El panorama de la industria cinematográfica global se vio profundamente alterado este domingo. La 79.ª edición de los Premios BAFTA, celebrada en el prestigioso Royal Festival Hall del Southbank Centre de Londres sacudió los cimientos de la temporada. Según el consenso de los analistas y la propia organización, los resultados de la noche han logrado “modificar todas las estadísticas e impresiones” que se mantenían vigentes respecto a lo que podría suceder en la entrega de la Academia de Hollywood el próximo 15 de marzo. La decisión estratégica de adelantar su calendario habitual permitió a los galardones británicos posicionarse antes que citas de alto perfil como los SAG Awards, capturando así el rumbo definitivo de la competencia.
La ceremonia, que contó con la conducción del actor Alan Cumming, estuvo marcada por una atmósfera de profunda celebración y alta calidad en las producciones seleccionadas.
Los BAFTA sacuden la carrera al Oscar y redefinen el mapa de favoritos
La gran vencedora de la velada fue “Una batalla tras otra”, el ambicioso largometraje dirigido por Paul Thomas Anderson. La cinta, que llegó a la gala con una presencia imponente en catorce categorías distintas, se adjudicó finalmente el premio a Mejor película y Mejor dirección. En el plano actoral, el filme también celebró el triunfo de Sean Penn como Mejor actor de reparto, quien se impuso en una terna de alta exigencia que incluía al actor puertorriqueño Benicio Del Toro. La obra de Anderson completó su dominio técnico con las estatuillas a Mejor guión adaptado, Mejor fotografía y Mejor montaje.

Simultáneamente, la producción “Hamnet” inscribió su nombre con letras de molde en la historia de la Academia Británica. La película no solo se llevó el reconocimiento a Mejor película británica, sino que alcanzó un hito institucional sin precedentes al consagrarse como el largometraje dirigido por una mujer con la mayor cantidad de nominaciones en toda la historia de los BAFTA. En las categorías individuales, su protagonista, Jessie Buckley fue reconocida como Mejor actriz protagonista, superando a figuras consolidadas como Emma Stone y Rose Byrne.

Una de las notas más inesperadas de la noche fue el ascenso meteórico de Robert Aramayo. El intérprete fue distinguido como Mejor actor protagonista por “Incontrolable (I Swear)”, dejando atrás a favoritos como Leonardo DiCaprio y Timothée Chalamet. Además, también fue galardonado con el Premio a la estrella emergente, convirtiéndose en el nombre más mencionado de la jornada. Su película sumó, además, la distinción a Mejor casting.
El filme “Sinners” también tuvo una presencia destacada en el medallero final, con el premio a Mejor actriz de reparto para Wunmi Mosaku, además de los galardones a Mejor guión original y Mejor banda sonora. Por otro lado, “Frankenstein” lideró las categorías técnicas con los premios a Mejor diseño de producción, Mejor maquillaje y peluquería y Mejor diseño de vestuario. En efectos visuales, la victoria fue para “Avatar: Fuego y ceniza”, mientras que “F1” fue reconocida por su Mejor sonido.

La ceremonia no estuvo exenta de repercusiones institucionales y sociales. La presencia del Príncipe William subrayó el respaldo de la corona a la gala, mientras que la prensa internacional se detuvo en la alfombra roja cuando Paul Mescal confirmó su relación con Gracie Abrams, generando fuerte impacto en la crónica de celebridades.
En animación e internacional, “Zootopia 2” reafirmó su liderazgo, “Bong” triunfó en cine infantil y “Valor sentimental” (Sentimental Value) se impuso como Mejor película de habla no inglesa. Con estos resultados, los denominados “Oscar británicos” lograron reconfigurar el escenario para el cierre de la temporada, instalando una cuota de incertidumbre y competitividad inédita en la industria global.









