Escribe novelas, cuentos y artículos periodísticos. Cuando algo duele, cuando hay cosas que no entiende, cuando se siente a la deriva o una voz resuena en su interior, Fernanda Pérez lleva la palabra al papel. “Es mi modo de habitar el mundo y el modo en el que el mundo me habita”, dice. “Escribir es mi tabla de salvación”.
Autora de una obra prolífica, la Fer Pérez —como la llaman quienes la conocen— encuentra en la literatura un refugio para exorcizar demonios, pero también una forma de tender puentes hacia la ternura y la esperanza. En sus historias, las mujeres del pasado y del presente se imponen como protagonistas que resisten las imposiciones culturales, a las coordenadas de época que intentan limitar sus deseos, sus cuerpos y sus decisiones.
“Cuando desde la ficción nos inspiramos en mujeres que se enfrentaron a todo por amor, que llevaron adelante batallas legales, que colaboraron en luchas emancipatorias o se arriesgaron por ideales, una descubre que el feminismo es inherente a la sociedad. Tal vez no se lo llamaba así, pero siempre estuvo”.
El punto de partida
El vínculo con la palabra empezó temprano. Al revisitar su infancia, Fernanda recuerda que el asma marcó sus primeros años de vida. Faltar a la escuela en los días de frío y humedad y evitar las actividades físicas la acercaron a la biblioteca, que pronto se convirtió en un territorio propio.
“Prefería leer, escribir e inventar historias para que las actuaran mis muñecas. Paralelamente, era muy de disfrazarme, de cantar, de actuar… Muy artista, y mi familia me estimulaba”.
Educada en la Escuela de Niños Cantores Domingo Zipoli, atravesó la adolescencia entre ensayos y conciertos. A la música y a las letras se sumó el aprendizaje comunitario en la capilla del barrio, donde —junto a otros jóvenes— aprendió “a hacer cosas por otros sin esperar nada a cambio”. Ese cruce entre sensibilidad artística y compromiso social sería una marca persistente en su recorrido.
El título secundario le permitió dar clases de música durante casi cuatro años, pero el deseo de escribir empezó a imponerse. “Vengo de una familia de periodistas. Mi papá, mis tíos, todos se dedicaban a eso. Yo quería escribir sobre cultura y arte, y la única profesión que encajaba era el periodismo”. Así llegó a la antigua Escuela de Periodismo (hoy CUP).
Poco después de terminar la tecnicatura, entró como pasante a La Mañana de Córdoba para escribir en el suplemento de Cultura y Espectáculos. Allí desarrolló su oficio durante veinte años, en diálogo permanente con el campo cultural local y nacional.
Narrar a las mujeres: pasado y presente
En 2012, la Fer publicó Las maldecidas, una novela que se inscribe dentro del género histórico. “Yo era una ferviente lectora de Cristina Bajo, Florencia Bonelli, Cristina Loza, y entiendo que algo de eso influyó. Sin embargo, los personajes están muy vinculados al universo lorqueano”.
La elección del género responde a la decisión política y estética de ponderar el rol de la mujer, históricamente invisibilizado o narrado desde miradas masculinas. En ese sentido, Fernanda reivindica lo doméstico como un espacio central para comprender las decisiones políticas y sociales, “aunque fueran pocas las mujeres que participaban directa o clandestinamente en el ámbito público”.

Mujeres solas, en territorios fronterizos atravesados por guerras civiles, reaparecen en El Sacramento, novela que indaga en la colonización portuguesa y en los procesos de independencia del sur del continente. Allí, la intimidad y la Historia se entrelazan y aparecen interrogantes vinculados con nuestra identidad cultural: ¿Cuál es la huella de la presencia portuguesa en estas tierras? ¿Qué ha quedado de aquellos años?
“Indagando empezó a tomar forma este relato, en el que rescaté a dos personajes de una novela que había empezado a escribir tiempo atrás: Francisca y el Moro. Todo fue tan fluido en esa novela que creo que es el libro que más rápido escribí”.

Pero su narrativa no se detiene en el pasado. En novelas ambientadas en un contexto más cercano, como Una mujer con alas o Nunca te olvidé, aparecen los desafíos a los que se enfrentan las mujeres contemporáneas: los mandatos sociales, las presiones sobre el cuerpo y el deseo, la desigualdad laboral, la falta de oportunidades.
“Hay dos temas que atraviesan todo lo que escribo: la violencia y el abuso. Estuvieron en el pasado y siguen estando hoy. Esa es la gran deuda pendiente”.
La literatura como intervención
Ese cruce entre escritura y realidad se profundiza en Instrucciones para salvar un corazón, su último título publicado. Allí aborda distintas problemáticas que atraviesan a las nuevas generaciones, como el embarazo adolescente, la marginalidad y las adicciones.
“Es la primera novela atravesada por una experiencia personal. Dicté talleres de escritura en una residencia de madres menores de edad sin cuidados parentales y conocí historias muy fuertes, a veces demoledoras, a veces esperanzadoras”.
Su trabajo periodístico para la SeNAF le permitió conocer de cerca los recorridos de jóvenes en conflicto con la ley penal o que debían abandonar los espacios de contención del estado al cumplir la mayoría de edad.
“Me interesaba explorar cómo es para un joven enfrentar el afuera sin red, sin recursos, y también el universo de quienes los cuidan y acompañan”.
Construida desde múltiples voces, Instrucciones para salvar un corazón es una novela coral que se enfrenta a la lógica individualista y reivindica la importancia de lo colectivo. “Estamos en un contexto muy deshumanizante. Necesitaba escribir algo que pusiera en valor la humanidad”.

Construir comunidad
Ese impulso colectivo también se expresa en Babilonia literaria, la plataforma cultural que sostiene desde hace una década junto a la periodista Florencia Vercellone. El espacio se convirtió en una referencia del interior del país y articula crítica literaria, difusión de autores y autoras, talleres, actividades en la Feria del Libro y mucho más.
“Babilonia surgió en 2015, cuando todavía trabajaba en el diario. Queríamos un espacio con rigor periodístico, pero más plural que los suplementos tradicionales”.
Tras el cierre de La Mañana de Córdoba, Babilonia literaria se transformó en una especie de tabla de salvación. Dos periodistas, dos escritoras y dos amigas encontraron allí un modo de resistir y reinventarse. “Remamos mucho, pero construimos algo querido y valorado por el ecosistema del libro cordobés”.
Escribir con otros
Una vez que encuentra lo que denomina “el alma de la historia”, Fernanda escribe rápido. Disfruta de la investigación y del proceso de corrección, aunque la escritura convive con la vida cotidiana. “Gran parte de mis novelas las escribí con mis hijas siendo chiquitas. Era complicado, pero una se adapta”.
En pareja con Marcelo Barrios desde sus años de estudiante, habla de su familia como aliados fundamentales. De él destaca el compañerismo y el apoyo constante a cada proyecto. De sus hijas —adoptadas cuando tenían cinco, tres y dos años— reconoce que la maternidad sigue siendo un desafío.
“Hoy criamos generaciones ansiosas, solitarias, con poca tolerancia a la frustración, inmersas en un mundo excesivamente rápido y consumista. El desafío es ayudarlas a crecer y a volar, pero con ternura y paciencia”.
Fernanda Pérez es una autora para descubrir y redescubrir, para disfrutar en distintos niveles de lectura. Entre la escritura y la vida, cada una de sus facetas son una apuesta a la palabra como forma de estar en el mundo.









