El rock norteamericano pierde a uno de sus últimos gigantes. En la madrugada del domingo 11 de enero de 2026, la familia de Bob Weir confirmó que el músico “transicionó en paz” a los 78 años. El instrumentista y vocalista, diagnosticado con una enfermedad oncológica en julio de 2025, sucumbió finalmente ante complicaciones pulmonares, cerrando así un capítulo fundamental en la historia de la contracultura.
Nacido como Robert Hall Weir en 1947, su vida artística fue precoz y vertiginosa. A los 17 años, siendo apenas un adolescente en el epicentro cultural de San Francisco, se unió a Jerry Garcia, Bill Kreutzmann, Ron McKernan y Phil Lesh para formar lo que inicialmente se llamó The Warlocks y que, en 1965, mutaría en Grateful Dead. Weir era el integrante más joven del grupo, pero su aporte fue clave: desarrolló un estilo de guitarra rítmica único, que permitía la improvisación libre y fusionaba rock, folk, blues y jazz.
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Su huella compositiva quedó inmortalizada en himnos generacionales como “Sugar Magnolia”, “Truckin’”, “One More Saturday Night” y “Throwing Stones”. Junto al grupo, protagonizó hitos culturales irrepetibles, desde el barro de Woodstock en 1969 hasta los conciertos místicos al pie de las pirámides de Egipto a finales de los 70.
Sin embargo, la figura de Weir se agigantó ante la adversidad. Tras la muerte de Jerry Garcia en 1995, fue él quien cargó con la antorcha para que la música no se detuviera. A través de proyectos como RatDog, Furthur y, más recientemente, Dead & Company —donde formó una exitosa alianza con John Mayer—, mantuvo viva la mística de los “Deadheads”, llenando recintos y realizando residencias históricas en lugares como la Sphere de Las Vegas.
Su virtuosismo fue elogiado hasta por sus pares; el propio Mayer comparó su enfoque armónico con el del pianista de jazz Bill Evans. A pesar de su diagnóstico, Weir se mantuvo en el escenario hasta el final: sus últimas apariciones fueron en agosto de 2025 en el Golden Gate Park, celebrando los 60 años del conjunto.
Con su partida, y tras las muertes de McKernan (1973), Garcia (1995) y Phil Lesh (2024), Bill Kreutzmann queda ahora como el único miembro fundador vivo de una leyenda contracultural.









