El caso de Julián Álvarez volvió a poner el foco sobre una cuestión que durante mucho tiempo quedó relegada en el fútbol de elite: la salud mental de los jugadores. En medio de las versiones sobre el estado emocional del delantero y de un supuesto conflicto entre sus deseos profesionales y la postura de Atlético de Madrid, la situación abrió interrogantes que exceden al futbolista argentino: ¿qué impacto puede tener para un jugador atravesar un conflicto de estas características?, ¿cómo distinguir una mala racha de un problema que requiere atención profesional? y, sobre todo, ¿qué lugar ocupa la salud mental dentro de las instituciones deportivas?
Para Daniela Santamaría, profesora y licenciada en Psicología (MP 3850), uno de los primeros pasos es derribar el mito de que los deportistas de elite son personas prácticamente invulnerables. “Es importante empezar a pensar cómo romper el mito de que los deportistas, sobre todo en los futbolistas, tienen todo bien, que todo les va bárbaro y tienen una vida divina”, sostuvo.
La especialista explicó que la imagen que suele construirse alrededor de los futbolistas —especialmente a través de las redes sociales— muestra solamente una parte de su realidad. Si bien cuentan con beneficios económicos y posibilidades que no están al alcance de la mayoría, también llevan adelante una vida marcada por restricciones, obligaciones y decisiones que muchas veces están condicionadas por su profesión.
“Se los percibe como invulnerables. A estas personas nada les pasa, están siempre perfectos, ganan bien, viven bien”, señaló Santamaría, aunque inmediatamente aclaró: “Las afecciones van para todos”.
En ese sentido, remarcó que el hecho de ser un deportista reconocido no elimina las dificultades emocionales. “Las vidas que van teniendo no son tan fáciles o tan simples como se ve en las redes. Tienen muchas carencias, igual que todas las otras personas”, explicó.

La psicóloga puso como ejemplo las situaciones familiares que un futbolista puede perderse debido a sus compromisos profesionales. “Tienen acceso a lo mejor de dinero y no tienen tiempo. Tienen una vida famosa, con acceso a muchas cosas, y para festejar el cumpleaños de su hijo tienen que acomodar hasta los nacimientos, en lo que se puede, para poder estar”, describió.
Por eso, consideró fundamental dejar de pensar que el dinero o el éxito deportivo funcionan como una protección frente a los problemas de salud mental. “El dinero no compra la salud mental. El dinero no evita que se pierdan determinadas cosas de la vida. Todo esto sigue pasando, solo que no es lo que se vende”, afirmó.
Desde esa perspectiva, una situación como la que atraviesa Julián puede generar un impacto importante, aunque Santamaría remarcó que no es posible establecer un diagnóstico sobre una persona sin una evaluación profesional. También señaló que es necesario diferenciar entre una etapa de desmotivación o estrés y un cuadro depresivo.
“Lo que tiene que ver con el estrés o con algunos momentos de ansiedad son más como un estado situacional. Tenemos algún tipo de estímulo o situaciones que nos ayudan a caer en estos lugares más de estrés, de bloqueo, de desmotivación”, explicó. En cambio, al hablar de depresión, señaló que se trata de “un cuadro psiquiátrico”, entendido no desde los viejos prejuicios asociados a la palabra, sino como “una disfunción de todo lo que tiene que ver con lo mental”.
La diferencia, según la especialista, es importante porque una situación de desmotivación puede modificarse a partir de determinados estímulos, mientras que una depresión implica una experiencia más profunda. “No es tan fácil salir de un cuadro depresivo solo por la voluntad de salir. De hecho, muchas veces cambian los estímulos externos y la persona sigue sumida en este cuadro”, sostuvo.
Además, no todas las personas reaccionan de la misma manera frente a una misma situación. “No es el estímulo sino cómo la persona puede vivir este estímulo, cómo la persona capitaliza este estímulo, cómo puede ir asimilando lo que está pasando y gestionando lo que va pasando”, explicó.
En el fútbol de elite, donde la exposición, las críticas y las exigencias son permanentes, esa diferencia puede resultar determinante. Incluso una situación que para un jugador funciona como motivación puede afectar profundamente a otro. “Vos ves la hinchada gritando y a algunas personas esto les funciona como algo que los tira hacia abajo. Por eso es la preparación mental que necesita tener el deportista. Y a otras personas esto es como si fuera un alimento”, ejemplificó.
Cuando esas situaciones de presión o conflicto se mantienen durante un período prolongado, además, pueden aparecer consecuencias que trasciendan lo emocional. Santamaría explicó que “las situaciones que tienen que ver con un estrés crónico prolongado van capitalizándose en el cuerpo y pueden verse sintomatologías de este tipo”.
En los deportistas, una de las manifestaciones más visibles puede ser una lesión. Pero no es la única. “Puede ser desde alguna lesión, que suele ser lo más común que se ve en los deportistas, porque es lo que más se ve, y lo otro tiene que ver con alguna situación más psicológica o mental que también ocurre mucho, pero no todas las personas lo muestran”, indicó.
Para la psicóloga, allí aparece uno de los principales obstáculos: el estigma que todavía existe alrededor de los problemas de salud mental, incluso dentro del deporte profesional. “El deportista vive lo que está viviendo y además el cuestionamiento de que no debería afectarlo mentalmente”, explicó.

En un contexto como el que se plantea alrededor de Julián Álvarez, donde el jugador debería continuar formando parte de un equipo pese a un eventual malestar con su situación profesional, el entorno también adquiere un papel central. Santamaría explicó que permanecer en un ambiente en el que una persona no se siente cómoda puede afectar tanto su estado de ánimo como su rendimiento.
“Es difícil continuar con eso, porque no deja de ser un ambiente donde no está cómodo. Cualquier persona que no está en un ambiente donde no está cómodo tiene muchas posibilidades de no rendir plenamente”, sostuvo.
A partir de allí puede producirse una especie de efecto dominó. “Puede disminuir el rendimiento, puede empeorar su estado de ánimo. Esto también va haciéndose como un dominó, que empieza a tocar una cosa en la otra”, explicó.
El problema, además, puede profundizarse si el malestar de un jugador es interpretado simplemente como falta de compromiso. “A veces, cuando son así, lo toman como que es alguien que no está poniendo toda la actitud. Entonces a veces hay más enojos, hay más distanciamiento, hay más exclusiones”, advirtió.
Por eso, para Santamaría resulta fundamental que exista un equipo capaz de acompañar al futbolista y, al mismo tiempo, comprender las diferentes necesidades que conviven dentro de una institución. “La idea siempre es la sincronización, el respeto, la conciencia grupal, el trabajo en equipo, un buen liderazgo. Por supuesto que todo esto es a donde se apunta, pero no siempre está”, señaló.
En ese esquema, el entrenador tiene un rol importante. “Siempre se espera que un buen líder accione, que un buen líder esté a cargo de todas las cosas que van ocurriendo, que esté enterado, que pueda ser de alguna manera un intermediario entre lo que va pasando”, explicó.
Pero la especialista aclaró que no siempre existen los tiempos ni las condiciones necesarias para construir esos vínculos. “A veces no hay tiempos reales ni para conocerse, ni para sincronizar”, sostuvo. Y agregó que el objetivo debería ser que los intereses individuales y colectivos puedan convivir dentro del equipo.

La detección temprana también depende de que el entorno pueda advertir cambios en el comportamiento habitual de un jugador. Para Santamaría, algunas señales pueden aparecer en el estado de ánimo, el desgano, el desinterés o incluso en las ganas de asistir a los entrenamientos.
“Siempre está la atención en lo que se puede percibir como algo diferente a lo que habitualmente es esa persona”, explicó. “El estado de ánimo, las ganas de ir a entrenar, el desgano, el desinterés”, enumeró como algunos de los indicadores que pueden llamar la atención.
Sin embargo, aclaró que no siempre esas señales son evidentes. “No todas las personas lo muestran o todas las personas se permiten que se vea esto”, sostuvo. Por eso, consideró que quienes trabajan diariamente con los futbolistas deben estar preparados para observar más allá de lo estrictamente deportivo.
“Hace falta que esté atento a cómo habla, a cómo piensa, a cuáles son sus tipos de pensamientos, a su estado de ánimo”, indicó. En ese trabajo cotidiano, destacó especialmente el rol de los kinesiólogos, por la cercanía que suelen tener con los jugadores: “Son las figuras muy importantes dentro de las instituciones, porque son los que están todos los días con los jugadores”.
Eso no significa, aclaró, que deban diagnosticar problemas de salud mental. La función del entorno debe ser detectar que algo puede estar ocurriendo y facilitar el acceso a profesionales especializados. “Hace falta que todas estas personas tengan, de alguna manera, una educación, no para diagnosticar, sino para darse cuenta de que algo está pasando”, explicó.
El problema es que no todos los clubes cuentan con equipos especializados en salud mental. Santamaría señaló que, en muchas instituciones, la psicología deportiva todavía aparece como una herramienta a la que se recurre solamente cuando surge un problema.
“No todos tienen acceso a esto, no todos cuentan con profesionales de la salud”, sostuvo. Y cuestionó que la salud mental muchas veces sea considerada únicamente como una respuesta ante una crisis: “A veces, en lo que tiene que ver con la salud mental en el deporte, lo consideramos solo cuando algo anda mal, no como la posibilidad de estar trabajando para el desarrollo de la capacidad de afrontar todas las situaciones que vienen de los deportistas”.
Para la especialista, el desafío pasa justamente por cambiar esa mirada y entender el acompañamiento psicológico como parte de la preparación integral de un deportista, del mismo modo que ocurre con otros aspectos de su carrera.
“La función no es cuando algo está mal, sino poder generar un desarrollo de la persona total para que pueda estar preparada para todas estas cosas que van ocurriendo en el fútbol y en cualquier deporte”, concluyó.
Así, más allá de las versiones sobre la situación particular de Julián Álvarez, el debate que vuelve a instalarse es más amplio: detrás del futbolista que juega, gana, pierde, recibe críticas y aparece constantemente expuesto hay una persona atravesada por las mismas emociones, conflictos y dificultades que cualquier otra.
“Son personas más allá de futbolistas”, resume Santamaría.









