Si las canciones, como dijo una gran musicóloga brasileña, son cápsulas de memoria, ¿cuánto contiene de nuestros recuerdos de infancia El humahuaqueño, que avisaba que llegando está el carnaval, quebradeño mi cholitay? En esa cápsula también está el porteño que no conocía Humahuaca.
Cápsula de memoria de la escuela primaria de todos cuantos hayan crecido en estas tierras. Cápsula de memoria que, sin elipsis ni metáforas, habla de la Quebrada de Humahuaca, del erke, el charango y el bombo. Y la parte que sigue: Fiesta de la quebrada humahuaqueña para cantar. Y también bailar. Dos observaciones sobre la canción que sonara en toda fiesta patria:
La primera: la canción es todo eso que ya se dijo hace un ratito, y nada más. Si eliminamos sus repeticiones, el quebradeño se compone exclusivamente de una estrofa, que tiene 4 renglones breves y 21 palabras. Nuestra gran cápsula de memoria de toda fiesta patria en la escuela primaria son apenas 21 palabras, incluyendo las proposiciones y artículos. Una disección permite ver que sólo hay 3 verbos, unos 10 sustantivos y un par de adjetivos. No more.
Hacer un éxito con poco. Aprendé IA. Mejor pregúntenle al autor de El quebradeño.
Hacia él vamos con la segunda observación sobre la banda sonora de los actos de la primaria. El autor, llamado Edmundo Zaldivar, no era jujeño, tampoco boliviano o peruano, ni siquiera del Norte. Y tampoco compuso su obra cumbre después de haber meditado en las alturas de la magistral Quebrada. No lo hizo porque ni siquiera conocía Jujuy. Zaldívar, a su gran tema, lo compuso viajando en el porteño colectivo 60 que lo llevaba de Constitución al Tigre, según supo contar el periodista Sergio Pujol. Otra versión indica que lo compuso en el tranvía 99 yendo a su trabajo en radio El Mundo. Como sea, fue el paisaje más urbano de la Argentina lo que inspiró la mayor postal andina.
Las fotos de Zaldívar, por si fuera necesario, nos muestran a un porteño cuasi galán de cine, de bigotes y peinado a la gomina, siempre saco y corbata y una sonrisa propia del cosmopolita Buenos Aires, alejado por completo del meditar silencio coya. Como si fuera poco, el autor del himno norteño se casó con una joven de origen irlandés de apellido Kearney Dalton. Oh Kini, ailoviu.
Zaldívar, que para colmo de males se llamaba Edmundo Porteño Zaldivar, era un gran guitarrista que había tocado con Troilo y que recién conocería la gran región del Norte argentino siete años después de la composición de su gran hit. Cuando llegó a la Quebrada supo que aquello que había compuesto a orillas del Río de la Plata existía en la realidad.
El humahuaqueño es una de las tantas canciones de origen argentino que traspasaron todas las fronteras. Y también las posibilidades de interpretarlo: en Alemania, al Humahuaqueño argentino lo llamaron Blumnfest in Perú -muy germanos, pero de geografía, nada-.
Zaldivar, porteño y tanguero, hoy descansa, como corresponde, en el cementerio de San Antonio de Humahuaca.








