La escritora, docente, narradora y poeta María Teresa Andruetto recibió el pasado miércoles el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), en reconocimiento a una trayectoria de más de cuatro décadas vinculada con la literatura, la formación de lectores y la enseñanza. La distinción fue impulsada por la Facultad de Filosofía y Letras y aprobada por el Consejo Superior de la universidad, que la considera su máxima distinción honorífica.
La ceremonia se realizó en Mendoza y tuvo como uno de sus momentos centrales la intervención de la propia Andruetto. Para recibir el reconocimiento, la autora preparó “Huellas. La lengua y la literatura italiana en mi vida”, un texto en el que reconstruyó la presencia de Italia en su escritura a partir de la historia de sus padres, las lenguas familiares, la inmigración y los recuerdos de la infancia.
El reconocimiento se suma a una trayectoria en la que conviven la escritura de novelas, cuentos, poesía, ensayo y literatura para niños y jóvenes con una sostenida tarea de promoción de la lectura. Andruetto recibió, entre otras distinciones, el Premio Hans Christian Andersen en 2012, el Konex de Platino, el Premio Iberoamericano a la Trayectoria en Literatura Infantil SM, el Premio Cultura de la Universidad Nacional de Córdoba, el Premio Trayectoria en Letras del Fondo Nacional de las Artes y el reconocimiento Amiga de las Bibliotecas Populares. También fue finalista del Premio Rómulo Gallegos.
En 2023, la Universidad Nacional de Villa María la distinguió como Profesora Honoraria, una distinción que esa casa de estudios define como la máxima que otorga a personalidades eminentes de la ciencia o el arte. Andruetto mantiene, además, un vínculo sostenido con la Editorial Universitaria Villa María (Eduvim), donde desde 2012 codirige, junto con Juana Luján y Carolina Rossi, la colección Narradoras Argentinas, dedicada a recuperar y visibilizar obras de escritoras argentinas.
En 2025, la Universidad Nacional de Mar del Plata también le otorgó el título de Doctora Honoris Causa, en reconocimiento a su trayectoria y a su aporte al campo de la literatura y la formación de lectores.
Su recorrido incluye, además, una dimensión institucional y pública que excede los libros. En 2019 fue la encargada de pronunciar el discurso de cierre del Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en Córdoba. Sus obras fueron traducidas a distintas lenguas y su producción es objeto de estudios académicos y de numerosas experiencias de lectura, adaptación y mediación.
Las palabras y la posibilidad de pensar
Antes de entrar de lleno en la historia familiar que atraviesa “Huellas”, Andruetto dedicó parte de su intervención a preguntarse por el lugar de la literatura y de la lectura en el presente. Recuperó una reflexión de Alain Badiou sobre una sociedad entregada al consumo y se preguntó qué lugar queda para las palabras cuando se desalienta la posibilidad de imaginar otros futuros.
“’¿Qué quiere la sociedad contemporánea entregada al monstruo capitalista?’, se pregunta Alain Badiou. Quiere eso, que compremos todo lo que se nos ofrece y que si no podemos comprar que por favor no molestemos. Para estas dos cosas: consumir y no protestar, es preciso no tener idea alguna de justicia, ninguna idea de otro porvenir, ningún pensamiento gratuito. Y entonces ¿qué pueden aportarnos las palabras? Especialmente esas que construyen este territorio que llamamos literatura y que a menudo brota de la infancia, su fuente primigenia”, lee.
En este marco, la escritora vincula este interrogante con el acto de leer y, consecuentemente, con la posibilidad de establecer conversaciones que desbordan el tiempo y el espacio.
“Los libros nos permiten establecer conversaciones entre quienes estamos vivos y quienes están muertos, entre quienes pensamos una lengua y quienes piensan en otra, entre quienes somos de aquí y quienes son de otros lugares o de otras épocas porque leer da a pensar”, expresa.
En ese recorrido recuperó también una frase de Gilles Deleuze sobre la necesidad de crear espacios de silencio y soledad desde los cuales pueda surgir algo propio. Y retomó una formulación del poeta peruano Mario Montalbetti: “Decir poquísimo, decir lo mínimo que uno puede decir, eso que nos permite decir algo”.
La intervención avanzó entonces hacia la relación entre belleza, dolor y literatura. Para sustentar la idea, la autora se posa en las palabras de James Baldwin, Simon Weil, Ovidio y Pascal Quignard hasta detenerse en una imagen que sintetizó buena parte de su reflexión: la grieta como lugar desde el cual puede aparecer una voz.
“De la grieta en la pared de ladrillos que os separaba, hicisteis, escribe Ovidio, un camino de voz. El arte es la grieta, dice Quignard. La literatura es ese camino de voz en la muralla de Babel, en el dolor del mundo, el susurro incesante. El conocimiento y la memoria son el fuego robado a los dioses. Esa es la fuerza que activa el movimiento. Pensar, imaginar, conmovernos entre un pasado que se ha ido y un futuro que todavía no se vislumbra. Porque en este pasaje hacia lo desconocido, tal vez sea posible desde el corazón de lo ético y lo político imaginar todavía un devenir”, evoca.
Hacia el cierre de esta primera parte, la escritora recuperó la imagen de las luciérnagas de Pasolini y Georges Didi-Huberman para referirse a esos pequeños resplandores que sobreviven en medio de la oscuridad.
“Las luciérnagas, de las que habló Pasolini, sobre las que escribió Didi-Huberman, esos punzantes recuerdos del pasado pueden hacernos una señal en medio de la noche para poder mirar un poco más allá. Focos de resistencia social y estética como bichitos de luz en la oscuridad”, enuncia.
Y concluye:
“Leer da a pensar, es ponerse en cuestión, es permitirse imaginar. Imaginar es un acto de resistencia frente a las maquinarias de poder. Resistencia. Eso que hacen a veces también los pueblos de las maneras menos pensadas para que pueda suceder lo impensado, para poder escuchar algo más que lo que ya sabemos”.
Huellas de Italia en una vida argentina
espués de esa reflexión, Andruetto se detuvo en el texto que había preparado especialmente para la ceremonia: “Huellas. La lengua y la literatura italiana en mi vida”. Allí reconstruye la historia de sus padres inmigrantes, la lengua familiar, los recuerdos de infancia y la relación entre esa herencia italiana y su propia escritura. Pero el texto no queda detenido en el pasado: la memoria del desarraigo, la experiencia de migrar, la lengua como territorio de pertenencia y la pregunta por aquello que se hereda siguen dialogando con el presente.









