Los acontecimientos recientes en Venezuela se desarrollaron en un escenario informativo marcado por la polarización extrema, donde las coberturas divergentes según líneas editoriales y la circulación masiva de contenidos no verificados en redes sociales configuraron un ecosistema comunicacional complejo y fragmentado. La diáspora venezolana y los ciudadanos dentro del país navegaron entre la información oficial, las redes sociales y el miedo a la represión para comprender una crisis que cambió el rumbo político de la nación.
Para millones de venezolanos dispersos por el mundo, la mañana del 3 de enero comenzó con mensajes crípticos de sus familias. «Estamos bien, todo está bien, espero que tú también estés bien», leyó Josué en su WhatsApp a las 7:50 de la mañana en Lima, Perú, sin entender a qué se referían. Minutos después, al abrir Instagram, vio las imágenes que confirmarían lo impensable: Nicolás Maduro había sido capturado y extraditado a Estados Unidos.
«Veo que hay fotografías de Nicolás Maduro siendo capturado y nada, veo pues que fue atrapado y tal y digo, ‘Bueno, esto es serio’ y me voy a fuentes oficiales y es cuando veo y nada, pues, empiezo a llorar de alegría», relata Josué, cocinero venezolano que emigró hace años buscando oportunidades que su país ya no podía ofrecer.
Patricia Ascanio, abogada venezolana radicada en Argentina hace 8 años, también se enteró de manera similar. «Me enteré de la noticia a las 8 de la mañana. No sabía nada de lo que estaba sucediendo. Me avisó una amiga de aquí», cuenta. Su primera reacción, como la de miles de venezolanos en el exilio, fue comunicarse con su familia: «Mis familiares están bien en Venezuela, gracias a Dios. Todo salió, todo está bien».
Esta forma fragmentada de recibir noticias que cambian la historia de un país refleja una realidad más profunda: la diáspora venezolana, estimada en más de 9 millones de personas según Patricia, vive en un estado permanente de conexión emocional e informativa con su tierra natal, mediada casi exclusivamente por plataformas digitales.
El colapso de la confianza en los medios tradicionales
Mientras los medios estatales y afines al gobierno ofrecieron una interpretación política del conflicto, las plataformas digitales emergieron como el principal espacio de difusión de registros ciudadanos, caracterizados por altos niveles de información sin verificar.
Cadenas oficiales como Telesur realizaron una cobertura sostenida de los hechos, enmarcándolos como una operación impulsada por Estados Unidos contra la soberanía venezolana. Esta narrativa estuvo acompañada por denuncias de injerencia extranjera y por una interpretación del conflicto centrada en la defensa del gobierno de Nicolás Maduro.
Sin embargo, para quienes han vivido décadas bajo lo que denominan una dictadura, esa cobertura no resultó ni suficiente ni confiable. «Había abuso de poder y las elecciones eran fraudulentas, hay mucha represión, muchos presos políticos, muchos asesinados y torturados durante todos estos años», explica Michelle, venezolana radicada en Argentina.
Patricia es más categórica en su análisis político: «Él no es presidente de Venezuela. ¿Por qué? Porque nosotros tuvimos unas elecciones el 28 de julio del 2025 y ganó el presidente Edmundo González». Esta perspectiva, compartida por amplios sectores de la oposición, sostiene que Maduro «está usurpando un poder que no le corresponde».
El colapso de la confianza en los medios estatales ilustra lo que Martin Baron, exdirector de The Washington Post, advirtió durante el World News Day: cuando los gobiernos atacan sistemáticamente a la prensa y erosionan los canales tradicionales de verificación, la ciudadanía queda vulnerable ante la desinformación. «Una prensa independiente no puede sobrevivir sin democracia. Y la democracia no puede sobrevivir sin una prensa libre», afirmó Baron, una reflexión que cobra particular relevancia en el contexto venezolano.
Redes sociales como fuente alternativa: entre la inmediatez y el caos informativo
La desconfianza hacia los medios oficiales impulsó a muchos ciudadanos a buscar información por fuera de los canales tradicionales. En ese contexto, comenzaron a circular masivamente videos, audios y mensajes a través de Instagram, X (antes Twitter), Facebook y grupos de WhatsApp, que funcionaron como fuentes alternativas de información, aunque desprovistas de filtros editoriales y mecanismos de verificación.
Para Josué, el proceso de confirmación fue crucial: «Me voy a fuentes oficiales» fue su reacción inmediata al ver las primeras imágenes en Instagram. Su familia le confirmó: «Sí se lo llevaron, se lo llevaron ya está camino a Estados Unidos. Vinieron unos aviones, lo capturaron y se lo llevaron.»
La sobreabundancia de contenidos digitales derivó en la propagación sistemática de noticias falsas y material fuera de contexto. Entre los casos detectados se encuentran:
- Videos de explosiones ocurridas en otros países, incluida Argentina, presentados como ataques en Venezuela
- Grabaciones antiguas de situaciones de tensión social reutilizadas como si correspondieran a los hechos recientes
- Capturas de pantalla atribuidas a declaraciones de Donald Trump que generaron dudas sobre su autenticidad
- Imágenes generadas por inteligencia artificial que mostraban a Maduro esposado, escoltado por agentes o en custodia militar, creadas con herramientas como Gemini de Google
Este último fenómeno fue particularmente significativo. Según reportó The New York Times, fue una de las primeras ocasiones en que imágenes de IA representaron a figuras destacadas mientras se desarrollaba rápidamente un momento histórico. Jeanfreddy Gutiérrez, quien dirige una operación de verificación de datos en Caracas pero reside en Colombia, detectó que estas imágenes falsas circularon incluso por medios de comunicación latinoamericanos antes de ser reemplazadas discretamente por fotografías oficiales.
NewsGuard, empresa que rastrea la fiabilidad de información en línea, identificó cinco imágenes fabricadas relacionadas con la captura de Maduro que obtuvieron más de 14 millones de visitas en X en menos de dos días. «Se propagaron muy rápido: las vi en casi todos mis contactos de Facebook y WhatsApp», confirmó Gutiérrez al medio estadounidense.
Este fenómeno ejemplifica el desafío que enfrenta el periodismo contemporáneo: en ausencia de medios independientes confiables, las redes sociales llenan el vacío informativo pero sin los mecanismos de verificación que caracterizan al periodismo profesional. Como señaló Baron, los pilares que garantizaban la veracidad —»la formación especializada, el conocimiento experto, la evidencia y la investigación rigurosa»— están siendo sistemáticamente desestimados, dificultando que la ciudadanía distinga entre información verificada y versiones manipuladas.
Verificación informal: cuando los ciudadanos se convierten en fact-checkers
Frente a este escenario caótico, distintos sectores de la ciudadanía desarrollaron estrategias informales de verificación. Según fuentes entrevistadas, estas prácticas incluyeron:
- La observación detallada de elementos visuales como la arquitectura urbana o las patentes de los vehículos
- El análisis del acento de las personas que aparecían en los videos para determinar si el material correspondía efectivamente a Venezuela
- La espera de confirmaciones por parte de periodistas o dirigentes políticos considerados confiables antes de validar una información
- La consulta cruzada entre familiares dentro y fuera del país para corroborar lo que estaba sucediendo
Patricia describe cómo su primer impulso fue verificar con sus seres queridos: «Buscando, bueno, ahora sí porque hay filas para comida, para la gasolina y todo eso, pero bien, ellos no pueden hablar». Esta última observación revela una dimensión crucial del contexto informativo venezolano.
La «verificación ciudadana» responde a una demanda creciente identificada por Hoy Día Córdoba al crear a Doctora Verdad: contar con herramientas para distinguir entre hechos y opiniones, entre información confiable y versiones manipuladas. Este escenario deja en evidencia que el acceso a información plural, verificable y oportuna constituye un derecho humano fundamental y un pilar del sistema democrático.
La presencia de un Estado comprometido con garantizar ese acceso —a través de medios públicos con estándares profesionales, transparencia y diversidad de fuentes— resulta clave para que la ciudadanía pueda ejercer plenamente sus derechos. Experiencias como la de la agencia Télam en Argentina permiten dimensionar el valor de contar con estructuras estatales orientadas a asegurar información de interés público, especialmente en contextos de alta conflictividad y circulación de desinformación.
Doctora Verdad se suma a la campaña global en defensa del periodismo libre
Sin embargo, el caso venezolano añade una dimensión adicional a este fenómeno: el componente emocional de una diáspora masiva que sigue los acontecimientos de su país desde la distancia, navegando entre la esperanza de un cambio político y el dolor de la separación familiar. Como expresa Josué:
«Ninguno de los que estamos afuera queremos estar acá donde estamos, todos queremos estar allá abrazando a nuestra madre, a nuestros hermanos y comiendo nuestra arepa caliente».
Este caso ilustra un fenómeno que trasciende las fronteras venezolanas: en la era de la sobreabundancia informativa, la batalla por la verdad se libra tanto en las redacciones como en las pantallas de millones de usuarios que deben convertirse, por necesidad, en verificadores de su propia realidad. Pero cuando esa realidad involucra el destino de un país entero y el futuro de millones de familias separadas, la información deja de ser un asunto meramente técnico para convertirse en una cuestión profundamente humana y un derecho fundamental en riesgo.
Siguiendo la advertencia de Baron, sin una prensa independiente, la democracia no puede sobrevivir. El caso venezolano demuestra que la inversa también es cierta: sin democracia, no puede existir una prensa verdaderamente libre. Y sin ninguna de las dos, los ciudadanos quedan a merced de la desinformación, el miedo y la incertidumbre.
Sobre esta cobertura
Este análisis forma parte del compromiso de Hoy Día Córdoba con el periodismo riguroso y la verificación de información, principios que guían nuestra participación en iniciativas como el World News Day. A través de Doctora Verdad, nuestro personaje dedicado a identificar la desinformación, buscamos promover un consumo crítico de información y reforzar el valor del periodismo profesional en tiempos donde, como advirtió Martin Baron, «los pilares que antes garantizaban la veracidad de los hechos están siendo sistemáticamente desestimados».









