Lo que cuentan los tatuajes

Por Gustavo Morello, desde Boston

Cada vez hay más gente tatuada. Según los datos de Delfos Consultora, uno de cada tres habitantes de la provincia de Córdoba tiene un tatuaje grabado en su cuerpo, una práctica que se duplicó en la ciudad capital de la provincia en diez años: del 15% en 2008, al 30% en 2018.

¿Porqué la gente se tatúa? En gran medida, porque los tatuajes son una práctica cultural y estética más aceptada. Lo que antes se reducía (y se asociaba) a grupos marginales (motoqueros, bandas, “tumberos” carcelarios), o a profesiones de riesgo (militares, marinos, mineros, bomberos), hoy son una práctica aceptada y de moda. Tan es así que los tatuadores de la ciudad registran “olas” en algunas épocas del año: flores, leones, delfines. 

Tatuajes y religión

Algunos tatuajes son explícitamente religiosos: vemos en brazos, hombros, piernas, torsos, imágenes cristianas, orientales, budistas, indígenas, vikingas.

No todos les dan sentido espiritual, es cierto. Pero también es cierto que hay tatuajes que no son explícitamente religiosos pero tienen un significado trascendental: la memoria de algo que marcó para siempre, de una persona querida.

Tatuarse tiene paralelos con lo práctica religiosa: un tiempo de discernimiento (elegir qué se va a tatuar, quién lo va a hacer, la ubicación en el cuerpo); una práctica penitencial (sí, digan lo que digan, ¡los tatuajes duelen!); un compromiso (se hacen para toda la vida); y una narración (contar una historia, dar sentido a algo que pasó).

Historia

Hay una larga historia de tatuajes religiosos. Sabemos que los primeros cristianos (juntos con los esclavos y soldados) eran tatuados por el Imperio romano, y ellos transformaron la humillación en una marca de identidad, tatuándose signos cristianos. Una práctica que se conserva hoy en algunas iglesias cristianas orientales, que, al momento del bautismo, tatúan una cruz al interior de la muñeca. Algunos de los primeros teólogos cristianos entendían esto como un “bautismo de sangre”.

Durante siglos, los peregrinos que visitaban Jerusalén recibían un tatuaje que indicaba dos cosas: la visita al lugar, y la transformación de la persona, espiritual y físicamente. Muchos de los Cruzados que volvían de Tierra Santa lo hacían tatuados. En el siglo VIII, el concilio de Northumbria, en Inglaterra, aprobó los tatuajes que se hacían para honrar a Dios.

Campesinos italianos, en la zona del santuario de Loreto, tenían “altares” en sus brazos, con imágenes de la Virgen, santos y símbolos franciscanos y jesuitas.

Sabemos también que los pueblos ancestrales de América (incas, chorotí, pilagá, y abipones) utilizaban tatuajes. En culturas que aún hoy habitan las islas del Pacífico, los tatuajes siguen vigentes como productos sociales que los identifican, e incluso son reproducidos en otras partes del mundo.

¿Qué dicen los tatuajes?

En un trabajo de investigación, publicado recientemente en la revista europea de sociología “Social Compass”, vemos que las personas se tatúan para proteger ciertas experiencias de la fugacidad de la vida. Las personas seleccionan algo que les pasó, lo distinguen de otros acontecimientos, y deciden que son valiosas como para fijarlas en la piel, que es un recurso limitado.

Es este proceso (discernir qué experiencia, cuál diseño, en qué parte del cuerpo, qué artista) lo que hace que el tatuaje sea espiritual y no tanto la imagen en sí.

El otro descubrimiento fue que, incluso cuando son prácticas íntimas, donde uno “pone el cuerpo”, los tatuajes no son individualistas. Los otros aparecen constantemente: porque inspiran, animan, son la “audiencia”, o porque son una relación que se quiere mantener más allá de la muerte. De distintas formas, el elemento comunitario está presente en tatuajes religiosos.

El tercer hallazgo es que el tatuaje es más frecuente entre personas que creen, pero no se identifican con una religión. Mientras las personas identificadas con una tradición religiosa tienen más formas de comunicar su vida espiritual (con una medalla, una imagen); los tatuajes son una de las pocas formas que personas “no afiliadas” tiene a mano para manifestar su espiritualidad.

Otra mirada

Si bien los tatuajes no son tenidos en cuenta en las encuestas sobre religión, los tatuajes nos muestran, en términos religiosos, que las personas tienen autonomía respecto de las autoridades religiosas para decidir cómo expresar lo que creen, que esa expresión toma elementos culturales disponibles muy diversos (como los tatuajes) y la continua, aunque distinta, importancia de una comunidad de referencia.

Si seguimos usando las mismas formas de mirar a lo religioso vamos a ver lo mismo: un gran cambio cultural, que ha vaciado los templos y cambiado el rol de la región en el espacio publico. Pero, creo, esto no significa que hoy haya “menos religión” sino una religiosidad distinta. Algo que, en nuestro último libro hemos llamado la “modernidad encantada”.

 
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