integrantes se dividieron en tres grupos: 1.780 personas que no sufrieron una caída de ingresos; 1,108 tuvieron una baja del 25% o más del ingreso anterior informado; y 399 personas que tuvieron dos o más caídas en las ganancias. Para comprobar si el descenso en los ingresos se vincula con la salud, los profesionales les realizaron pruebas de pensamiento y memoria que midieron qué tan bien completaron una serie de tareas y en cuánto tiempo les llevó efectuarlas. Frente a estas propuestas, los científicos descubrieron que aquellos que tenían dos o más caídas en la ganancias tuvieron peores desempeños en la realización de las actividades y en el tiempo de ejecución, en comparación con los que no había sufrido una baja en sus ingresos. En promedio, obtuvieron puntajes peores en 3,74 puntos o 2,8%. El primer autor Leslie Grasset, de Inserm Research Centro en Burdeos, aclaró que “este bajo rendimiento es mayor de lo que normalmente se ve debido a un año de envejecimiento, lo que equivale a una puntuación peor en solo 0,71 puntos en promedio o 0,53%”.
A su vez, se seleccionaron 707 participantes que se sometieron a escáneres cerebrales con imágenes de resonancia magnética al inicio del estudio y 20 años después, con el fin de medir su volumen cerebral total, así como los volúmenes de varias áreas del cerebro. En este punto, hallaron que en comparación con las personas sin reducción de ingresos, los que tenían dos o más disminuciones en este asunto, presentaban un volumen cerebral total menor; y los que poseían una o más rebajas mostraban una conectividad reducida en el cerebro, lo que significa que había menos conexiones entre diferentes áreas de ese órgano.
Si bien la investigación no prueba que las caídas en los ingresos disminuyan la salud del cerebro, sí refuerza la necesidad de realizar estudios adicionales que examinen el papel que juegan los factores sociales y financieros en el envejecimiento cerebral.









