El inicio de 2026 encuentra a la Selección Argentina de fútbol para ciegos en un lugar que ya le resulta habitual: la cima del mundo. Con la confirmación de que Los Murciélagos continúan liderando el ranking de la IBSA, el equipo nacional ratificó su vigencia en la Copa Tango, el primer compromiso internacional del año, donde además apostó a una experiencia poco convencional: competir con dos equipos propios.
El resultado no pudo ser mejor. Argentina Blanco, integrado mayormente por titulares, se consagró campeón tras vencer por penales a Argentina Celeste, un combinado con jugadores en desarrollo que, sin embargo, sorprendió con su rendimiento. Detrás se ubicaron Tailandia, que se quedó con el tercer puesto, e Inglaterra, que finalizó cuarto.

Para Darío Lencina, actual entrenador y durante 25 años arquero del seleccionado, el balance es “muy positivo”. Y enseguida explicó el trasfondo de la decisión: “Cuando planteamos tener dos equipos en esta Copa Tango fue algo que me quedó pendiente de la edición anterior, porque tengo un plantel bastante amplio y por ende tenía jugadores que yo quería ver en acción en un torneo”.
En ese sentido, el torneo funcionó como una herramienta clave de evaluación. “Este tipo de competencia lo que a mí me permite es ver ese tipo de cuestiones, de que tengan roce internacional esos jugadores que vienen pidiendo pista o que vienen trabajando muy bien”, remarcó.
Más allá del título, las metas también se cumplieron: “El objetivo principal, que era lograr llegar a la final, estuvo. Creo que los dos equipos estuvieron a la altura. Más allá de que el equipo Celeste perdió el primer partido, consideramos que tuvo una linda performance”.
De hecho, Lencina destacó el crecimiento del equipo alternativo a lo largo del torneo: “Fue de menor a mayor”, dijo, en contraposición con un equipo Blanco que “fue un poco más regular en todo el torneo”.
La final entre ambos seleccionados dejó múltiples lecturas. “Me dejó ver muchísimas cosas”, resumió el entrenador, quien puso el foco en uno de los grandes objetivos del año: elevar el nivel general del plantel. “Primero, que es un plantel muy largo y es algo que nosotros también nos trazamos como objetivo, que es tener a los jugadores en un mismo nivel”, explicó.

Históricamente, Argentina ha contado con una base fuerte y un grupo de acompañamiento. Hoy, según Lencina, esa brecha se achicó: “La verdad que hay un nivel muy parejo. Son detalles los que hacen la diferencia, como la experiencia de cada jugador o algunas cuestiones tácticas y técnicas”.
En términos de juego, el análisis también dejó puntos a corregir. “Las estadísticas nos demostraron que fuimos superiores en tenencia de pelota y en situaciones de gol, pero con pocos goles en definitiva”, advirtió.
Uno de los grandes ejes del proyecto actual pasa por el recambio. Y en ese aspecto, la Copa Tango dejó señales alentadoras, aunque también certezas sobre el camino a recorrer. “Es de suma importancia que tengan roce internacional, porque hasta ellos mismos se pueden medir en dónde están parados”, sostuvo.
Sin embargo, fue cauto: “Creo que todavía no tenemos un recambio consolidado. Lo tenemos que trabajar”. Aun así, rescató lo positivo: “Sí hubo muy buenas apariciones y estamos muy felices por eso”.
El proceso, según explicó, requiere tiempo: “Esto es un trabajo que va a llevar un par de añitos más. Pero vamos por buen camino y eso nos deja tranquilos y motivados”.

El crecimiento no es solo interno. Lencina también observó una evolución en el nivel internacional, particularmente en selecciones como Tailandia e Inglaterra. “Vemos una evolución muy grande”, aseguró sobre el conjunto asiático, que realizó una preparación prolongada en el país. “En lo que es la precisión de pelota, la presión y el sistema de juego han mejorado muchísimo”, detalló. Además, destacó la influencia argentina en ese proceso: “Tienen un técnico argentino, Germán Marquez, que fue preparador físico de Argentina, un profesor muy importante”.
En cuanto a Inglaterra, señaló que también está en pleno recambio: “Vino con un mix de jugadores con experiencia y otros con poca experiencia, y a la vez hicieron un buen torneo”.

En paralelo, el seleccionado argentino continúa liderando el ranking mundial, una condición que, lejos de generar presión, es asumida con naturalidad. “Para nosotros es un orgullo tener esa posición”, afirmó Lencina. Y agregó: “A mí me tocó como jugador hasta 2024 seguir primero en el ranking y ahora como entrenador continuar en ese puesto”.
El reconocimiento internacional también se traduce en oportunidades: “Te permite ser valorado en otros países para la invitación a torneos. Por eso Tailandia vino un mes antes e Inglaterra eligió venir a este torneo para prepararse con nosotros”.
Lejos de relajarse, el entrenador insiste en la fórmula que sostiene al equipo: “Nosotros tenemos que estar tranquilos que haciendo lo que venimos trabajando y confiando en la preparación física, técnica y táctica, eso nos va a seguir manteniendo donde tenemos que estar”.
Eso sí, no desconoce la exigencia del alto rendimiento: “Sabemos que puede haber algún tipo de bajón, porque uno nunca puede estar al palo todo el tiempo. Son ciclos largos, de cuatro años”.
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Con el calendario por delante, el foco ya está puesto en los próximos desafíos: los Juegos Parasuramericanos de Valledupar y la Copa América de Brasil. “Tenemos macro y micro ciclos, donde vamos ajustando el detalle del detalle”, explicó sobre la planificación. La flexibilidad es clave en ese proceso: “Tuvimos que ajustar la planificación por la Copa Tango que se adelantó”, comentó, y también por imprevistos como la lesión del arquero Germán Muleck.
En lo personal, Lencina transita una nueva etapa. Tras una extensa carrera como arquero, el paso al rol de entrenador no fue sencillo. “El paso fue complicado”, reconoció. “No lo había preparado esto. Más allá de que uno sabía la edad que tenía”, confesó. La decisión terminó de madurar con el tiempo: “Mi cuerpo y mi familia empezaron a darme el rumbo como para tomar la decisión”.
Hoy, desde el banco, intenta trasladar su esencia como jugador. “La humildad por encima de todo”, sintetizó. Y explicó su filosofía: “Soy un convencido de que si el jugador está bien, va a hacer las cosas bien”. En esa línea, su rol también implica contención: “Voy a tener que estar más atento para que el jugador esté lo mejor posible y active en los momentos que lo necesite”.
El aporte del interior, y especialmente de Córdoba, sigue siendo fundamental. “Córdoba fue históricamente un semillero de fútbol para ciegos”, destacó. Actualmente, entre juveniles y mayores, hay entre ocho y diez jugadores cordobeses en el plantel. “Siempre tenemos la vista puesta en Córdoba”, afirmó, y resaltó tanto la proyección como la experiencia de sus futbolistas. Entre ellos, mencionó a Daniel Iturria, capitán del equipo Celeste, a quien definió como portador de “valores murciélagos bien establecidos”.
En cuanto al respaldo institucional, Lencina valoró el acompañamiento estatal: “Tenemos el 100% del plantel becado y eso nos ayuda a tener el nivel que hoy tenemos”. Aunque reconoció dificultades económicas, fue claro: “Somos unos agradecidos y tenemos bien consciente de que el deporte está atravesando un momento muy duro”.
Más allá de los resultados, el entrenador dejó un mensaje que trasciende lo deportivo. “Este equipo tiene disciplina, confianza, comunicación y solidaridad”, enumeró.
Y cerró con una definición que sintetiza la identidad del grupo: “Sacamos el corazón y se lo damos al compañero. Así vamos todos para el mismo lado y luchamos por lo mismo”.









