Buscan regular la industria satelital para reducir la basura espacial

Por Gabriela Ensinck

Buscan regular la industria satelital para reducir la basura espacial

La Organización de Naciones Unidas para Asuntos Espaciales (Unoosa) presentó una serie de directrices para la reducción de desechos durante el diseño, lanzamiento, operación y disposición final de satélites y naves espaciales para evitar que siga aumentando la basura en el espacio, que se estima que ya está cerca de 11.000 toneladas orbitando la Tierra.

La huella ambiental de la humanidad no se restringe a los límites del planeta Tierra sino que se ha trasladado al espacio. Desde 1957, cuando el satélite ruso Sputnik dio inicio a la carrera espacial, más de 15.700 satélites fueron lanzados y actualmente la mitad está en desuso. Según datos de la Agencia Espacial Europea, hay unas 10.900 toneladas de chatarra orbitando en el espacio.

El problema tiende a incrementarse mientras las misiones satelitales crecen exponencialmente, impulsadas no sólo por las agencias espaciales gubernamentales sino por empresas privadas, como Starlink, del magnate Elon Musk, que ya puso en órbita más de 3.000 satélites y planea lanzar 12.000 para ofrecer servicios de internet en todo el mundo.

En la película “Gravity” (2013), Sandra Bullock y George Clooney son dos astronautas “varados” en órbita tras chocar con un trozo de basura espacial. Esto que ocurrió en la ficción, ¿podría darse en la vida real?

La respuesta es afirmativa. “La carrera espacial se inició con el pensamiento de que el universo era infinito. Pero cada vez más objetos quedan orbitando la Tierra y esto constituye un riesgo de colisión con otros satélites y misiones tripuladas, lo que obliga a las misiones espaciales actualmente operativas a hacer maniobras para esquivarlos”, apunta el astrónomo Marcelo Colazo, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae). Pero la chatarra espacial no sólo es peligrosa por su potencial de colisionar, sino por la contaminación lumínica que provoca al reflejar la luz de los astros. La cantidad de objetos que orbitan la Tierra podría elevar el brillo del cielo nocturno en más de un 10% en gran parte del planeta.

La problemática es tal que la Unoosa presentó una serie de directrices para la reducción de desechos que apunta a que satélites, naves y cohetes lanzadores no queden en órbita. También prohíbe la destrucción intencional de los vehículos de lanzamiento y naves espaciales, ya que esto genera el desprendimiento de piezas y partículas con potencial de colisionar.

Algunas agencias espaciales trabajan activamente en misiones de “limpieza”. El objetivo es lanzar una nave en 2026 que capture la chatarra a partir de redes magnéticas y luego, a partir del encendido de un motor para disminuir la velocidad orbital, el vehículo y su carga se incineren en la atmósfera. “Las alternativas de mitigación de la basura espacial se vienen discutiendo hace varios años y las soluciones tecnológicas ya están disponibles. El problema es que implican un costo que las agencias espaciales o compañías privadas evitan afrontar, explica, por su parte, el astrónomo Diego Bagú, director del Observatorio Astronómico y Planetario de la Universidad Nacional de La Plata.

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