La industria textil argentina atraviesa una de sus peores crisis en décadas. La actividad tocó su piso histórico, se ubica en mínimos de los últimos diez años y ya acumula una pérdida de 20.000 empleos desde fines de 2023, en un escenario marcado por la caída del consumo y la apertura de importaciones.
A este panorama se suma un dato que refleja la magnitud del deterioro: la caída del sector es hasta ocho veces mayor que el promedio de la industria, lo que lo posiciona entre los rubros más golpeados del entramado productivo.
Derrumbe más profundo que el promedio
El retroceso de la actividad textil no solo es sostenido, sino también más intenso que en otros sectores. Mientras la industria en general muestra caídas más moderadas, el textil enfrenta un desplome más acelerado, impulsado por la combinación de menor demanda interna y mayor competencia externa.
Datos sectoriales indican que las ventas de indumentaria registran caídas interanuales y consolidan una tendencia negativa que ya lleva varios meses.
Factores que explican la crisis
Desde cámaras empresarias y analistas coinciden en que el escenario responde a múltiples factores. Por un lado, la fuerte retracción del consumo, que reduce la rotación de mercadería y afecta directamente la producción. Por otro, la apertura de importaciones, que incrementa la presión sobre los precios y la competitividad de la producción local.
A esto se suman dificultades para trasladar costos y sostener márgenes, en un contexto de alta incertidumbre.
Impacto en el empleo
El deterioro ya se traduce en una pérdida sostenida de puestos de trabajo. Los 20.000 empleos menos incluyen despidos, suspensiones y no renovación de contratos, en una actividad caracterizada por su alta intensidad de mano de obra.
La situación genera especial preocupación en provincias con fuerte presencia textil, donde el sector cumple un rol clave en la economía regional.
Sin señales de recuperación
La combinación de demanda deprimida, costos elevados y presión importadora mantiene a la actividad en niveles mínimos.
En este contexto, empresarios advierten que, de no cambiar las condiciones, la industria podría enfrentar nuevas caídas en producción y empleo, consolidando un escenario crítico que ya se ubica entre los peores de los últimos años.
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