En Santa Catalina de Holmberg (Departamento Río Cuarto, Córdoba), las Escuelas de Verano Municipales —de niñas, niños y personas mayores— celebraron el Carnaval con una murga intergeneracional llena de color y de coraje. Una murga en la que no solo cantamos y bailamos sino que salimos a vociferar y celebrar los derechos de todos.
Desde 2024, las personas mayores de Santa Catalina se reúnen semanalmente en el marco del Programa Adulto Mayor de la Municipalidad. Compartimos actividades recreativas, sociales, culturales y deportivas. Nos encontramos. Nos escuchamos. Construimos un verdadero sentido de pertenencia. En el tiempo estival, estos encuentros se enmarcan en la Escuela de Verano, siempre trabajando desde la perspectiva de derechos que se promueve cotidianamente a través de las diversas actividades que generamos.
Fue en ese contexto que surgió la idea de celebrar el Carnaval realizando una murga intergeneracional, comandada por una profesora de educación física idónea en la temática.
Y ahí comenzó el verdadero proceso.

¡Sin temor al “qué dirán”!
Al interior del grupo de la Escuela de Verano de Personas Mayores, los comentarios no tardaron en llegar:
“Vamos a quedar como viejos payasos.”
“No estoy para estas cosas.”
“La coordinadora está loca con esta idea.”
Comentarios con prejuicios, “viejistas”. Respuestas automáticas del cerebro frente a lo desconocido. En el primer encuentro preparatorio trabajamos sobre el significado de la murga y su sentido. Conocimos los ritmos y sus tiempos. Y poco a poco, las caras, el cuerpo y los pensamientos de los presentes fueron cambiando. Lo desconocido se transformó en una vivencia compartida. En un animarnos a adquirir nuevos conocimientos. A poner el cuerpo. Alzar la voz. El lema de la murga sostuvo los derechos comunes a todas las edades:
“Tenemos derecho a ser valorados”
“Tenemos derecho a ser respetados”
“Tenemos derecho a ser cuidados”
Parte de la letra fue compuesta especialmente para la ocasión. Y la música fue vehículo de un mensaje ligado a la importancia de estar entre pares, de crear oportunidades reales de encuentro: “Damos amor, paciencia y sabiduría, cantamos, bailamos, también jugamos, estamos aquí para ser feliz. Gracias por dejarnos ser. Gracias por dejarnos vivir.”

Llegó el día.
Con máscaras, disfraces, redoblantes y panderetas, niñas, niños y personas mayores vibramos juntos en una murga que avanzó por el boulevard central uniendo corazones en una única melodía. La alegría murguera llenó de asombro, sonrisas y palmas el recorrido. Fue una experiencia que reafirmó lo que sabemos, que la vejez es un camino lleno de oportunidades para seguir aprendiendo, conociendo y expandiéndonos.
Disfrutamos de una actividad intergeneracional en la que compartimos espacios, aprendizajes, derechos y, sobre todo, construimos sentido de comunidad. Estamos convencidos de que iniciativas como estas confirman que naturalizar la convivencia entre niños y personas mayores fortalece el pensamiento sin edadismo y posibilita realizar las mismas actividades según las posibilidades de cada uno; adaptándonos a nuestras habilidades y potenciando nuestros talentos.
Todos nos enriquecemos.
Todos crecemos.
Por Ceci Thuar
¿Quién soy?
Soy Ceci Thuar y, personalmente, me defino como acuariana, nacida en año bisiesto. Soy de Río Cuarto, Licenciada en Psicomotricidad, de alma curiosa y, como no me conformo con “lo común”, decidí formarme en el trabajo con personas mayores. Cursé el Posgrado en Formación en Psicomotricidad con Adultos Mayores desde una perspectiva de derechos; también realicé diplomaturas sobre envejecimiento activo y saludable, gerontopsicomotricidad y políticas públicas en gerontología comunitaria.
Mientras estudiaba, me casé y formé mi familia en Santa Catalina. Pensando en mi envejecer, acepté trabajar en el Programa Adulto Mayor, comenzando en la Escuela de Verano (2024). Actualmente soy la coordinadora del Programa y llevo adelante intervenciones desde la psicomotricidad y el Taller Pensactivo, generando espacios de participación activa con personas mayores. Es muy difícil hacer camino y caminar sola. Por eso elijo crear comunidad en lo personal y en lo laboral. En la Municipalidad comparto proyectos con distintas Áreas y, también, conformo la comunidad del Club de la Porota, siendo parte de su membresía.

Integrar el Club de la Porota me permitió conectar conmigo para ofrecerme al otro, algo que desde la psicomotricidad llamamos “disponibilidad corporal”. Lo elijo porque me hace bien poder habilitar la escucha empática como seres envejecientes.
Persigo la meta de que los espacios de calidad con, por y para las personas mayores perduren, crezcan y estén vigentes cuando sea yo mayor para poder realizarlos.
La primera integrante de nuestra Comunidad
Y desde El Club de la Porota queremos decir algo más. Ceci fue la primera persona en inscribirse en la membresía de nuestra Comunidad, que comenzó en enero de este año. La primera en confiar. La primera en decir: “quiero ser parte”. Ese gesto no es menor. Es confianza puesta en acción. Es coherencia entre lo que se hace en el territorio y lo que se elige habitar en red. Gracias, Ceci, por tu amor y tu confianza. Gracias por tu presencia en Santa Catalina y en nuestra comunidad. Gracias por elegir caminar entramada. Porque hackear el viejismo también es esto: sostener nuevas narrativas con el cuerpo, en comunidad. Ser agente de cambio. Transformar la realidad.

¿Querés ser parte?
En enero iniciamos la membresía de la Comunidad de El Club de la Porota. No es un curso. No es un producto cerrado. Es un entramado vivo de personas que eligen encontrarse para conversar, pensar, crear y hackear el viejismo desde la vida cotidiana. Es un espacio para quienes sienten que la edad no es un límite sino una posibilidad. Para quienes creen que el encuentro transforma. Para quienes saben que envejecer no es quedarse solos, sino animarse a habitar nuevas tramas. Dentro de la membresía hay encuentros virtuales en vivo, una comunidad activa en WhatsApp, biblioteca de recursos y materiales, propuestas y consignas para recorrer a tu ritmo; conversaciones con humor y sin edadismo.
Elegimos comunidad.
Elegimos presencia.
Elegimos vivir entramados.
Si sentís que este espacio es para vos, te esperamos. Escribinos por WhatsApp al +54 9 3513 26-0243 y te contamos cómo sumarte. Porque hackear el viejismo no es una consigna: es una práctica colectiva que se comparte #encomunidad.









