El fútbol cordobés y salteño está de luto. Miguel Enrique Rodríguez, conocido popularmente en el ambiente deportivo como “Maravilla”, falleció este martes a los 70 años de edad tras batallar contra una larga y dura enfermedad. El exjugador, que curiosamente no disfrutaba de su apodo, brilló como un veloz puntero a la antigua, siempre pegado a la raya, de buena gambeta y destacada pegada.
Su huella más profunda e imborrable en la provincia la dejó vistiendo la camiseta de Instituto. Formó parte de la Gloria entre los años 1979 y 1981. El gran atacante disputó 79 partidos oficiales y marcó 16 goles con el elenco de Alta Córdoba. Allí debutó bajo la conducción técnica de Humberto Maschio y compartió plantel con baluartes del nivel de Osvaldo Ardiles en Huracán y Alberto Beltrán, Salvador Mastrosimone, Oscar Palavecino, Rubén Scalise en el Albirrojo.
Luego de un retiro prematuro por lesión, construyó una exitosa carrera como entrenador en el Valle de Lerma, convirtiéndose en el técnico más ganador de esa liga regional y presidiendo al Club Atlético Chicoana.
Poco antes del desenlace, el protagonista dejó un mensaje conmovedor. Según reveló el diario El Tribuno de Salta, el exdelantero había dicho en una entrevista: “Ya estoy en manos de Dios”.









