En Buenos Aires, el fútbol no es solo un deporte: es un idioma. Las conversaciones en bares, oficinas y taxis giran alrededor de partidos, rachas, promesas juveniles y goles imposibles. No es casual, entonces, que cuando Betsson decidió profundizar su expansión en Latinoamérica, Argentina se convirtiera en una de sus piezas clave.
Para una compañía nacida en Estocolmo, con décadas de experiencia en mercados europeos maduros, instalarse en un país atravesado por la pasión deportiva, la volatilidad económica y una regulación fragmentada implicaba mucho más que abrir una operación comercial: exigía entender la cultura, adaptarse al ritmo local y asumir que, en esta región, crecer rápido no siempre es lo mismo que crecer bien. La llegada de Betsson a Argentina simboliza algo más amplio: el cambio de paradigma del iGaming global.
Latinoamérica dejó de ser una promesa lejana para convertirse en el centro de gravedad de la industria. Y Betsson, lejos de limitarse a exportar su modelo europeo, eligió construir una estrategia regional con identidad propia.
De Europa al nuevo eje de crecimiento: LATAM
Durante años, el crecimiento del juego online estuvo concentrado en Europa. Mercados regulados, alto poder adquisitivo y usuarios habituados al consumo digital ofrecían estabilidad y previsibilidad. Sin embargo, esa etapa comenzó a mostrar signos de saturación: mayor presión fiscal, costos de adquisición elevados y competencia feroz por usuarios cada vez más sofisticados. Latinoamérica apareció entonces como el nuevo horizonte. Una región joven, con una rápida adopción del móvil, una relación emocional con el deporte y millones de usuarios que recién comenzaban a interactuar con plataformas de apuestas online. Betsson identificó esta oportunidad temprano y decidió no abordarla como un bloque homogéneo, sino como un mosaico de mercados con dinámicas propias.
La clave de la localización: Pensar como latinoamericano
Uno de los grandes errores de las empresas globales al desembarcar en Latinoamérica es asumir que la traducción del producto es suficiente. Betsson optó por otro camino. La localización, en su caso, se convirtió en una filosofía transversal. Esto se refleja, en primer lugar, en los métodos de pago. En una región donde las tarjetas de crédito no siempre son el instrumento principal, la integración con transferencias bancarias
locales, billeteras digitales y soluciones adaptadas a cada país fue determinante. Facilitar depósitos y retiros rápidos no es un detalle técnico: es un factor decisivo para generar confianza. En segundo lugar, el producto. El fútbol latinoamericano no se vive como el europeo. Las ligas locales, los clásicos, los torneos continentales y hasta los amistosos de selecciones tienen un peso emocional enorme. Betsson ajustó su oferta de apuestas deportivas para reflejar esa realidad, priorizando mercados relevantes para el usuario local y experiencias móviles pensadas para el consumo inmediato.
Argentina: Operar en un país, gestionar muchas jurisdicciones
Argentina representa un caso singular dentro de la región. No existe una regulación nacional única para el juego online, sino un esquema provincial donde cada jurisdicción define sus propias reglas. Para Betsson, esto implicó un enfoque quirúrgico: entrar provincia por provincia, adaptando su operación a marcos regulatorios distintos, con requisitos técnicos, fiscales y publicitarios específicos. Lejos de ver esta fragmentación como un obstáculo insalvable, la compañía la interpretó como una barrera de entrada que, una vez superada, fortalece la posición de quienes logran cumplir. La instalación de un hub operativo en Buenos Aires no fue solo simbólica: permitió centralizar conocimiento local, talento regional y una comprensión más profunda del consumidor argentino.
Perú, Colombia y Brasil: Construir una red regional
Mientras Argentina consolidaba su rol estratégico, Betsson avanzaba en otros mercados clave. Perú se convirtió en uno de los ejemplos más claros de cómo una regulación reciente puede acelerar el crecimiento cuando existe claridad normativa. Colombia, por su parte, ofreció un ecosistema regulado temprano, que permitió a la compañía probar y perfeccionar su modelo latinoamericano. Brasil merece un capítulo aparte. Por tamaño, población y cultura deportiva, representa el “premio mayor” del iGaming regional. La obtención de licencias y la preparación para operar bajo un marco regulado marcaron un punto de inflexión para Betsson, que ve en el mercado brasileño una oportunidad de escala sin precedentes, pero también un entorno altamente competitivo.
Marca, patrocinio y legitimidad
En Latinoamérica, la confianza es un activo fundamental. Betsson entendió que construir marca no podía limitarse a campañas digitales. Los patrocinios deportivos se convirtieron en una herramienta de legitimación: asociarse con clubes, ligas y figuras reconocidas permite a la marca integrarse en el imaginario colectivo. En Argentina y otros países de la región, esta estrategia cumple una doble función. Por un lado, posiciona a Betsson como un actor “presente”, no distante. Por otro, actúa como un puente cultural entre una empresa global y audiencias locales que valoran la cercanía y la identificación emocional.
Crecimiento acelerado, decisiones complejas
El rápido crecimiento de Betsson en Latinoamérica trajo resultados financieros destacados, pero también nuevas tensiones. Crecer en mercados emergentes implica asumir volatilidad macroeconómica, fluctuaciones cambiarias y cambios regulatorios frecuentes. Mantener márgenes saludables mientras se invierte de forma agresiva en adquisición de usuarios es un equilibrio delicado. Aquí entra en juego la retención. Más allá del marketing, la sostenibilidad depende de ofrecer una experiencia de usuario sólida: plataformas estables, atención al cliente en español local, promociones relevantes y herramientas que permitan personalizar la experiencia del jugador.
Juego responsable: Un desafío estructural
La expansión del juego online en Latinoamérica reavivó debates sobre ludopatía, protección del consumidor y responsabilidad social. Para Betsson, operar de forma sostenible implica integrar herramientas de juego responsable desde el diseño del producto: límites de depósito, autoexclusión, controles de edad y comunicación clara. En mercados donde la regulación aún evoluciona, las empresas que adopten estándares altos no solo reducen riesgos legales, sino que también construyen relaciones más duraderas con reguladores y usuarios.
El futuro: Consolidar sin perder identidad
De cara a los próximos años, el desafío de Betsson en Latinoamérica no será tanto expandirse —la hoja de ruta ya está trazada— sino consolidarse. Esto implica profundizar su presencia en mercados existentes, optimizar operaciones y seguir invirtiendo en talento local. Argentina seguirá siendo un laboratorio clave: un mercado complejo, exigente y culturalmente intenso, que obliga a las marcas a demostrar compromiso real. Si Betsson logra mantener su enfoque de adaptación, cumplimiento y cercanía, su historia en la región podría convertirse en uno de los casos más relevantes del iGaming global.
La expansión de Betsson en LATAM no es la historia de una empresa que “llegó” a la región, sino la
de una compañía que decidió quedarse y aprender. Desde Buenos Aires hasta Lima, desde Bogotá
hasta São Paulo, su crecimiento refleja una comprensión profunda de que, en este continente, el
éxito no se impone: se construye, mercado por mercado, usuario por usuario.
El juego es solo para mayores de 18 años. EL juego compulsivo es perjudicial para vos y tu familia.









