Sin intención de convertir a Paulo Londra (Córdoba, 1998) en la categoría de prócer nacional, permítanme la analogía utilizada en el siglo 19 con Mariano Moreno: Anoche en el Quality Arena (y alrededores), apenas terminó el recital hizo falta tanta agua -y tanto granizo- para apagar tanto fuego.
Ocurre que para la presentación de anoche en nuestra ciudad hubo que esperar algo más de seis años para verlo en la Docta. Desde aquellos históricos shows en el Superdomo Orfeo de la primera semana de setiembre de 2019, el oriundo de barrio General Deheza no actuaba en su ciudad de origen. En el medio: una pandemia, una demanda (ganada) a sus anteriores productores y dos hijas -más una tercera en camino-.
Y el concierto estuvo a la altura de semejante expectativa. Dos horas prácticamente continuas, con algunas pocas pausas -como la invitación a dos espectadores a lanzar al aro, de la mano de su otra pasión, el básquet-, Londra sostuvo la vara alta durante esos 120 minutos. Y lo hizo yendo y viniendo por una treintena de éxitos, que las 8 mil personas presentes corearon de principio a fin.
Arrancó simbólicamente con “Sin Cadenas” uno de los temas de su último trabajo, el EP Versus, que lanzó meses atrás y es el motivo de su gira internacional que ya pasó por España y numerosos países de América Latina. Digo simbólicamente porque en esa canción deja claro su cambio de postura respecto al mercado musical: “Se matan por dinero, yo mato por mis nenas” y sus prioridades: “Primero la salud, segundo la familia, tercero el dinero, muchos lo tienen al revés”.

Luego, como conté antes, fue y vino por toda su discografía, desde los primeros éxitos como “Condenado para el millón” o “Maldita Abusadora”, pasando por “Por Eso Vine” y “Party”, hasta los recientes “Recién Soltera” o “PVSL” -Paulo vs. Londra-, en el que frontea contra sí mismo en una épica batalla con frases memorables como “vos tenés talento, raperito del barrio, pero podrías ser artista, padre, empresario?”, o “vos nos metiste en un problema, yo lo resolví”, en alusión al conflicto con Big Ligas que lo mantuvo varios años fuera de los escenarios.
Sobre el final, los tres temas más coreados (y bailados, por qué no): “Tal Vez” (2019), “Nublado” (2022) y el elegido como el último bis -y que todos nos fuimos cantando-: Adán y Eva (2018) que, a modo de regalo para el público cordobés, versionó la segunda mitad al ritmo del tunga-tunga. Un escaloncito debajo estuvieron la «Session 23«, «Nena Maldición» y «Plan A«, demostrando que todas las etapas musicales de Paulo se volvieron masivas.
A él se lo vio intenso, disfrutando, pero marcando que ahora las cosas han cambiado. Y así como eligió empezar con Sin Cadenas, la playlist (sin bises) terminó con «Gracias». Y si con la letra de este tema no alcanzaba, se tomó el trabajo de decir: “sepan que cuando contás con Dios y con la familia, todo finalmente pasa”. Tiró corazoncitos de Di María durante toda la noche, y también algunas cordobeseadas muy tiernas, incluso cuando intentó retar al público: “Dejen de tirar celulares al escenario, q-liaaaaoooo”. Ahora descansará hasta Viña del Mar (en febrero) y ya tiene fechas para continuar por la región con la gira que, en teoría, cerraba anoche.

Párrafo aparte para el público, que arrancaba por los seis a ocho años, muchos a cococho de sus padres -no recomendable para la horizontalidad visual de los que pagaron campo-, miles de adolescentes 13-20 y como segundo grupo etario, los que andan más cerca de los 25 o los 30. Sin importar edades, todos, absolutamente todos, cantaron todo el repertorio. Como único detalle que tal vez faltó, no hubo invitados especiales, por lo que los temas con colaboraciones tuvieron al otro intérprete en playback, algo que deslució -muy poco- el show.
Y la salida, bajo el chaparrón, luego pedrea, luego diluvio, espero que hayan sido solo una anécdota para la gran mayoría del público. Pero que claramente fueron parte imprescindible de este esperado regreso.
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