La inflación volvió a mostrar una aceleración durante septiembre y alcanzó el 2,1%, frente al 1,8% registrado en agosto, de acuerdo con el último Informe Económico y Social elaborado por el IETSE. El dato interrumpió la tendencia de desaceleración que se había observado en los meses anteriores.
Con este resultado, la inflación acumulada en lo que va de 2026 llegó al 24%, mientras que la variación interanual se ubicó en 32,8%.
El aumento de los precios también se refleja en el costo que deben afrontar los hogares para cubrir sus necesidades básicas. Según el relevamiento, la Canasta Básica Total (CBT) alcanzó los $2.076.505, monto que establece la línea de pobreza para el hogar de referencia.
En tanto, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) llegó a $1.130.236, valor utilizado para determinar la línea de indigencia. Para el IETSE, estas cifras muestran la magnitud de los ingresos necesarios para mantener niveles mínimos de consumo en un contexto de persistencia de la inflación.
Caída del consumo y dificultades para los comercios
El escenario también impactó sobre la actividad comercial. Las ventas en volumen de los comercios minoristas de proximidad continuaron en terreno negativo durante septiembre.
En particular, las ventas de alimentos y bebidas registraron una caída interanual del 8,3%, un indicador que da cuenta de las dificultades que atraviesan los hogares para sostener sus niveles de consumo.
El informe también relevó las expectativas de los comerciantes respecto de la continuidad de sus actividades. El 65,3% consideró que podría mantener su negocio durante más de 12 meses, mientras que un 18,6% estimó una capacidad de resistencia de entre seis meses y un año.
A su vez, el 10,2% señaló que podría sostenerse entre tres y seis meses, mientras que el 5,9% calculó que su margen de resistencia no supera los tres meses.
Hogares con escaso margen ante una pérdida de ingresos
Otro de los aspectos destacados por el estudio es la fragilidad financiera de los hogares. El 28,5% manifestó haber tenido que pedir dinero para poder afrontar gastos básicos.
La capacidad de respuesta frente a una eventual interrupción de los ingresos también aparece limitada. Según los datos relevados, el 61,3% de los hogares podría sostenerse durante menos de una semana si dejara de percibir ingresos, mientras que otro 32,7% tendría capacidad para afrontar esa situación durante un período de entre una semana y un mes.
Alimentación, restricciones y estrategias para llegar a fin de mes
Los indicadores vinculados con la seguridad alimentaria muestran otro de los puntos de mayor vulnerabilidad. Solo el 42,4% de los hogares afirmó acceder plenamente a los alimentos que necesita, mientras que el 57,6% restante manifestó algún tipo de dificultad o restricción.
La situación también alcanza a los hogares donde viven niños, niñas y adolescentes. Durante septiembre, el 28,6% de esos hogares indicó que algún menor tuvo que reducir la cantidad de comida consumida por falta de dinero. El 71,4% respondió que no atravesó esa situación.
Además, el 39,1% de los hogares señaló que algún adulto redujo voluntariamente la cantidad de alimentos que consumió para que la comida alcanzara para el resto de los integrantes de la familia. En el 60,9% de los casos, esto no ocurrió.
El crédito y el fiado, claves para comprar alimentos
Frente a las dificultades para cubrir los gastos cotidianos, el financiamiento se convirtió en una herramienta utilizada por una proporción importante de los hogares para sostener incluso las compras de alimentos.
El 38,4% recurrió al fiado, mientras que el 36,5% utilizó tarjetas de crédito y el 13,9% apeló a préstamos para financiar la adquisición de alimentos.
En conjunto, el informe señala que el 88,8% de los hogares utilizó alguna modalidad de financiamiento para poder acceder a alimentos.
Los datos del IETSE muestran así un escenario marcado por la combinación de una inflación que volvió a acelerarse, una menor capacidad de consumo, la caída de las ventas minoristas y dificultades para afrontar gastos esenciales. A esto se suma una creciente utilización del crédito, los préstamos y el fiado como mecanismos para sostener el consumo cotidiano, incluso en materia alimentaria.
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