Hacia la vida nueva

Balances de un año raro | Por Silvia N. Barei

Influenciada tal vez por el calorcito, la lluvia y la luna azul de noviembre, decido que en diciembre debo encontrar palabras amables y buenas perspectivas para escribir esta nota, que se leerá en el último mes del año, entre bromas para que el 2020 nunca más se repita en nuestras vidas. Un tanto difícil lo que me propongo, pero a poco de buscar, investigar, repasar, encuentro que las buenas noticas existen. Que las hay, las hay.

En tiempos del primer cristianismo, las buenas nuevas las daban los apóstoles y consistían en el anuncio del reino de Dios y la salvación por la fe; entre los caldeos, los etruscos y los romanos, los que daban las buenas nuevas eran quienes profesaban artes adivinatorias. No siempre lo que los augures veían era auspicioso, pero ciertas formas de convencer (amenazas y sobornos) bastaban para ayudar al pensamiento positivo. Hoy, las páginas de los periódicos que traen buenas noticias son las de Cultura o Deportes, aunque hay un portal que se llama “Las buenas noticias” (y otro en inglés: “OK news”). Allí cuentan que en julio y agosto estuvo el cometa Neowise por estas cercanías (a unos 1.000 millones de kilómetros, una pavada) y que hacía unos 6.800 años que no se avistaba desde la tierra. Con razón no encontré a nadie que lo recordara... Dicen desde tiempos antiguos que los cometas traen buenas nuevas y renovación espiritual. Una de las últimas canciones de René Pérez dice “Quiero volver a ver el cometa Halley con mi mami”.

En medio de las malas noticias siempre hay buenas nuevas, aunque la historia relate que éstas nunca han estado exentas de lágrimas y de pérdidas previas y que no son para cualquiera. Hay gente a la que cualquier buena nueva le parece mala, no sé si por pesimismo, por mala onda o por ideología mal entendida. Verosímil, aunque no siempre comprensible. Por ejemplo, yo creo que últimamente la mejor noticia es la posibilidad de vacunar masivamente contra el Covid. Si la vacuna es rusa, si se hace en un imperio que ocupa indebidamente nuestras islas, o si algún laboratorio tiene un pasado turbio, no es el punto de discusión ahora. Como toda vacuna salvará vidas y será un enorme paso adelante para el mundo entero. Ya sabemos que la diferencia en los estándares de salud en el siglo XX la hicieron las vacunas. Ahora se desarrollan en el mundo unas 200, y al menos 12 están en fases avanzadas. Falta poco, falta menos.

Otra buena noticia es el envío al Congreso del Proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, junto al llamado “Mil días”, que implica atención y acompañamiento de la maternidad y de los primeros tres años de vida del recién nacido. Por el lado de los géneros y las disidencias hay varias novedades interesantes:  junto con la aprobación del “elles” por parte de la RAE (debe entenderse como un milagro) y el homenaje a Cesar Cigliutti, activista de la comunidad LGBTI+, nos enteramos de la puesta en circulación de una compañía de taxis manejada por mujeres y para mujeres; de la apertura de una escuela sindical de género; y que el censo 2021 incorporará la variable géneros. Se trata de la coexistencia de múltiples formas de vivir que no aplana las diferencias, sostenidas en un diálogo que asume las diferencias como productivas.

La nominación de forma conjunta al premio Nobel de la Paz de los ex combatientes de Malvinas, el argentino Julio Aro y el británico Geoffrey Cardozo, que impulsaron la identificación de los soldados enterrados como NN, es más que una buena noticia. En el momento de la guerra, Borges escribió un cuento que se llama “Juan López y John Ward” (publicado en su último libro, Los conjurados), dice el relato: “Les tocó en suerte una época extraña... López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward en la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer El Quijote. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en un aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.” Hoy, López y Ward son Aro y Cardozo, y les tocó en suerte esta época extraña y esta voluntad propia de reparación.

También formas diversas de reparación son la continuación de los juicios a genocidas; la apertura de los archivos secretos de la Dictadura; las habilitaciones para los teatros; el diseño de estrategias para las vacaciones; el plan de conectividad y la vuelta a clases presenciales; un aerosol repelente que previene el dengue; la Ley Yolanda de protección del ambiente; la producción pública de cannabis.

La literatura nos tiene acostumbrados a pensar en la vida nueva, y este año ha sido particularmente generosa. En todo el país se han realizado de manera virtual hermosas ferias de libros y de lectura; Camila Sosa Villada ganó el premio Sor Juana Ines de la Cruz; Eugenia Almeida fue jurado del premio Medife-Filba; Federico Falco fue finalista del Herralde de Novela. En poesía, Hugo Rivella finalista en los premios Gabriela Mistral y Pilar Fernández Labrador.

La Casa de las Américas, de Cuba, también nos ha dado buenas nuevas: Nelson Specchia recibió la mención del premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, y Jorge Boccanera una distinción honoraria por “Ojos de la palabra”, publicado en Córdoba por la UNC.

Otra buena noticia es que al Tino Quer se le haya ocurrido abrir una librería en Agua de Oro: se llama “La libre Chavascate”, y apuestas así debe haber en todo el país, en muchos pequeños pueblitos. Para reforzar las alegrías que nos da el arte, recordar que en noviembre el teatro La Cochera, dirigido por “el Paco”, cumplió 35 años, aún en virtualidad, como otros teatros y como el Festival de Cine de Mar del Plata, en el que Natalia Garayalde se llevó los premios por su documental sobre Río Tercero, “Esquirlas”, y Carolina Godoy fue nominada como mejor actriz.

Y cerrando el año de buenas nuevas, me entero de que Perla Suez ha ganado el gran premio Rómulo Gallegos, uno de los más prestigiosos de Latinoamérica, por “El país del diablo”, hermosísimo y despiadado relato sobre los choques del ejército “civilizador” con las tribus del Sur; y que María Teresa Andruetto fue destacada en su trayectoria por el Fondo Nacional de las Artes.

Hablando del Sur, por estos sures también parece abrirse paso la vida nueva: Luis Arce ganó con 55% de votos en Bolivia y se permitió el regreso de Evo en una caravana que llegó a Chimore, de donde salió el avión que lo llevó al exilio mexicano primero y argentino después. En pleno trópico de Cochabamba y con un fondo selvático, con música, trajes y danza, la multitud grita: “¡Evo no está solo, carajo!” En octubre de 2019 Chile “despertó” bajo la consigna “No son 30 pesos, son 30 años”; un año después de esa pueblada se aprueba un plebiscito para redactar una nueva Constitución. Y ahora despertó Perú; y Brasil votó masivamente contra el bolsonarismo en las municipales. Según la moda que impone el Norte, Bolsonaro culpó a la oposición de fraude. Es solo cuestión de espera y de esperanza para tener buenas nuevas.

En estos días, en este año, en estos tiempos difíciles de entender, la fundación Rewilding consiguió que nacieran en los Esteros del Ibera tres guacamayos rojos, en estado silvestre. No lo hacían desde hace 150 años. Las culturas prehispánicas los consideraban guardianes de los árboles. Se sumarán entonces a las voces que decimos “el monte no se toca”. Porque la conciencia acerca del cambio climático y los severos daños que infligimos a la naturaleza también despertó; Nicole Becker está al frente del movimiento “Jóvenes por el clima” argentino, iniciado en Suecia por Greta Thumberg. Al igual que las mujeres en los movimientos feministas y todes les elles de las múltiples disidencias, se comienza a entender que no hay justicia social sin justicia climática.

Aunque no todas son buenas noticias, y solo algo de lo que hacemos nos acercará a una vida nueva, “sigan ustedes sabiendo” en este último mes del año que, como canta Luzmila Carpio, “No debemos callarnos/ no vayamos al olvido,/ hombres, mujeres y niños ayúdenme/ a cantar fuerte, con la voz plena/ no vayamos al olvido, demos el gran grito en voz alta/ para el bien vivir de nuestros pueblos”.

 
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